Los pijos/'progres' o 'progres'/pijos se retratan

Cuarenta años después del entierro del dictador, parece mentira que todavía la sociedad española chapotee en antiguallas sobre las que habría que oficiar varios funerales

Foto: El presidente del Eurogrupo, el holandés Jeroen Dijsselbloem. (Reuters)
El presidente del Eurogrupo, el holandés Jeroen Dijsselbloem. (Reuters)

El todavía jefe del poderosos Eurogrupo, el socialista holandés, Jeroen Dijsselbloem, ha vuelto a dejar en evidencia algunas o muchas militancias socialistas, aunque del pelaje del estirado sujeto ya teníamos algunas pruebas.

Desde su militancia de izquierdas, el muchacho que le birló el puesto a Luis de Guindos se ha permitido el lujo de afirmar que los países sureños europeos gastan el dinero que les viene del norte en “copas y mujeres” y se ha quedado tan ancho. A tal propósito pregunté el pasado jueves en los micrófonos de RNE al también socialista Ximo Puig, antiguo periodista en 'Mediterráneo' y ahora a la sazón jefe del gobierno autónomo valenciano, si entendía que militar en una formación teóricamente de izquierdas era sinónimo de “progresista”. Evidentemente, no. Comparto la opinión de Puig, que se inclina por Susana Díaz, como el resto de los 'barones', pero juega a la valenciana.

Siempre me he negado a admitir esa corrupción del lenguaje, de los conceptos y de la praxis política. Un progresista es aquella persona que progresa y hace progresar a su alrededor. Un conservador es aquel que se aferra a su 'statu quo', por ejemplo, los privilegios de los estibadores que defienden con ahínco partidos como Podemos, PSOE, IU y otras patuleas. Son conservadores, insolidarios y fachas.

Un facha es aquel que no cree en la libertad. Mejor, en las libertades. Un insolidario es aquel que predica una cosa (Pablo Echenique, por ejemplo) y hace la contraria. Hoy progresista es crear empleo y repartir justamente la riqueza que genera ese empleo.

Esta batalla, tan esencial, es la que tiene pendiente el centro derecha en España. Podríamos denominarlo como “batalla por las ideas” porque, en efecto, lo es. Cuarenta años después del entierro del dictador parece mentira que todavía la sociedad española (contrariamente a lo que sucede en el resto del mundo libre) chapotee en antiguallas sobre las que habría que oficiar varios funerales. Pero los que tienen esa responsabilidad están más preocupados en el achique de agua.

Palo Alto

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