¿Es la Bolsa un gran casino?

Por lo general, el desconocimiento lleva a considerar la bolsa como un juego más de azar, un juego de niños donde se puede ganar mucho en poco tiempo

Foto: Candidatas al título del concurso de belleza Top Models of the World participan en un juego de ruleta en el Casino Hohensyburg de Dortmund (Alemania). (EFE)
Candidatas al título del concurso de belleza "Top Models of the World" participan en un juego de ruleta en el Casino Hohensyburg de Dortmund (Alemania). (EFE)

Mezclar bolsa y casino, acciones y apuestas o probabilidad y azar es algo que suele hacerse de forma recurrente por parte de muchas personas. Por lo general, el desconocimiento lleva a considerar la bolsa como un juego más de azar, un juego de niños donde se puede ganar mucho en poco tiempo y, lamentablemente, ese tipo de jugador es el primero que sale trasquilado, termina pensando que la banca siempre gana y que se trata de un juego perverso complicado de entender e imposible de controlar.

Y no digo que no tengan motivos para creer eso. Fíjese lo que ha sucedido esta semana con una acción que lleva más de 30 años cotizada en bolsa. En pocos días ha pasado de 0,012 de finales de diciembre a los 0,02 euros actuales. Más del 66% en una apuesta típica de doble o nada pues, en este valor y a esos precios, no creo que haya estudio alguno que justifique abrir largos en la búsqueda de valor. El dinero “jugado” pudiera pensarse que no es importante, pero 600 millones de acciones contratadas a 0,015 el primer día, son nada menos que 9 millones de euros en una sola sesión. En el periodo de la subida (que aún continua), se están ya superando los 30 millones de euros. No me parece una cifra menor.

Sin embargo, no podemos ampararnos en unos cuantos ejemplos que, si bien en cierta forma responderían al concepto de juego de azar pues esas empresas carecen de fundamentos sobre los que establecer una política seria de inversión, no debieran tomarse como la regla que domina la inversión en bolsa.

Veamos en profundidad que hay de cierto en todo esto y analicemos a unos y otros participantes. En principio, ambos deciden el riesgo que deciden asumir cuando operan tanto en bolsa como en el casino. El inversor puede fijar una pérdida máxima, utilizar la diversificación y, en esencia, establecer una forma de control del riesgo con el objetivo de minimizar las posibles pérdidas y poder acceder a un buen resultado global. Del mismo modo, un jugador puede elegir cuánto apostar y qué partida le reportará mayor beneficio en caso de acertar. Al final, todos quieren minimizar las pérdidas y maximizar los beneficios. En eso coinciden.

El inversor puede fijar una pérdida máxima, utilizar la diversificación y, en esencia, establecer una forma de control del riesgo

Sin embargo, en el caso de que compre mi billete de lotería y no me toque (tengo 1 posibilidad entre 18 millones si es lotería nacional, 1 entre 100.000 si es la ONCE o 1 entre 139 millones si es la primitiva) perderé todo lo apostado. Es decir, no tengo forma de mitigar mis pérdidas y eso sí marca una de las grandes diferencias entre unos y otros. Del mismo modo, el tiempo es otra de las disimilitudes entre ambas actividades. Si voy al casino y hago mi apuesta, el tiempo durante la que estoy expuesto a riesgo es muy limitado y sin posibilidad de extensión. La apuesta empieza y termina en plazo. Si compro una acción, puedo estar mucho tiempo sentado en ella esperando nuevas alzas y disfrutando de ellas mientras exista tendencia (o el milagro en caso de que invierta sin estrategia alguna y me quede atrapado y la acción se vaya a casi 0) al tiempo que puedo disfrutar de dividendos y demás operaciones que puedan darse.

En el gráfico anterior, eso se ve cuando por ejemplo en verano de 2015 la acción se cruzó a 0,2 euros. Si no vendió en esa fecha, el inversor/jugador se encontró con la acción a 0,012 a final de ese mismo año. Hoy, pasado año y medio después, puede vender esa posición sin perder dinero. El milagro, a veces, se produce.

Cuando un jugador decide acudir al casino, suele plantearse cuánto va a jugar, dónde quiere apostar y sueña con irse a casa con más dinero del que llegó. Sin embargo, no es consciente de que se enfrenta a unos gestores del casino que se las saben todas. De un lado, les invitarán a unas copitas al objeto de seducirle y lograr que se bajen muchas de esas barreras previamente levantadas. De otro, la iluminación, los olores, la decoración, la música y otros reclamos crearán una atmósfera donde es muy fácil venirse arriba y olvidar el riesgo asumido. Incluso, el uso de fichas, está pensado para evitar ver el dinero en la mano del jugador. Del mismo modo, un inversor se deja atrapar por los medios de comunicación que informan en tiempo real, de las nuevas alzas conseguidas por el mercado y de cuánto más puede aún subir, lo que lleva a que muchos quieran participar del botín. Los gurús y sus predicciones son fuente de inspiración al tiempo que los objetivos de precios de muchas casas de análisis se hacen imprescindibles para tomar una posición u otra. Lo queramos o no, el componente emocional que se provoca a nuestro alrededor termina por impactar en las decisiones de inversión.

Si se compran acciones, por ejemplo, se está estableciendo una apuesta por la marcha económica de la empresa en base a un estudio previo. Si la evolución es positiva y el entorno es más o menos bueno, esa creación de valor se verá reflejada en el precio. Es una apuesta de futuro en base a un argumento sólido. Sin embargo, en el casino no existe ventaja o información alguna sobre la que se pueda establecer la apuesta. Por eso, la casa siempre gana pese a que, en el corto plazo, uno pueda tener un resultado positivo.

El jugador de póker debe observar a los otros concurrentes para intentar detectar patrones de conducta que le ayuden a tomar sus decisiones

Asimismo, tanto los inversores como jugadores tienen un especial interés en estudiar el comportamiento del resto de participantes para, de esa forma, obtener información y aprovecharla para sus intereses. El jugador de póker debe observar a los otros concurrentes para intentar detectar patrones de conducta que le ayuden a tomar sus decisiones y, de ese modo, intentar ganar. Del mismo modo, el inversor pasa parte de su tiempo de análisis tratando de identificar esas mismas pautas, bien mediante el uso de gráficos, el estudio del comportamiento del inversor o cualquier otra que le ayude a localizar la oportunidad.

Así las cosas, y sin querer entrar en el uso de las matemáticas y la probabilidad como herramienta necesaria para invertir en bolsa (eso da para un artículo específico) lo que sí queda claro es que tratar la bolsa como un casino, significará perder dinero a medio plazo. Sin embargo, si uno sabe lo que compra, adquiere activos de calidad dentro de una estrategia definida y en un plazo razonable, se ganará dinero a medio plazo. Al final resulta que la respuesta a la pregunta inicial depende al 100% de usted.

Aprender a Invertir

Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
1comentario
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios