La broma académica que desvela que la izquierda actual se dedica al postureo

El profesor de ciencias políticas Peter Dreier 'troleó' de forma simpática a los organizadores de un congreso. Pero lo más llamativo fueron sus motivos. Y sus conclusiones

Foto: Valencia cuenta con semáforos paritarios. (Efe/Juan Carlos Cárdenas)
Valencia cuenta con semáforos paritarios. (Efe/Juan Carlos Cárdenas)

El físico Alan Sokal se hizo famoso en 1996 cuando convirtió un artículo especialmente denso, 'Transgredir las fronteras: hacia una hermenéutica transformativa de la gravedad cuántica', en un gran éxito. Todo el mundo supo de él, pero no en el momento de su publicación, sino tiempo después, cuando el académico confesó que no entendía nada de lo que había escrito y que lo había enviado a diversas revistas científicas para comprobar si alguna sería capaz de publicar algo que les sonaba bien y que halagaba las preconcepciones ideológicas de los editores. La revista 'Social Text' cayó en la trampa, y Sokal pudo reírse en público de la retórica posmoderna.

El académico Peter Dreier intentó algo similar en 2010, después de leer el anuncio de un panel patrocinado por la Society for Social Studies of Science and the Japanese Society for Science and Technology Studies que versaba sobre “las ausencias -las lagunas, los silencios y los restos de la construcción del conocimiento y la ignorancia- con el fin de contribuir a un diálogo STS que tiene sus raíces en la 'sociología del error' de Bloor, en el trabajo más reciente en agnotología (Procter and Scheibinger) y en los residuos (Bowker y Star). De la teoría feminista y postcolonial hemos aprendido que estar continuamente atentos a la dinámica y a los no-dinámica de la construcción y aplicación del conocimiento. Este panel se ocupa de las negaciones, grietas invisibles, eliminaciones y los restos desde múltiples perspectivas”.

Tomar el pelo a tus colegas

Dreier cuenta que entendió el panel como un reto divertido, y no pudo por menos que escribir un 'abstract' carente de sentido y remitirlo a los organizadores, que aceptaron su propuesta y le invitaron a participar. El profesor universitario no quiso cargar el coste del viaje a su universidad tratándose de una broma, y dio marcha atrás. Pero no deja de ser significativo que un resumen redactado para tomar el pelo a los académicos acabase interesándoles. Como señaló el mismo Dreier, doctorado en sociología, experto en políticas urbanas y ambientales y profesor en un departamento de ciencias políticas, sería lógico que los científicos sociales escribieran en un lenguaje comprensible para sus colegas (y mejor aún si se entendiera fuera del ámbito académico), pero no es el caso, porque les resulta más práctico utilizar términos retorcidos.

No tengo paciencia con esos artículos de izquierda críticos (que “deconstruyen” o “problematizan”) pero que no se preocupan por mejorar las cosas

Pero más allá de la crítica a la profesión, la experiencia de Dreier tiene una lectura interesante para nuestra realidad. Según el profesor, “el problema de la jerga académica no queda confinado en una sola rama ideológica, pero sin duda domina gran parte de los trabajos que los izquierdistas publican en las ciencias sociales y humanas. Soy una persona de izquierdas, y mis investigaciones y mis escritos se centran en la política estadounidense, en el urbanismo, en los movimientos sociales y en los estudios sobre el trabajo y analizan generalmente asuntos relacionados con la justicia social y la democracia. Pero tengo poca paciencia con gran parte de esos que pasan por ser artículos académicos de izquierda en las ciencias sociales y en las humanidades, que hacen hincapié en la crítica (que a menudo estos académicos llaman "deconstrucción" o "problematización") de las ideas conservadoras y liberales y de las instituciones sociales, pero que no intentan averiguar qué se puede hacer para mejorar las cosas. Tampoco tengo paciencia con el estilo de escritura vergonzosamente obtuso que utilizan muchos académicos posmodernos y supuestamente de izquierda que oculta más de lo que ilumina y que es a menudo una máscara útil que utilizan personas intelectualmente livianas”.

Postureo intelectual

Las afirmaciones de Dreier son difícilmente rebatibles: parte de la izquierda académica se ha echado en brazos de teorizaciones abstractas que permiten mantener una posición de superioridad a partir de la utilización de conceptos derridianos, deleuzianos, butlerianos, foucaultianos o negrinianos, entre otros, pero cuya aplicación práctica es irrelevante, porque tienen mucho más que ver con la poesía que con la ciencia. Por decirlo de otra manera, están dedicándose a un postureo intelectual que les genera efectos académicos y que les granjea cierta posición en su entorno, pero cuya eficacia se agota en eso. Sirve para dar charlas en museos de arte contemporáneo, pero poco más.

La política está constituida por el discurso y éste se construye yendo a Ana Rosa, cantando en El hormiguero o dando besos en la boca en el Congreso

Otra parte de la izquierda reaccionó claramente frente a esta tendencia, y se alejó de una manera radical de ella, pero coincidiendo en muchos de sus análisis y diagnósticos. Fue el caso de Podemos, que apostó decididamente por la presencia en los medios de masas como instrumento de desarrollo de la formación y de difusión de sus ideas, y que exhibió un lenguaje claro y conciso. El problema de fondo es que Iglesias y Errejón entienden, siguiendo a Laclau, que la política no es más que discurso, y se aplicaron a construirlo a partir de la utilización de otra clase de postureo, ese que te lleva a visitar a Ana Rosa, a cantar en 'El hormiguero' y a dar besos en la boca en el Congreso.

Creen que el lenguaje construye la realidad, y que basta con cambiarlo para que ésta se modifique, al igual que lo creían los neoconservadores

Lo malo es que estas cosas se notan también en la política real, como han puesto de manifiesto las carrozas de Reyes, el cambio de los nombres de las calles, los nuevos semáforos, los mujerajes y el Congreso sin diputados ni diputadas. Creen, como si estuviéramos en un mundo mágico, que el lenguaje construye la realidad, y que basta con cambiarlo para que ésta se modifique, al igual que lo creían los neoconservadores. Uno piensa que es indignante que personas que realizan el mismo trabajo cobren menos por ser mujeres en lugar de hombres, que la violencia machista es repugnante, y que no tiene sentido una sociedad en que las diferencias causadas por el género sigan siendo muy grandes. Pero también suelo pensar que lo que cambia esas sociedades son las políticas que se desarrollan, las sanciones a las empresas que aplican esta discriminación, la detención y la condena de los maltratadores y la protección de las mujeres en situación de riesgo. Por decirlo de otra manera, creo que lo que importan son los hechos y no los discursos, y que cuando sustituyes a los primeros por los segundos la aportación a la sociedad es nula. 

Postureo cultural

Pero gran parte de la izquierda actualmente existente, y sobre todo la que está en el poder, parece pensar otra cosa, y centra su acción en lo simbólico en lugar de lo real. Prefiere el postureo cultural en lugar de llevar a la práctica políticas efectivas. En ese sentido, resultó muy significativo que no hubiera líderes de Podemos el día de la presentación de la iniciativa de Varoufakis en Madrid, porque si se es de izquierdas, no queda más remedio que apuntar al lugar donde se toman las decisiones más importantes que afectan a España, como son la UE y su Banco Central. Pero quizá pensaron que no convenía hacerse la foto con Varoufakis cuando estamos en un proceso post y probablmente preelectoral, y que ese tipo de vinculaciones podrían afectarles. Resumiendo, un postureo más, incluso en asuntos que son cruciales para la suerte de la izquierda. Y yo, como Dreier con las estrellas académicas, tengo poca paciencia con las estrellas de la tele. Prefiero la gente que intenta mejorar las cosas que la que trata de hacer visibles los problemas y operar en el terreno del discurso. En algún momento la izquierda deberá darse plena cuenta de esto. Hasta entonces, la insistencia en el discurso será una muestra de su impotencia mucho más que una contribución a mejorar la sociedad.  

Tribuna

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