La maldición del PSOE

El partido vive instalado en la 'maldición de Casandra'. Que el gran golpe va a venir sí o sí, ya lo tienen claro las mejores cabezas de esa formación política que tiene 138 años

Foto: Tarjetas de interventores en la sede del PSOE en Ferraz, Madrid. (EFE)
Tarjetas de interventores en la sede del PSOE en Ferraz, Madrid. (EFE)
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Si nos atenemos a los datos objetivos y huimos de las súper tormentas mentales sobre lo que pueda ocurrir el próximo domingo, tendremos que concluir esto: el PSOE se va cociendo en su propia salsa y corre el riesgo cierto de quedar en almoneda.

No tengo ni idea de quién se alzará con el santo y la peana el 21M, pero tengo para mí que será muy difícil comerle el poncho a la lideresa andaluza. Podría ser, sin duda, pero no me lo creo.

¿Ante qué estamos? Estamos básicamente ante un partido (22 años de gobierno de la Nación) que quiere estar en la procesión y repicando. Que, además de no tener una hoja de ruta esencial, no sabe cómo hacer frente a los agresivos que se han situado a su izquierda. Si decide irse al centro, Podemos les mete un bocado; si decide virar a la izquierda, les abandonan aquellos votantes templados de centro izquierda que sostuvieron a Felipe González durante catorce años.

Nadie se cree que tras la votación del 21 de mayo llegará la paz, salvo que Susana arrase. Y esa posibilidad ahora mismo no se contempla

El PSOE vive, por tanto, instalado en la 'maldición de Casandra'. Que el gran golpe va a venir sí o sí también. Es lo que contemplan con claridad meridiana las mejores cabezas de esa formación política que ya tiene 138 años.

Pedro Sánchez dice que si gana puede presentar una moción de censura. ¿Cuándo? Porque Iglesias ya lleva la suya bajo el brazo. Nadie se cree que tras el 21-M llegará la paz, salvo que Susana arrase y esa posibilidad ahora mismo no se contempla. Lleva razón Patxi López, cuyo ejercicio no termino de entender muy bien: “Nos estamos matando…”.

Tradicionalmente, y en pura lógica, los españoles no dan su confianza en unas elecciones generales a un partido fraccionado y emputecido. Porque de lo que se trata, creo, es de retornar el poder de España, que es donde realmente se guisan los asuntos. Es lo que, modestamente, creo que debería tener en cuenta la militancia socialista ante las urnas del próximo domingo.

El PSOE no necesita un secretario general. Necesita un equipo de cirujanos que le transplanten el hígado, el corazón, y sobre todo, el cerebro.

¡Mal asunto!

Palo Alto

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