Trump presidente: empieza una era de cambio

La reducción de la desigualdad y las bajadas sustanciales de impuestos a la clase media y trabajadora, que constituyen el núcleo central del programa económico de Trump, son música celestial

Foto: Comerciantes preparan la venta de chapas con la imagen del presidente electo Donald Trump. (EFE)
Comerciantes preparan la venta de chapas con la imagen del presidente electo Donald Trump. (EFE)

Después de que el presidente saliente Barack Obama haya hecho todo lo posible por dificultar el traspaso de poderes, un hecho insólito en la historia de los EEUU, Donald Trump es ya el hombre más poderoso del mundo y empieza una era de cambios. Solo en Europa habrá elecciones en Francia, Holanda y Alemania, y el escandaloso reparto de la renta y la presión fiscal no podrá sostenerse. Cuando en España la pérdida de poder de compra para las clases más desfavorecidas ha sido de casi un 30% desde que comenzó la crisis, y cuando Rajoy ha convertido España en un infierno fiscal con más de 80 subidas o creación de nuevos impuestos, la reducción de la desigualdad y las bajadas sustanciales de impuestos a la clase media y trabajadora, que constituyen el núcleo central del programa económico de Trump, son música celestial.

Como también lo son para los millones de norteamericanos, hartos de que en los últimos 20 años el 10% de la población se haya apoderado del 76% de la riqueza; de que países como China, a base de manipular los tipos de cambio y de mantener salarios miserables para sus ciudadanos, en un abuso escandaloso de la globalización, se hayan llevado cientos de inversiones desindustrializando su nación, y ha permitido que las ocho personas más ricas del mundo hayan acumulado una riqueza equivalente a la de la mitad más pobre de la población mundial; hartos de lo “políticamente correcto” que significa la cobardía y la rendición ante las minorías, y una política de inmigración disparatada e insostenible que en dos décadas convertiría a los EEUU en un gigantesco México, han decidido cortar por lo sano y elegir a quien ha prometido cambiarlo.

Obama ha saboteado la toma de posesión

Pero antes de entrar a analizar lo que va a cambiar, es necesario explicar la actitud de Obama ante la voluntad del pueblo norteamericano y también hacia su sucesor. Dice que ha superado la gran recesión, pero oculta que la clase trabajadora y la clase media han perdido poder de compra. Dice haber creado empleo, pero oculta que es casi todo trabajo de baja calidad. Habla de la ampliación de la cobertura médica, pero no de la factura que una reforma mal pensada y peor ejecutada supone para los contribuyentes, y que Trump va a sustituir por otra más eficiente, que “garantizará cobertura a todo el mundo”, y donde ha prometido forzar a las empresas farmacéuticas a negociar a la baja el precio de las medicinas con el Gobierno. Habla de los acuerdos con Cuba e Irán, pero oculta que han sido una rendición, el régimen cubano no ha cumplido ni uno solo de sus compromisos de democratización, e Irán es cada vez más fuerte y agresivo.

Y lo del Premio Nobel de la Paz es un sarcasmo para quien ha sumido Oriente Medio en un río de sangre con su disparatada “primavera árabe”, que apoya en Siria a las fuerzas vinculadas a Al Qaeda, que ha dificultado todo lo que ha podido la liberación de Alepo (coste de miles de vidas inocentes); y en Ucrania, a los golpistas pro nazis de Kiev, que han sumido al pueblo en la miseria más absoluta mientras dilapidan las enormes ayudas de la UE, sin olvidar cómo ha creado el máximo enfrentamiento posible con Rusia, sancionando a nueve entidades e individuos, expulsando a 35 diplomáticos, aprobado nuevas sanciones...

Y en el summun de los disparates, Obama ordenó la realización de ejercicios militares en Lituania y Estonia, en las fronteras mismas de Rusia, como si buscara un incidente. Maniobras en la que los riesgos de colisión entre aviones de EEUU y Rusia han sido enormes, algo que los comandantes operativos han evitado (“probablemente” a sugerencia de su antiguo jefe, el mítico y condecorado general James Mattis, nuevo secretario de Defensa, ya que aún no podía darles órdenes). Esa ruptura se hizo clamorosamente patente el pasado día 4 en la base militar Myer-Henderson Hall en Arlington en su discurso de despedida a la Fuerzas Armadas, en la que la mayoría de los asientos estaban vacíos.

El tema fue tan grave que el ministro ruso de Defensa, Sergei Shoigu, afirmó el 22 de diciembre que el “ejército ruso había neutralizado una amenaza potencial de misiles de crucero Tomahawk cerca de las frontera de su país”. No especificó cómo había conseguido neutralizarla y solo pudo ser o un ataque directo con misiles Iskander, lo que hubiera encantado a muchas persona poderosas que no desean la distensión pero que no se produjo, o una llamada telefónica del general Mattis. Dejo a su imaginación decidir quien neutralizó la amenaza. Y es que como afirmó Trump: “Hay que ser muy estúpido o muy loco para pensar que una buena relación con Rusia es mala”.

Justo en sentido contrario, en la línea elegante y generosa que ha seguido Trump con sus enemigos, desde ofrecerles los primeros puestos de su Gobierno a rechazar cualquier acción penal contra los Clinton, algo por lo que claman millones de americanos, el nuevo fiscal general, el senador Jeff Sessions, aseguró al ser confirmado en el cargo que sus “comentarios pasados sobre los Clinton podían poner en cuestión su objetividad, por cuya razón se recusaba a sí mismo en cualquier tema que tenga que ver con investigaciones sobre el expresidente y la exsecretaria de Estado”. Algo que significa que nadie va a mover un dedo contra ellos. De hecho, han anunciado su asistencia a la toma de posesión. ¡Qué menos, ante el blindaje de su posición personal que Trump les ha brindado!

La tropa de Trump

Así denominaba despectivamente un comentarista habitual de nuestros medios el nuevo Gobierno de Trump. La ola crítica ha llevado a cadenas de televisión nacionales defender a la proabortista y anticatólica Hillary Clinton pese a ir en contra de su línea editorial, denostando a los defensores de los derechos provida como el nuevo secretario de Salud, el traumatólogo Tom Price, o de los derechos de los trabajadores, como el empresario Andrew Puzder, dueño de la cadena Haarde´s and Carl, nombrado secretario de Trabajo, o en Educación, Betsy DeVos, activista a favor de que los padres puedan elegir la educación de los hijos y de las subvenciones para la enseñanza privada, particularmente los colegios católicos que carecen de ella.

La tropa de Trump es pura y sencillamente la mejor: los mejores empresarios del mundo, los mejores militares de Occidente y los mejores juristas o médicos de EEUU. Ningún Gobierno norteamericano después de Franklin D. Roosvelt ha tenido gente tan capaz. En conjunto, 23 secretarios (ministros) y 600 altos cargos, pero además, y eso es completamente nuevo, Trump ha decidido crear un grupo con los 19 presidentes de las mayores empresas norteamericanas (Boeing, TESLA, GM, JP Morgan, Disney, Wal Mart, GE, Black Rock, etc), para “asesorarle en la implementación de su agenda económica”. No quiere tomar medidas que no estén meditadas y analizadas por los mejores. La verdad es que es muy difícil equivocarse si uno está dispuesto a dejarse asesorar por los mejores.

Para los grandes medios, la tropa de Trump es un desastre porque “son conservadores y no tienen experiencia política”, una afirmación que no se entiende muy bien lo que quiere decir. Pongamos por ejemplo al nuevo secretario de Estado, Rex Tillerson, presidente de EXXON Mobil, la mayor empresa petrolera mundial, con experiencia de décadas de negociar con casi todo los gobiernos del mundo, y amigo personal de más de 40 líderes mundiales, y que según nuestros grandes medios “carece de experiencia política”, lo contrario que Hillary Clinton, que si que tenía experiencia política.

