Cinco libros para Ferragosto: así es Italia, entre la belleza y el caos

Estas recomendaciones literarias ahondan en la vertiente más hedonista, histórica y artística de un país que, cuanto más lo conoce uno, más incomprensible le parece

Foto: Un fotograma de 'La gran belleza' de Paolo Sorrentino. (Wanda Visión)
Un fotograma de 'La gran belleza' de Paolo Sorrentino. (Wanda Visión)

Estamos a 15 de agosto, lo que los italianos llaman Ferragosto: el centro mismo del mes y, al menos en la percepción común, del verano. El nombre procede de una vieja festividad romana, Feriae Augusti, las fiestas en honor a César Augusto, el primer emperador, y en Italia es tradicional que todo el mundo salga de viaje en estos días, a la playa o a la montaña. Como para mí, en los últimos años, salir de viaje en verano ha sido sinónimo de ir a Italia, pero más bien a sus ciudades vacías, aquí van cinco libros para entender bien la vertiente más hedonista, histórica y artística de un país que, cuanto más lo conoce uno, más incomprensible le parece. Todos son recientes y fácilmente encontrables en castellano. Deliberadamente, ninguno está escrito por un italiano.

'Roma', de Robert Hughes (Crítica)

Portada de 'Roma'
Portada de 'Roma'

Hughes fue uno de los grandes críticos de arte mediáticos —sí, eso existía antes— de los últimos cincuenta años. En este libro, recorre la historia de la capital romana desde Rómulo y Remo hasta Berlusconi, basándose principalmente en anécdotas y episodios relacionados con su arquitectura, su pintura y su escultura, pero siempre con el trasfondo político y religioso, y con un estilo documental. Es una historia en primera persona, cronológica pero caprichosa, que se detiene en los singulares colores de la ciudad, su caos controlado, su mezcla extraña de gravedad y frivolidad.

Para Hughes, que visitó Roma por primera vez de joven, esta representó su “guía tanto para el pasado como para el futuro. Proporcionaba un conocimiento profundo tanto de la belleza como de la destrucción, tanto del triunfo como de la tragedia. Y lo más importante: daba forma física a la idea del arte, no simplemente como algo etéreo para la élite, sino como algo estimulante, incluso práctico". Y también, aunque ahora no nos lo parezca, a la vulgaridad, que en ocasiones no era tan diferente de la televisión italiana actual.

'El país donde florece el limonero', de Helena Attlee (Acantilado)

Portada de 'El país donde florece el limonero'
Portada de 'El país donde florece el limonero'

"Ahora es nuestro turno, el de los pobres, de tener una parte de la riqueza / y es el olor de los limones", escribió el poeta italiano Eugenio Montale y recoge este maravilloso libro. Los cítricos han tenido un papel singular dentro de la historia de Italia. Y, en esta mezcla de relato de viajes, historia gastronómica y gabinete de curiosidades científicas, Attlee cuenta cómo los limones y las naranjas llegaron a Italia con los árabes que atracaron en Sicilia en el siglo IX —en Sicilia siguen cultivándose algunos de los cítricos más extraordinarios—, cómo los limones se convirtieron en una pequeña obsesión para los Médici en la Toscana del Renacimiento, que admiraban fascinados sus brutales mutaciones, y cómo el zumo de limón resultó ser un importante negocio cuando se descubrió que curaba el escorbuto e Italia se convirtió en un gran exportador.

Puede que a priori uno piense que una historia de los limones no le interesará de ninguna manera. Pero es un libro fascinante. A ratos uno siente estar en un mitad de un jardín italiano.

'Pompeya', de Mary Beard (Crítica)

Portada de 'Pompeya'
Portada de 'Pompeya'

Como es sabido, la erupción del Vesubio en el año 79 de nuestra era cubrió de lava la ciudad de Pompeya y la dejó conservada para la eternidad. La ciudad se redescubrió en el siglo XVIII y es lo más parecido que tenemos a una ciudad romana. Pero eso encierra una paradoja, como cuenta Beard: al mismo tiempo, "sabemos una gran cantidad de cosas y muy poco sobre la vida aquí en la antigüedad".

Por eso, se convierte en una especie de investigadora que va reconstruyendo cómo se vivía en el sur de Italia hace dos milenios: no solo grandes cuestiones como las relaciones económicas y laborales, sino qué comía la gente —pan, verduras y pescado, sobre todo—, cómo eran los baños locales —un asco: el agua estaba sucia—, o la vida sexual de la ciudad —no tan movida ni agradable como se ha pensado desde el descubrimiento del burdel y los grafitis de penes que hay en toda la ciudad—. En definitiva, una investigación bien contada, muchas veces divertida y que desmonta un montón de los mitos que tenemos sobre los romanos y su vida.

'Por qué a los italianos les gusta hablar de comida', de Elena Kostiukovitch (Tusquets)

Portada de 'Por qué a los italianos les gusta hablar de comida'
Portada de 'Por qué a los italianos les gusta hablar de comida'

Aunque comprensiblemente en el extranjero pensemos en la 'comida italiana', así en general, esta es increíblemente diversa: en las regiones del norte es perceptible la influencia de la cocina de montaña austriaca y en el sur puede parecerse más a la griega o la turca. Sin embargo, como cuenta muy bien Kostiukovitch cuando narra sus visitas por estas diferenciadas regiones y detalla sus singularidades, lo que sí tiene en común la comida italiana es la obsesión con que los italianos hablan de ella, la preparan y respetan las reglas.

Sus observaciones, además, son siempre interesantes. A veces son de carácter histórico: la pizza, por ejemplo, es un invento de finales del siglo XIX, pero solo se hizo enormemente popular una vez los emigrantes italianos la trajeron de vuelta desde Estados Unidos. A veces son recomendaciones: para hacer como los italianos hay que desayunar poco, a poder ser un café corto y un bollo relleno de helado, y si pides un capuccino después de la comida o la cena, estás haciendo el guiri. Un libro ameno, documentado, histórico y costumbrista.

'Historias de Roma', de Enric González (RBA)

Portada de 'Historias de Roma'
Portada de 'Historias de Roma'

González es uno de los reporteros más talentosos y agudos que hay en España. En este libro, en el que cuenta escenas de su vida mientras fue corresponsal en Roma para El País, reconstruye algunas de las alegrías y las miserias de la experiencia cotidiana en la ciudad, muchas de ellas comunes al resto del país. El raro placer, por ejemplo, de vivir en un palacio con capilla y campanario, pero también la enervante imposibilidad de que el servicio de correos entregue las cartas y los paquetes.

Son estampas breves y deliciosamente escritas: retratos de la figura mítica de la 'mamma' y también del 'vitellone' el hijo al que ha mimado tanto, al que le ha dado una vida tan despreocupada, que a los cuarenta años sigue en casa sin pegar golpe; reflexiones sobre la peculiar belleza y amargura del cine italiano, o la comicidad que implica aprender, cometiendo un error tras otro, a trabajar como periodista en el Vaticano y a desenvolverse en su compleja burocracia. Un libro divertido y corto que parece captar lo que todos captamos en Italia —una mezcla de belleza, caos, simpatía, pequeñas trampas, historia y despreocupación—, pero que lo explica mucho mejor que los demás.

El erizo y el zorro

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