Historia: Este libro tiene la culpa de todo lo que ha pasado en el mundo los últimos 250 años. Blogs de El erizo y el zorro

Este libro tiene la culpa de todo lo que ha pasado en el mundo los últimos 250 años

28 volúmenes y 18.000 páginas de texto. Un libro recopila las mejores entradas de 'La enciclopedia'

Foto: Grabado de un taller de impresión publicado en la 'Enciclopedia' de Diderot (s. XVIII)
Grabado de un taller de impresión publicado en la 'Enciclopedia' de Diderot (s. XVIII)

La culpa de casi todo lo que ha pasado en los últimos doscientos cincuenta años la tiene un libro. O no exactamente de un libro, pues acabó constando de 28 volúmenes y 18.000 páginas de texto, fue escrito por más de 130 autores y se publicó a lo largo de más de 20 años, entre 1751 y 1772. Se trata de 'La Enciclopedia', subtitulada 'Diccionario de las ciencias, las artes y los oficios', cuyos responsables principales fueron Denis Diderot y Jean le Rond d’Alembert. Además de ser la obra que cambió para siempre la manera de pensar sobre casi cualquier cosa -de los sentimientos a la economía, de la religión a la botánica-, se convirtió en una de las mayores catástrofes de la historia de la edición.

Portada
Portada

Este mastodonte empezó siendo el proyecto para traducir una enciclopedia inglesa en dos volúmenes. Sus promotores consiguieron reunir dinero de futuros clientes y el trabajo se puso en marcha, pero los problemas aparecieron enseguida: el editor acusó al traductor contratado de no saber francés, su sustituto fue despedido por vago, y finalmente se quedaron al mando de la obra los jóvenes Diderot -que estaría al frente de ella hasta su conclusión- y d’Alembert -que la abandonó en 1758-. Ellos mismos escribieron muchas de las entradas -llegaron a ser 72.000-, pero también encargaron y luego editaron las de algunos de los más afamados intelectuales de la época, como Voltaire, Rousseau y Montesquieu, además de las de otros pensadores desconocidos, varios de los cuales trabajaron a un ritmo inhumano. Una antología de todas esas entradas ha sido publicada ahora por la editorial Debate, con traducción y edición (ambas estupendas) del novelista Gonzalo Torné, en un bonito volumen de 400 páginas.

Editaron las entradas de algunos de los más afamados intelectuales de la época, como Voltaire, Rousseau y Montesquieu, además de las de otros pensadores desconocidos, varios de los cuales trabajaron a un ritmo inhumano

En su época, el propósito de 'La Enciclopedia' fue poco menos que contener todo el conocimiento existente en ese momento. Pero además, pretendía ser una 'machine de guerre', como se la llamó: la obra que permitiera a las ideas ilustradas expandirse y penetrar en todos los rincones posibles de la Francia monárquica (aunque entonces no llegó a tener muchos lectores). Como señala Fernando Savater en el magnífico prólogo de esta edición, los enciclopedistas eran revolucionarios, pero hasta cierto punto. Eran pensadores “sosegados y eruditos, que nunca se propusieron derrocar la monarquía ni expropiar a los ricos. Todos ellos pertenecían (…) a la burguesía y a las clases populares, aunque había algún miembro de la baja nobleza infiltrado entre ellos (…). Los enciclopedistas no se proponen derrocar el orden vigente (…) sino refundarlo todo basándolo en principios racionales”. La tradición y la rigidez religiosa debían dar paso a la ciencia, el estudio y el acceso de los mejores a los altos cargos del Estado.

