Catexit (IV): mis dos votos

Yo no quiero echar a nadie. Ni a Cataluña ni a La Rioja. Pero si alguien se quiere ir de mi casa, quiero tener voz y voto. En mi caso, dos votos. O mejor dicho, un voto repetido

Foto: Una catalana vota la consulta alternativa sobre la eventual independencia de Cataluña. (EFE)
Una catalana vota la consulta alternativa sobre la eventual independencia de Cataluña. (EFE)

En el Catexit (III), dije que iba a ver lo que decía la web de la Generalitat sobre la salida de Cataluña de España y, como consecuencia, de la Unión Europea.

Por lo que veo, no es un tema que les guste a todos. A veces pienso que eso es lo normal, que unas cosas gusten y otras no; y otras veces supongo que molesta oír la verdad, porque, como canta Serrat, "nunca es triste la verdad: lo que no tiene es remedio".

Mientras veía la web, aparece Mariano en Cataluña y dice que va a echar millones 'a punta pala', o sea, muchos, para infraestructuras. Antes de que acabe de detallarlos, una señora dice que eso se lo creerá su tía. Otra dice que son los millones de siempre, que no hay nuevos.

Al mismo tiempo, Carles habla en Harvard. Leo que han ido 85 personas a oírle decir que España es como Turquía, y Cataluña, como los Estados Unidos, porque aquí también decimos 'we the people', pero en catalán.

Con lo que la negociación, lo más importante, se va a desarrollar entre el que miente prometiendo infraestructuras y el que sugiere que negociar con Turquía quizá lleve a alcanzar un acuerdo con los turcos, pero no con España ni con la Unión Europea, que, por cierto, nos está esperando con los brazos abiertos.

Mientras estoy en esta tesitura, oigo voces: "¡¿Qué hay de lo mío?!". O sea, qué hay de:

1. Las pensiones.

2. Los bancos, donde muchos catalanes tienen abierta una cuenta corriente.

3. La Seguridad Social.

4. El campeonato de Liga, la Copa del Rey de España y la Champions.

5. La defensa militar del territorio.

6. Los impuestos.

7. Las leyes españolas, que hasta ahora regían Cataluña como parte de España.

8. La nacionalidad, preocupación que, traducida al castellano, quiere decir: "¿Qué seré yo? ¿Catalán, español viviendo en el extranjero, español con pasaporte, catalán y español con doble nacionalidad o qué?".

9. El reparto de los activos y los pasivos, porque —ya lo dije en el Catexit (III)— si se va Cataluña, habrá cosas que seguirán siendo propiedad de España y al revés.

Paro aquí, porque estoy escribiendo un artículo y no un libro, aunque me parece que, empalmando los Catexit, lo tendré bastante fácil y, si a mi editorial le interesa, por primera vez no tendré que preocuparme por el plazo de entrega, porque ya estará escrito.

He parado porque estoy seguro de que hay muchas más cosas relacionadas con el "¡¿qué hay de lo mío?!".

Vuelvo a oír otra voz. Ahora me habla Theresa May, en inglés, por supuesto: "We do not approach these negotiations expecting failure, but anticipating success".

Y vuelvo a la realidad actual: Reino Unido ya ha entregado la carta poniendo el proceso en marcha. Cataluña no ha entregado la carta porque en la Constitución española no está prevista la salida.

Cataluña no ha entregado la carta porque en la Constitución española no está prevista la salida

(Una digresión. Veo lo que dice un político español que aspira a ser algo importante. Dice que si el Constitucional, basándose, como es lógico, en la Constitución, emite una sentencia que a Cataluña no le gusta, se cambia la Constitución y ya está. La idea de la Constitución de plastilina seguramente no se le había ocurrido a ningún constitucionalista. Para eso hay que haber estudiado algo de ingeniería, por lo menos).

Sigo, porque si no, me pierdo (no sería el único. Al revés. Me parece que estamos perdidos casi todos).

El Brexit y el Catexit no tienen nada que ver.

Hace 44 años, Reino Unido decidió apuntarse a un club, con sus derechos y sus obligaciones. No fue un socio fácil, como suele suceder con frecuencia en los clubes sociales. Mantuvo su moneda, exigió todo lo que pudo ("I want my money back!") y 800.000 ingleses vinieron a vivir a España, comprando apartamentos y tostándose al sol, cosa que en Reino Unido es más difícil. Por nuestra parte, 200.000 españoles se fueron a trabajar allí, aprovechando la libre circulación de personas, bienes, servicios y capitales. Yo he comido con algunos de ellos en Londres.

Mientras tanto, Cataluña era —lo sigue siendo— una parte del territorio de España, nación que, hace 55 años, empezó las gestiones para entrar en el club, con sus derechos y sus obligaciones, como todos.

O sea:

Brexit = me voy del club. Discutamos cómo. Tenemos dos años para precisar los detalles.

