el político comunista publica sus memorias

Si le pides a Julio Anguita que cante el 'Cara al Sol', te saca la pipa

Alcalde, líder de IU, azote del 'felipismo' y orador con pegada. Anguita analiza las claves de su vida política: del 23-F a 'la pinza', pasando por la pistola con la que surcó la Transición

Foto: Anguita junto a Carrillo en una manifestación convocada por CCOO en 1988. (Foto: EFE)
Anguita junto a Carrillo en una manifestación convocada por CCOO en 1988. (Foto: EFE)
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Corrían los meses previos al 23-F y Julio Anguita, alcalde comunista de Córdoba (1979/1986), paseaba tranquilamente por la calle Goya durante una visita a Madrid. Hasta que se topó con “unos tipos” que le exigieron cantar el 'Cara al Sol'. Unos segundos después, los tipos huían calle abajo: Anguita había sacado la pipa; a Anguita no le daba la gana de cantar el 'Cara al Sol'...

¿Lo de sacar la pistola fue una cuestión política o de carácter? "La cuestión es que a mí la chulería fascista me revienta; bueno, la chulería en general, pero la fascista todavía más. Los que me conocen saben que soy una persona afable y pacífica, pero siempre recuerdo que Salvador Allende también lo era… y cogió una metralleta cuando había que cogerla”, cuenta Anguita a El Confidencial minutos antes de presentar en Madrid sus memorias políticas,  'Atraco a la memoria' (Akal, 2015), escritas a cuatro manos con el historiador Juan Andrade.

La chulería fascista me revienta

No fue la única vez que Julio Anguita (Fuengirola, 1941) estuvo a punto de liarse a tiros durante la Transición. Al político le pilló el 23-F trabajando en el Ayuntamiento de Córdoba. Tras enterarse del asalto al Congreso, hizo lo siguiente: llamó a su familia, subió a su despacho... y pensó en la pistola que tenía en el cajón. Atentos a su narración:

'Atraco a la memoria'.
'Atraco a la memoria'.

“Como entonces no existían los escoltas y había recibido varias amenazas y además quería ser libre en mi vida privada yo tenía un arma corta, un nueve corto en el ayuntamiento. Tenía el permiso, tenía la licencia de armas... Ese día con el primero que me encontré fue con el jefe de la policía municipal, que estaba ya en el ayuntamiento y que había sido de la División Azul. Sí, es curioso, había sido capitán de la División Azul. Pero don Rafael Torres Galán demostró ser leal a la alcaldía. Estas cosas ocurren”, cuenta Anguita en el libro.

El oficial Torres Galán informó al alcalde rojo de que se estaban concentrando grupos de extrema derecha en una plaza cercana al ayuntamiento. ¿La respuesta de Anguita? Cargar el arma: “Me metí en mi despacho y monté el arma. La preparé porque en aquel momento de desinformación me dije: estos entran y vienen a por ti. Y yo en ese momento lo vi claro: si entra el ejército no te van a matar en ese momento, te matarán en otro sitio. Pero si entran estos, van a por ti. En ese momento yo vi mi muerte, pero me dije: 'yo no me voy solo'. Te lo digo así. Lo tenía preparado, la pistola montada y unos papeles...”.  

Las dos orillas

La anécdota armada ilustra bien al personaje: Anguita era/es de armas tomar, en la calle y en el Congreso, desde cuya tribuna atizó al 'felipismo' en los años noventa, cuando el PSOE de la corrupción chocó con la IU liderada por Anguita (1989/2000). Etapa marcada por tres conceptos políticos claves para entender el 'anguitismo': las dos orillas, la pinza y el 'sorpasso'. Resumiendo: Anguita creía que IU no debía hacer más de muleta parlamentaria del PSOE, sino enfrentarse a él, porque PSOE y PP tenían más en común que PSOE e IU. Estrategia que el PSOE combatió con éxito con el concepto de 'la pinza', que denunciaba una presunta confabulación entre IU y PP para cargarse a Felipe González. "¡Que viene la derecha!", gritaba el PSOE, logrando así un triple acierto mortal: asustar a las viejas, agrupar el voto útil y mantener a raya a IU.

En ese momento yo vi mi muerte, pero me dije: 'yo no me voy solo'. Te lo digo así. Lo tenía preparado, la pistola montada

Andrade pregunta a Anguita en el libro sobre los riesgos de una estrategia con efectos secundarios: el bloque conservador vio en el político comunista a un aliado. Anguita, de hecho, se convirtió en un habitual en las páginas de 'El Mundo', dirigido por Pedro J. Ramírez, con quien parecía mantener una estrecha relación política. Anguita lo justifica así en el texto: 