Esa elogiada experiencia de otros ha dado lugar a disparates como la “primavera árabe”, que terminó con Libia, dejó Egipto al borde del desastre apoyando a los Hermanos Musulmanes y confió en grupos afines a Al Qaeda para intervenir en Siria. También podemos recordar el paso de la experta Hillary por los Balcanes o Ucrania, siempre bajo la consultaba a Soros sobre quiénes eran los buenos y los malos. No es de extrañar el desprecio absoluto que estas Fuerzas Armadas han demostrado por Obama y todo lo que ha representado. Rex Tillerson, pese a estar infinitamente mejor preparado que Hillary para ser secretario de Estado, es un ignorante. Y así todos y cada uno.

Dice nuestro ministro de Exteriores que “hay que dar un margen de confianza a Trump”. Parece que el popular Alfonso Dastis desconoce que gracias a Zapatero y a Rajoy nuestro país ha desaparecido del mapa. Probablemente, ignore el documento que el Consejo Nacional de Inteligencia de EEUU publica cada cuatro años coincidiendo con la toma de posesión del nuevo presidente, denominado 'Global Trends', en donde se refiere a decenas de países. Pues bien, España ni aparece. Solo una referencia indirecta sobre el colapso de los países periféricos que acumulan una deuda gigante imposible de devolver, y que será la ruina de las generaciones futuras.

El lunes en Milán, en una negociación con una gran petrolera rusa, estaba presente un excoronel de inteligencia (del FSB), conocedor de la reunión que el próximo lunes tendrán delegaciones rusa y americana para pactar la cumbre Trump/Putin. Lo que van a tratar es el levantamiento de las sanciones, la aniquilación del ISIS y el control de los arsenales nucleares, pero en el fondo, explicaba, se trata de un nuevo orden mundial en el que Europa está al margen. Y esto es un asunto gravísimo, pues tenemos más población, más riqueza y tanta capacidad científica y técnica como los EEUU, y aún así no pintamos nada, nos estamos desintegrando. Rusia y EEUU se pondrán de acuerdo, pero cada una va a lo suyo y nosotros no pintamos nada, ni siquiera nos van a consultar sobre el nuevo orden mundial en ciernes.

Trump acusó a Merkel de lo que todos piensan y nadie dice: cometer un “error garrafal abriendo las puertas a los refugiados”, algo que la puede costar la presidencia. “Los europeos controlamos nuestro propio destino”, fue su respuesta. ¿Pero de qué destino habla?, cuando ya no controla barrios enteros de sus ciudades que controla el Islam. O Bruselas, la capital de Europa, donde un tercio de sus habitantes son musulmanes que no se han integrado nada. Estamos perdiendo nuestros valores, nuestra cultura y nuestra identidad nacional, estamos suicidándonos. Y luego la OTAN, a la que Trump califica de obsoleta (y lo está) y va a dejar de financiar (pagan el 74% del presupuesto).

Y mientras tanto, el ministro de Exteriores de España, que dice que hay que esperar porque no lo va hacer, sigue sin enterarse de algo. Trump lo hará de inmediato y, lo que es peor, nos obligaría a un gasto adicional al año de 13.000 millones, algo imposible porque el despilfarro autonómico y los dos millones de enchufados. Es decir, España está fuera. Y eso con la OTAN, porque con un líder como Pablo Iglesias nuestro país sería excluido en el acto de todas las organizaciones de defensa, seguridad y antiterrorismo del mundo libre si Podemos llega a formar parte del Gobierno.

*NOTA: Algunos medios, en particular televisiones, han venido presentándome como “asesor de Trump”, algo que no soy en absoluto como ya expliqué hace tiempo en El Confidencial. Lo único que he sido es algo mucho más modesto: colaborar como voluntario (de los que ha habido cientos) en la campaña electoral, en la definición de la estrategia para captar el voto hispano. Como me resulta imposible evitar que me califiquen así, quiero utilizar al menos todos los medios a mi alcance para desmentirlo. El hombre de Trump en España, cuya llegada es inminente, será el nuevo embajador.

El Disparate Económico

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