Dejen en paz a monsieur D’Hondt y arreglemos el sistema electoral

Los principales beneficiarios de nuestro sistema electoral no son el PP y PSOE, son los partidos nacionalistas que concentran todos sus votos en unas pocas provincias muy pobladas
Foto: 923.133 personas han votado a Izquierda Unida, pero sólo ha logrado dos escaños en Madrid. (EFE)
923.133 personas han votado a Izquierda Unida, pero sólo ha logrado dos escaños en Madrid. (EFE)

En estas elecciones, 923.133 personas han votado a Izquierda Unida, pero sólo ha logrado dos escaños en Madrid. Todos los votos de la candidatura liderada por Alberto Garzón en el resto de España (más de 700.000) se han perdido (piensen lo que hubieran supuesto esos 900.000 votos de IU sumados al paquete de Podemos y Asociados: un 'sorpasso' espectacular al PSOE en votos y en escaños. Pablo Iglesias y no Pedro Sánchez sería hoy el indiscutible candidato de la izquierda a la investidura).

Comparemos este dato con los siguientes:

El PNV ha tenido 301.805 votos y 6 escaños: tres veces menos votos que IU y tres veces más escaños.

ERC, con 600.000 votos, ha tenido 9 escaños.

Bildu ha obtenido los mismos diputados que IU, dos. Pero para ello sólo ha necesitado algo más de 200.000 votos. Cada voto de Bildu ha valido casi cinco veces más que cada voto de IU.

Y En Comú-Podem, la candidatura de Colau e Iglesias en Cataluña, ha tenido los mismos votos que Izquierda Unida en toda España: 927.940. Pero eso le ha reportado 12 escaños.

Primera conclusión: los principales beneficiarios de nuestro sistema electoral no son el PP y PSOE, son los partidos nacionalistas que concentran todos sus votos en unas pocas provincias muy pobladas. Y los grandes perjudicados son los partidos pequeños y medianos, como IU, que se presentan en todo el territorio, obtienen resultados muy dignos (900.000 votos no es ninguna pequeñez) y ven cómo sus votos se desperdician en la gran mayoría de las provincias.

También salen ganando los grandes, claro. El PP ha ganado el 35% de los escaños con el 29% de los votos, mientras Ciudadanos, con el 14% de los votos, sólo ha conseguido el 11% de los escaños. El PSOE sólo ha superado a Podemos y Asociados por algo más de 300.000 votos, pero esa exigua distancia le ha reportado una ventaja de 21 escaños.

Para colmo, resulta que en unas elecciones en las que el PP se ha despeñado perdiendo 16 puntos y cerca de 4 millones de sus antiguos votantes, ha conseguido una cómoda mayoría absoluta en el Senado: el 60% de los senadores elegidos en estas elecciones pertenecen al partido más castigado por los votantes. Y mientras los españoles han votado por el final del bipartidismo, el PP y el PSOE acaparan el 82% de los asientos en la Cámara Alta.

D’Hondt se limitó a crear un sistema de reparto de escaños que funciona razonablemente siempre que se den las condiciones que permitan la proporcionalidad

Es evidente que algo está mal en nuestro sistema electoral cuando se producen situaciones tan alejadas de lo que los votantes han querido. Pero no nos equivoquemos: todas estas distorsiones no tienen nada que ver con la denostada Ley D’Hondt. Don Victor D’Hondt se limitó a crear un sistema de reparto de escaños que funciona muy razonablemente siempre que se den las condiciones que permitan una verdadera proporcionalidad, lo que no sucede en España.

El problema es que la Constitución Española, en su artículo 68, establece el principio de que las elecciones se deben celebrar “atendiendo a criterios de representación proporcional”. Y a continuación, ese mismo artículo fija normas que lo hacen imposible.

Primero, limita el número de diputados a un mínimo de 300 y un máximo de 400 (los autores de la Ley Electoral decidieron quedarse en el punto medio, 350). ¿Les parecen muchos? La Cámara de los Comunes británica tiene 650 diputados, el Bundestag alemán 598, la Asamblea Nacional francesa 577, la Cámara de Diputados italiana 630 y la Cámara de Representantes de los Estados Unidos 435. El Congreso español está claramente en el grupo de los menos numerosos.

Después, fija como circunscripción la provincia: 50 circunscripciones más Ceuta y Melilla para 350 escaños, la cosa se empieza a estrechar. Pero además se fija un mínimo de dos escaños por provincia y el pasillo se pone peor que angosto .

Esto significa que hay 102 escaños atribuidos de antemano sin ninguna relación con la población: dos para cada provincia más uno en Ceuta y uno en Melilla. Sólo quedan 248 escaños para repartir “en proporción a la población”. Y es totalmente imposible repartir proporcionalmente 248 entre 50 provincias: si Soria tiene dos diputados para 77.000 habitantes, a Madrid con 5 millones de habitantes le deberían corresponder 128 diputados. Como el total es 350, esto no cuadra ni a tiros.

Con el corsé que la Constitución le puso al sistema electoral, la proporcionalidad es una quimera. Las provincias pequeñas siempre estarán sobrerrepresentadas, los partidos nacionalistas tendrán una recompensa excesiva y los partidos pequeños y medianos como IU verán cómo la gran mayoría de sus votos van directamente de la urna a la papelera. Y eso no tiene nada que ver con la Ley D’Hondt: con cualquier otro sistema proporcional pasaría algo muy parecido. El señor D’Hondt no ha hecho nada malo, se lo aseguro. Déjenle en paz, que los culpables de este desaguisado son otros.

¿Tiene arreglo? No del todo, porque establecer una única circunscripción nacional de 350 escaños está bien como juego teórico, pero presenta múltiples contraindicaciones técnicas y políticas. Tal cosa no existe en ningún lugar del mundo.

No obstante, si buscamos mejorar la proporcionalidad de nuestro sistema respetando a la vez las singularidades territoriales, puede hacerse con dos cambios muy sencillos:

Primero, aumentar el número de diputados de 350 a 400. Seguiríamos estando en la zona baja respecto a los países que he mencionado. Y si además siguiéramos la muy razonable propuesta de Ciudadanos y sustituyéramos el actual Senado por una Conferencia de Presidentes Autonómicos con rango constitucional, tendríamos 50 diputados más pero 266 senadores menos: no parece mal negocio.

Segundo, hacer que la circunscripción electoral no sea la provincia, sino la comunidad autónoma: 17 circunscripciones en lugar de 50, lo que permite aumentar el número de escaños que se reparte en cada una de ellas y, en consecuencia, ganar proporcionalidad.

Supongamos que garantizamos un mínimo de 3 escaños por circunscripción y el resto lo repartimos de acuerdo a la población de cada una: para empezar, estaríamos repartiendo proporcionalmente 347 escaños en lugar de los 248 actuales.

Con estos dos sencillos cambios y dejando todo lo demás como está (incluida la Ley D’Hondt), la circunscripciones quedarían así:  

Y si se hubiera aplicado este sistema a las elecciones del 20-D, el resultado de las elecciones hubiera sido el siguiente:  

No es 100% proporcional, pero se aproxima mucho más que lo actual. Tendríamos el mismo quilombo político para formar gobierno porque eso es lo que el pueblo español ha querido tener, pero al menos los amantes de la proporcionalidad estarían un poco más tranquilos. Y ya se sabe que lo mejor es enemigo de lo bueno.  

Una Cierta Mirada

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