Catexit = me voy de un miembro del club. Discutamos con ese miembro cómo me voy. No tenemos plazo, porque no estaba previsto que se fuera un pedazo del territorio de un Estado.

Cuando me haya ido, llamaré a Bruselas diciendo que quiero entrar en la UE. Plazo: yo diré que tengo prisa. Lógicamente, me contestarán que ellos no. Que me ponga en la cola.

Según dice el Libro Blanco de la Transición nacional de Cataluña, si no la admiten en la UE o la admisión se retrasa mucho, Cataluña puede hacer tres cosas:

1. Intentar que la admitan en la EFTA, European Free Trade Association, con Noruega, Suiza, Islandia y Liechtenstein.

2. Y en el EEE, Espacio Económico Europeo, que permite a los países de la EFTA participar en el mercado interior de la Unión Europea sin tener que adherirse a la UE. Como los suizos son como son, no quisieron pertenecer a este espacio.

3. Y en el espacio Schengen, que es un área que comprende 26 países europeos que han abolido los controles fronterizos en las fronteras comunes.

A mí no me gusta nada el Brexit y no me gusta nada el Catexit.

En el caso del Brexit, por una serie de razones que Carles Casajuana, exembajador español en el Reino Unido, explica perfectamente en 'La Vanguardia' de hace unos días. Razones que copio a continuación:

"La salida del Reino Unido es un mal negocio, se mire como se mire. Lo es para los británicos y también para los demás miembros de la Unión. Va a ser muy difícil de negociar y de gestionar. Pondrá en peligro millones de puestos de trabajo. Consumirá mucha energía política a ambos lados del canal y hará correr ríos de tinta. Habrá que armarse de paciencia, no hacer caso de las salidas de tono de unos y otros, y no perder nunca de vista que, pase lo que pase, la Unión Europea deberá seguir manteniendo una buena relación con Londres, porque de lo contrario aún perderemos más todos.

Foto: Reuters.
Foto: Reuters.

Sin embargo, para la Unión Europea el primer objetivo en estas negociaciones no puede ser mantener las mejores relaciones posibles con Londres. El primer objetivo debe ser preservar la cohesión de la Unión. Y si esta cohesión exige sacrificar las relaciones con el Reino Unido, no habrá más remedio que aceptarlo, por más que nos duela. Va a ser muy complicado".

Creo que Carles no ha escrito nada sobre el Catexit, con lo que me tengo que definir, diciendo, como ya he dicho, que no me gusta por una serie de razones, entre las que está incluida una fundamental: que soy español, español de toda España, no de un trocico. Lo de ser español ahora se dice con cierto apuro: te pueden llamar fascista y yo seré lo que sea, pero fascista, no. Porque, según el DRAE, 'fascista' quiere decir "excesivamente autoritario", y yo soy claramente autoritario, pero no excesivamente.

Y cuando uno es español, francés, alemán o indonesio, se alegra mucho cuando las cosas le van bien a su país, y a los que son de su país. En mi caso, he sentido mucho que Javier Fernández no haya conseguido volver a ser campeón del mundo de patinaje, así como me alegré cuando el Barça remontó frente al PSG, aunque os confieso que fue mayor mi alegría cuando el Zaragoza ganó fuera de casa al Elche. Es que uno puede tener visión internacional acompañada por un cierto pueblerinismo.

De repente me quieren quitar un trozo de mi país sin consultarme. A hacerme pasaporte nuevo. Y a vivir en un país que durante un tiempo no será Europa

De repente, me quieren quitar un trozo de mi país, sin consultarme. A partir del Catexit, ni Barça ni gaitas. Y hala, a hacerme un pasaporte nuevo. Y a vivir en un país que, durante una temporada, no será Europa. Y la Copa del Rey, para el Alavés. ¿Y a quién insultarán ahora, que nuestro Rey no será su Rey? ¿Y el himno? ¿Tendremos que silbar cuando oigamos 'Els Segadors'?

Hace años, cuando el País Vasco estaba en una situación delicada, por no decir angustiosa, un amigo que vivía allí me decía: "El problema no es que nos vayamos. El problema es que nos echen".

Yo no quiero echar a nadie. Ni a Cataluña ni a La Rioja. Pero si alguien se quiere ir de mi casa, quiero tener voz y voto.

En mi caso, dos votos. O mejor dicho, un voto repetido.

En el referéndum que haya en Cataluña ("¿quiere usted que nos vayamos?"), primera utilización de mi voto. Que, por cierto, vale tanto como el de Puigdemont e, incluso, como el de Anna Gabriel.

En el referéndum que haya en España ("¿quiere usted que se vayan?"), segunda utilización.

Por mi parte, NO y NO.

Y si ganamos, gran alegría.

Y si perdemos, ¡qué pena!

Desde San Quirico

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