“El Mundo' era un periódico dispuesto a publicar nuestras opiniones, mientras que en 'El País' era realmente difícil. Entonces se inicia una relación 'do ut des'. Él cede páginas, me trata bien y nosotros le damos las preferencias en la publicación. ¿Intenta Pedro J. Ramírez urdir una trama? Sí. ¿Cómo? Me invitó a una cena a la que asistió Aznar y en la que abrió el debate acerca de la necesidad de un cambio en España, y donde yo salí diciendo que sí hacía falta un cambio en España, pero que este, además de Gobierno, debía ser sobre todo un cambio de estructuras económicas. Ahí quedó todo… Pedro J. siempre intentó jugar a que IU fuese el gregario del PP. Y yo jugué a que me dejasen hablar a mí y a los míos. En esa táctica siempre hay un riesgo tremendo, el riesgo de tratar de ser Daniel entre los leones, pero lo asumí. No hubo más. ['El Mundo'] era el único periódico que nos publicaba. El único. Y asumimos el riesgo. Pero lo que sí puedo asegurar es que nunca, nunca, hubo un entendimiento. Nunca”.

Pedro J. siempre intentó jugar a que Izquierda Unida fuese el gregario del PP

Aunque la estrategia 'anguitista' de enfrentarse al PSOE para conquistar la hegemonía de la izquierda (el 'sorpasso') no llegó a buen puerto, no es menos cierto que el tiempo (y el cambio de contexto) ha acabado por darle un poco la razón: tanto la explosión del 15-M como la fulgurante irrupción de Podemos en 2014 se hizo al grito de: "PSOE y PP, la misma mierda es".

“Yo nunca dije que el PSOE y el PP fuesen iguales, jamás. Dije algo de mayor calado teniendo en cuenta que en el castellano, al contrario que el francés o el inglés, hay dos verbos: uno es ser y otro estar. Yo dije que ambos estaban en la misma orilla, coincidían y compartían las políticas determinantes en economía, en exteriores y en el proyecto europeo. Tras la aprobación de la reforma constitucional de 2011 [modificación del artículo 135 para blindar el pago de la deuda], la cuestión ha quedado saldada. No creo que deba explicar más”, cuenta en el libro Anguita, cuya estrategia anti PSOE enervó a un importante sector de IU durante los noventa.

P. ¿PSOE y PP siguen teniendo más parecidos que diferencias?

R. El bipartito ha sabido rehacerse en los últimos meses. El bipartito es como Cánovas y Sagasta. Aquello fue una restauración borbónica… y ahora tenemos otra con dos partidos… En tiempos de crisis, el bipartito funciona como lo que es: el representante de la OTAN, la UE y el capital. Recordemos la reforma del artículo 135 de la Constitución. Yo no dije nunca que el PSOE y el PP fueran iguales, sino que hacían lo mismo. No es lo mismo un alfil negro que un alfil blanco, de acuerdo, pero sobre el tablero ambos hacen los mismos movimientos.

P. Le voy a mencionar a una serie de figuras políticas de la democracia para que los perfile con una pincelada. Felipe González…

R.  Algún día se sabrá todo sobre Felipe González… No digo más…

P. Aznar.

R.  Un trasunto de la España 'fernandina'; de Fernando VII.

P. Rajoy.

R.  Un alto funcionario.

P. Albert Rivera.

R. Me recuerda a un político que también se apellidaba Rivera, y no es un juego de palabras… Me dirán: ‘¡Está usted acusándole de fascista!’, y no es eso, es que sus discursos me recuerdan a los de José Antonio [Primo de Rivera]. Hablo de discursos antagónicos a los de mi mundo, pero que en tiempos de crisis suenan atractivos.

P. Hablando de Ciudadanos: todo el mundo parece obsesionado ahora con ser o parecer de centro. ¿Existe el centro político?

R. No, es una coartada para plantear las renuncias.

La traca final

Pase lo que pase en las elecciones, los tiempos han cambiado en algunos aspectos. Si Anguita escandalizó a casi toda España al cargar contra la Corona y los consensos de la Transición en los años noventa, quizás ahora pocos se inmuten al verle implicar a Juan Carlos I en el 23-F... 

Julio Anguita publica sus memorias. (Foto: EFE)
Julio Anguita publica sus memorias. (Foto: EFE)

En efecto, Anguita se apunta en el libro a la teoría de los dos golpes -el duro de Tejero y el blando de Armada- que no acabaron de complementarse bien el día de autos: “Tengo la convicción de que el Rey estaba detrás de todo aquello. Era el impulsor. Pero cuando decimos el impulsor se cree que estamos hablando de alguien que planifica. No, es simplemente el que de manera tácita permite que se opere. Eso queda muy claro en la frase que se le atribuye [al Rey] en este caso: 'A mí me lo dais hecho'. Los datos se han ido acumulando con posterioridad en los libros de Pilar Urbano y en otros libros... Lo que se intentó fue dar un golpe de tipo bonapartista en las Cortes mismas. Por eso se llevan aparte a Carrillo, a González y a Fraga, los cabezas, para exigirles que les digan a sus diputados lo que tienen que votar”.

Resumiendo: Anguita quiere guerra. Si ya la quería en los noventa, cuando remaba con la corriente en contra, ¡cómo no la va a querer ahora! Eso sí, la pipa ya no la lleva encima. 

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