“Esta obra -escribió Diderot- producirá seguramente con el tiempo una revolución en los espíritus y espero que los tiranos, los opresores, los fanáticos y los intolerantes no ganarán. Habremos servido a la humanidad.” Quizá Diderot se dejara llevar por el entusiasmo, pero lo cierto es que al final la revolución se produjo y la Enciclopedia sin duda hizo un gran servicio a la humanidad. (Si bien no, por supuesto, a quienes participaron en ella: Diderot acabó en la cárcel, Voltaire exiliado, Rousseau marginado, D`Holbach sin poder publicar sus ideas con su firma a riesgo de perderlo todo; con algunas excepciones, la Iglesia católica y el Estado pusieron todas las trabas que les fue posible al proyecto y persiguieron a sus autores, que además acabaron peleados entre sí. Para conocer los entresijos de la elaboración de la obra, la mejor historia, además de accesible, es 'Encyclopédie. El triunfo de la razón en tiempos irracionales', del escritor Phillipp Blom, en Anagrama).

Los enciclopedistas no se proponen derrocar el orden vigente sino refundarlo todo basándolo en principios racionales

La lectura del volumen preparado por Torné es una delicia (aunque tiene sus espinas: hay algunas páginas arduas). Los enciclopedistas eran irónicos y juguetones, en parte para sortear la censura, escritores finos y de una cultura… enciclopédica. En la entrada “Economía política” se lee: “La ley es una voz celestial que le dicta a cada ciudadano los preceptos de la razón pública y le enseña a actuar de acuerdo con unas máximas que bien podría suscribir su propio juicio y que nos empujan a obedecer sin entrar en contradicción con nuestros anhelos de libertad”. En la entrada “Pasiones”: “¡Qué triste es el retrato de un hombre reducido a sus pasiones! Rodeado como está de trampas, zarandeado por tantos vientos contrarios a la dirección correcta, ¿cómo va a llegar a puerto? Y, sin embargo, la solución a sus problemas sería sencilla si quisiera adoptarla: moderar las pasiones, dejarse guiar por la luz de la razón, ser constante, ser prudente.”

El mundo de hoy

'La Enciclopedia' generó toda clase de reacciones. Contribuyó a poner en marcha la democracia, el liberalismo y la mirada científica a la realidad, y seguramente sin el pensamiento ilustrado no habría surgido el marxismo. También contribuyó a que se desatara la sangrienta Revolución Francesa, un conflicto que sus autores no deseaban, al menos no de la forma en que se produjo (es probable que a Marx tampoco le hubiera gustado que, en su nombre, se construyera el comunismo soviético tal como se hizo, pero las únicas consecuencias seguras en la vida son las no planeadas). El rechazo al pensamiento ilustrado engendró el romanticismo, y este a su vez dio pie a hermosos poemas y a disparatadas ideas políticas que luego se reflejarían en ciertos aspectos del fascismo. Casi es posible asegurar que cualquier idea que circule en la actualidad se puede considerar ilustrada o antiilustrada (y no, no todas las buenas ideas son ilustradas).

Contribuyó a poner en marcha la democracia, el liberalismo y la mirada científica a la realidad

Hoy, existe una corriente de izquierda que interpreta la Ilustración y el enciclopedismo como movimientos meramente burgueses y excesivamente tímidos. Esa es la tesis del último Premio Nacional de Ensayo, 'La lucha por la desigualdad': una historia del mundo occidental en el siglo XVIII, de Gonzalo Pontón (editorial Pasado y Presente); “en el fondo, la Ilustración fue una élite de intelectuales y políticos que desde el principio quisieron controlar la educación y la información”, afirmó Pontón en una entrevista posterior a la concesión del premio. Y en un reciente libro del que ya les hablé, 'Nueva ilustración radical' (Anagrama), Marina Garcés reprochaba a la Ilustración original, precisamente, su falta de radicalidad.

Sea como sea, el mundo hoy se parece al que los enciclopedistas deseaban. Democrático pero no revolucionario, dominado por la forma de vida burguesa, entusiasta de la tecnología y la ciencia, frívolo, laico y permisivo. A las madres a veces se las quiere y a veces se las detesta, pero todos somos hijos de la Enciclopedia. Y esta nueva antología es la opción más acertada que tiene un lector de lengua castellana para acercarse a ella.

El erizo y el zorro

Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
4 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios