¿Guerra de divisas? Suiza tira la piedra, China esconde la mano

Lo ocurrido el pasado martes con el franco suizo es la Crónica de una Intervención Anunciada. Así lo anticipaban el mismo día las ediciones matinales impresas

Lo ocurrido el pasado martes con el franco suizo es la Crónica de una Intervención Anunciada. Así lo anticipaban el mismo día las ediciones matinales impresas tanto de WSJ como de FT. El primero subrayaba “Switzerland weighs a cap in the franc” mientras que el segundo titulaba “Calls for action on yen and swiss franc”. Ambas informaciones figuraban en la página 26 de los respectivos diarios, dato al que seguro algún conspiranoico podrá sacar oportuna punta. Sea como fuere, se cumplió su vaticinio. Ese mismo día, el Banco Nacional de Suiza decidió fijar un suelo para el cambio de su divisa contra el euro en 1,20 y anunció que compraría cantidades "ilimitadas" de su moneda a fin de defender dicho nivel. Algo parecido a lo que exitosamente hizo en 1978 contra el marco alemán.

En la génesis de esta medida, la apreciación reciente del franco –un 27% en los últimos diez meses, fortaleza propia y debilidad ajena cogiditas de la mano- que deterioraba la competitividad de su sector exterior, perjudicaba la repatriación de capitales y los beneficios de las empresas locales y amenazaba con iniciar un proceso deflacionario al calor de los débiles datos recientes de inflación (+0,5% interanual en agosto). Evitar morir de éxito -como está ocurriendo en algunos de sus cantones, caso de Zug, en los que solo rentas anuales superiores a los 500.000 dólares se pueden permitir vivir (Wall Street Journal, Tax Haven pays a price for success, 29/08/2011)- sería el objetivo de una iniciativa que llega después del fracaso de medidas más o menos convencionales como la intervención directa en mercado, que provocó importantes pérdidas al banco central en 2009 o 2010, hasta 25.000 millones de dólares, o la fijación de un rendimiento penalizador a los depósitos bancarios a fin de desincentivar su demanda.

Algunos analistas se han llevado las manos a la cabeza y han anunciado pomposamente que se acaba de “iniciar una guerra de divisas (Financial Times, Swiss move to curb franc, 07/09/2011). Vaya, menuda novedad. Este frente lleva abierto mucho, demasiado tiempo, y ésta no deja de ser una escaramuza más. Un combate menor, toda vez que nadie se atreve a librar la batalla definitiva contra quien ha manipulado sistemáticamente su tipo de cambio en la última década, lo ha utilizado para financiar su crecimiento interno, ha provocado desequilibrios estructurales que amenazan la recuperación de la mayor potencia del planeta y se ha configurado como veneno y antídoto para salir de la actual coyuntura. Estamos hablando, por supuesto, de China, de su renminbi, de su falta de circulación, de su sistemática infravaloración, del efecto de la misma sobre sus exportaciones, de su acumulación de sus reservas extranjeras y así sucesivamente. Años haciendo lo mismo que hoy se censura a Suiza, incluidos controles de capital and so what!

Sorprende cómo se consiente aún hoy que una economía que crece a niveles cercanos al doble dígito tenga su moneda vinculada a otra que se encuentra, de acuerdo con el común de los analistas, al borde de la recesión como Estados Unidos. Así empieza a asomar la patita de la inflación en el gigante amarillo como lo está haciendo. No solo eso, la debilidad del dólar, resultado de los sucesivos  programas estadounidenses de expansión monetaria, ahonda aún más dicha paradoja. El yuan, unidad básica, sería un refugio ideal en estos tiempos de tempestad (Valor Añadido, ¿Pondría todos los huevos en esta cesta? Sin duda sí, 15/10/2009 y Cuidado: el tsunami rojo comienza a coger fuerza, 14/01/2011). Sin embargo, su negociación fuera de las fronteras chinas es todavía residual. Eso provoca que el dinero, que es cobarde, acuda ante este bombardeo de incertidumbre a los refugios suizos, japoneses, escandinavos y, hasta hace poco, brasileños hasta el punto de masificarlos y generar la amenaza de una tragedia mayor. Sufre los efectos hasta el cuestionado euro que no acaba de caer. De momento la condena verbal apenas se ha traducido en puntuales actuaciones arancelarias. ¿Hasta cuándo? No muerdas la mano que te da de comer… Decir ahora que es Suiza la que abre la puerta al proteccionismo es tronchante, la verdad.

Ante este panorama no parece tan censurable que naciones que ven igualmente peligrar su porvenir activen sus mecanismos de defensa con iniciativas más o menos ortodoxas.El BNS tenía poca opción aparte de actuar, de forma radical y decidida”, editorializaba ayer el FT , lectura obligatoria (Financial Times, Saving Switzerland fron the Swissie, 07/09/2011). Así, ha pasado desapercibido el curioso programa japonés de fomento a la compra de empresas y recursos foráneos destinado a enfriar el yen. 100.000 millones de dólares del ala lo contemplan que allí no se andan con chiquitas (WSJ, Japan rolls out new yen-stopping measures, 25/08/2011).  Ni siquiera la reciente rebaja del rating de Japón por parte de Moody´s ha enfriado un flujo de fondos que amenaza acelerarse con el cierre del primer semestre fiscal este 30 de septiembre.

Tres consideraciones finales. Primera, el uso del término “ilimitado” por parte de los bancos centrales suele ser receta segura para el desastre, se llame éste inflación interna fruto de unos tipos de interés reales negativos o efecto colateral del reciclado de reservas foráneas (que han pasado de los 43.500 millones de dólares de enero de 2009 a las 242.000 de junio de este año). Deberemos repasar los acontecimientos en unos meses. Segunda, los potenciales beneficios de la devaluación del franco suizo no se limitan a los residentes en aquel país sino que se extiende a los hipotecados en esa moneda en los países del Este de Europa, una mayoría asfixiada que suponía un foco adicional de inestabilidad (Valor Añadido, Soplan vientos del este: Suiza y la maldición europea, 11/01/2011). Y tercera, muchos gobernantes y empresarios deberían leer este precioso artículo del The Economist sobre la verdadera competitividad en un entorno global. Habla de China y de Alemania. Y, ¿saben qué? No habla de divisas… (The Economist, Beating China, 30/07/2011).

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