Siete historias sobre la Constitución: no todo fue como se cuenta

Hay una serie de episodios históricos en torno a la Constitución aprobada en 1978 que se suelen dar como ciertos cuando en realidad no se desarrollaron exactamente así

Foto: El rey Juan Carlos sanciona la Constitución de 1978. (Casa Real)
El rey Juan Carlos sanciona la Constitución de 1978. (Casa Real)

En esta conmemoración del referéndum constitucional, me ha dado por recordar algunos episodios que entonces ocurrieron y que desmienten tópicos ampliamente tomados como verdaderos. Les dejo siete de esas pequeñas y curiosas porciones de historia:

1. Sobre las Cortes Constituyentes. En contra de lo que se cree, las elecciones de 1977 no se convocaron para elegir unas Cortes Constituyentes. Ni tal cosa figuró en el decreto de convocatoria ni Adolfo Suárez tuvo el propósito de darles ese carácter —al menos, de forma inmediata—. Él pensaba más bien en un periodo transitorio en el que la Ley de Reforma Política funcionaría como marco constitucional de hecho. Esa ley contempla la posibilidad futura de una “reforma constitucional”, pero no la de abrir un proceso constituyente partiendo de cero.

Lo que desbordó las previsiones fue que UCD no obtuvo, como esperaba, la mayoría absoluta en el Parlamento. El partido del Gobierno se vio en minoría y la oposición exigió que se formara ya una ponencia para redactar una nueva Constitución. Suárez comprendió que era inútil resistirse, y así unas Cortes inicialmente ordinarias se autoproclamaron constituyentes 'de facto'.

2. Sobre los padres de la Constitución. Ha quedado para la historia que los padres de la Constitución fueron aquellos siete diputados a los que se encargó el proyecto. Pero se aproxima más a la verdad decir que la Constitución tuvo además dos comadronas sin las que la criatura no habría visto la luz.

La ponencia se atascó varias veces; incluso un día saltó por los aires, porque los socialistas tenían la fundada sensación de que la mayoría de UCD y AP iba escorando el texto hacia la derecha, y el ponente del PSOE abandonó la ponencia.

El exdirigente socialista Alfonso Guerra. (EFE)
El exdirigente socialista Alfonso Guerra. (EFE)

Entonces aparecieron las comadronas: Fernando Abril Martorell y Alfonso Guerra. En una sola noche, en el reservado de un restaurante, desatascaron de golpe 25 artículos clave. A partir de aquel día, tutelaron el proceso: cada vez que la ponencia se atoraba, ellos hablaban y resolvían el problema. Un ingeniero agrónomo y un licenciado en Filosofía y Letras, cargados de buen sentido político, arreglaban los enredos que los juristas eran incapaces de solucionar. España estará siempre en deuda con ambos.

3. Sobre la monarquía. Ha quedado fijada la idea de que en la Transición nunca se votó sobre república o monarquía, y que esta se impuso sin discusión como una herencia obligada del franquismo.

No es exacto. Es cierto que existía el consenso implícito de no hacer de eso una cuestión radicalmente divisiva, y de dar a la monarquía una oportunidad de convivir con la democracia. Pero el PSOE decidió que, aunque fuera simbólicamente, las Cortes Constituyentes debían pronunciarse sobre ello: solo así la monarquía quedaría blanqueada en cuanto a su legitimidad de origen.

Por eso los socialistas presentaron en la comisión Constitucional un voto particular a favor de la república y forzaron que se votara. Lo defendió Luis Gómez Llorente con un discurso magnífico que recomiendo a todos los amantes de la buena oratoria. Y lo justificó precisamente así:

No se trata de aceptar la monarquía meramente como una cuestión de hecho. Sería incompatible con la soberanía que por delegación del pueblo ostentan las Cortes Constituyentes que ninguna institución se hurtara a sus facultades.

Los socialistas presentaron en la comisión Constitucional un voto particular a favor de la república y forzaron que se votara

Es más: tras perder su voto particular, en la votación del texto definitivo, el PSOE reclamó que el apartado 3 del artículo 1 (“La forma política del Estado español es la Monarquía parlamentaria”) se votara separadamente, y se abstuvo en ese punto. Por cierto, los comunistas votaron siempre a favor de la monarquía.

4. Sobre naciones y nacionalidades. Esta controversia de España como nación de naciones no es de ahora. De hecho, consumió buena parte del debate constitucional. Hay un intercambio memorable entre Manuel Fraga y Txiki Benegas en el que ya se manifestaron con toda claridad las dos posiciones que hoy perviven: Fraga se mostró resueltamente opuesto a la idea de un Estado plurinacional, y Benegas dejó claro que la unidad de la nación española es compatible con la existencia en su seno de otras realidades nacionales; y sobre todo, que 'nacionalidad' y 'nación' son sinónimos que describen exactamente la misma cosa (en este sentido, me temo que desde entonces algunos dirigentes del PSOE han dado varios pasos atrás).

5. ¿El PP votó contra la Constitución? Eso cuenta la leyenda, pero tampoco es exacto. En la votación parlamentaria, el grupo de Alianza Popular se dividió: ocho diputados (entre ellos, Fraga) votaron a favor, cinco en contra y tres se abstuvieron. Pero en el referéndum del 6-D, Alianza Popular pidió oficialmente el voto afirmativo a la Constitución, aunque ello le costó una escisión.

El expresidente del Gobierno Felipe González (i), junto al difunto Manuel Fraga. (EFE)
El expresidente del Gobierno Felipe González (i), junto al difunto Manuel Fraga. (EFE)

6. El PNV y la unidad de España. Tampoco es cierto que el PNV se opusiera a la Constitución. Hasta el último minuto estuvo a punto de apoyarla, y finalmente se abstuvo por una discrepancia interpretativa sobre la disposición adicional que reconoce los derechos forales. Pero en la sesión del 31 de octubre, que aprobó el texto definitivo, Xabier Arzalluz dejó esta frase para la historia:

“Ha quedado claro que los diputados y senadores del PNV no han puesto en cuestión la unidad del Estado. Hemos defendido una concepción del Estado más ajustada a la formación del Reino de España y a su realidad histórica”.

7. Los catalanes y la Constitución. Quizás a algunos les sorprenda hoy saber que la Constitución tuvo el respaldo masivo de los catalanes. No solo los nacionalistas la apoyaron en el Parlamento; en el referéndum fue una de las tres comunidades que sobrepasaron el 90% de votos positivos. Curiosamente, la Constitución española tuvo más apoyo en Cataluña (91,1%) que en Madrid (86,8%). Cosas que pasan…

Una última apenada reflexión: la fiesta nacional de Italia es el 2 de junio. Ese día se conmemora el referéndum que en 1946 aprobó la Constitución de la democracia tras una larga dictadura y una guerra terrible. No se recuerda que un dirigente político nacional se haya ausentado jamás de esa celebración. Porque todos comprenden que no se expresa la adhesión a un texto, sino que se evoca el hecho histórico de la conquista de la libertad. Algo malo nos pasa aquí, si algunos aún no lo han entendido.

Una Cierta Mirada

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