Todo lo que sé lo aprendí viendo 'La guerra de las galaxias'

El universo creado por George Lucas sirvió de introducción a los niños de varias generaciones a cuestiones políticas, morales y religiosas de gran trascendencia

Foto: Peter Mayhew, Mark Hamill, Alec Guiness y Harrison Ford en 'La guerra de las galaxias'. (20th Century fox)
Peter Mayhew, Mark Hamill, Alec Guiness y Harrison Ford en 'La guerra de las galaxias'. (20th Century fox)

Cuando en 1977 se estrenó la primera entrega de 'La guerra de las galaxias', el célebre novelista británico de ciencia ficción J. G. Ballard afirmó en una crítica que la película carecía "por completo de originalidad, el argumento es débil, se olvida al instante y es una pesadilla acústica", y que se trataba de un "espectáculo vacío en el que los efectos especiales (…) dominan por encima de ideas poco novedosas y argumentos trillados". Pero al final reconocía que "'La guerra de las galaxias’ quizá acabe siendo más profética de lo que yo le concedo. En muchos sentidos, es la película familiar definitiva, y en ella (George) Lucas vuelve al armario de los juguetes y juega con todas sus fantasías de infancia, juntando toda clase de muñecos de peluche, videojuegos y naves espaciales de plástico en una extravagancia de crío de diez años”. La reseña se titulaba '¿Hobbits en el espacio?'.

Es posible que "Hobbits en el espacio" sea la definición perfecta para la que ha acabado convirtiéndose en la mitología más poderosa creada en vida de mi generación. Como casi todas las mitologías, ha ido creciendo de manera desordenada, irregular, de mano de varios autores con diversos estilos y con precuelas y secuelas que amplían una historia central. Y también ha generado un mundo desproporcionadamente grande a partir de lo que en esencia es un drama familiar que con el tiempo contamina la política de toda una generación: la tragedia de Anakin Skywalker y la profecía del equilibrio de la fuerza.

Mark Hamill, Carrie Fisher y Harrison Ford en 'La guerra de las galaxias'. (20th Century Fox)
Mark Hamill, Carrie Fisher y Harrison Ford en 'La guerra de las galaxias'. (20th Century Fox)

Como 'El señor de los anillos', que también era una especie de drama disfrazado de cuento para niños que disfrutan los mayores, 'La guerra de las galaxias' inventaba razas, religiones e instituciones políticas tan problemáticas como las reales para explicar conflictos que, de hecho, son profundamente humanos: de la lucha por el poder al atractivo de la venganza, del carácter destructor de ciertos amores al lado oscuro de la búsqueda de redención. Y también, como explicó Pablo Simón en el mejor artículo que he leído sobre la saga, 'La República Galáctica debía caer', la necesidad de que las instituciones políticas sean acordes con el demos que gobiernan. Es cierto que 'La guerra de las galaxias' ―la traducción al español de 'Star Wars' es particularmente desafortunada; debería haber sido 'Las guerras de la galaxia'― es superficial, apenas aprovecha un núcleo narrativo que tiene la contudencia de una tragedia griega y, es verdad, tiene algo insoportablemente infantil. Pero de otra manera, quizá los niños no le habríamos prestado atención y, como en mi caso, no se habría convertido en el recuerdo más temprano de cierto interés por algunos aspectos de la vida y la política.

El film habla de la lucha por el poder, el atractivo de la venganza, el carácter destructor de ciertos amores...

Pensaba en esto después de ver la recién estrenada 'Solo: una historia de Star Wars', una película de acción entretenida y frenética, pero que carece por completo del atractivo mítico de otros episodios de la serie (aquí lo explicó el crítico de 'El Confidencial' Alejandro Alegré ). A pesar de su superficialidad, 'Solo' me hizo recordar que quizá fue viendo la serie original cuando por primera vez muchos sentimos curiosidad acerca de la diferencia entre un imperio y una república, o sobre por qué son importantes las instituciones o dónde reside la legitimidad de un régimen político. Igual con la fuerza y los jedis nos planteamos las primeras preguntas de carácter religioso más allá de la catequesis, y con el biquini que llevaba Leia cuando Jabba la tenía presa las primeras de otra clase. Y en mi caso, creo que el interés por saber qué era el nazismo lo despertaron la máscara de Darth Vader y los uniformes militares del Imperio. Cuando tenía ocho o diez años e inventaba historias con los muñecos y las reproducciones de las naves ―mi preferida, por supuesto, era el Halcón Milenario, cuya relación con Han Solo y Chewbacca explica esta nueva película― sin duda no me hacía preguntas filosóficas, pero siempre he pensado que aquellos juegos tuvieron algo que ver en mis intereses posteriores.

Alden Ehrenreich y Joonas Suotamo en 'Solo: una historia de Star Wars'. (Disney)
Alden Ehrenreich y Joonas Suotamo en 'Solo: una historia de Star Wars'. (Disney)

La publicidad de 20th Century Fox para el estreno de la primera película de la serie afirmaba que esta era "el juguete más monumental creado jamás para que los hombres adultos jueguen y expresen sus fantasías". 'La guerra de las galaxias', decía esa misma publicidad, presentaba "un mundo en el que las personas de este planeta nunca han estado, pero es un mundo que pueden haber conocido años atrás, cuando soñaban con huir y vivir aventuras que nunca nadie ha vivido antes". Se trata obviamente de una exageración, porque los adultos jugamos y expresamos nuestras fantasías en asuntos mucho más sofisticados y peligrosos como la política, los negocios o la familia, o la simple supervivencia económica, y sabemos que no hay ningún lugar a donde huir, y mucho menos Tatooine o Dagobah. Pero como en todas las mitologías, sí había algo de cierto en su estetización y moralización de las preocupaciones humanas.

Han Solo era un machista colosal y hoy nadie habría pensado en hacer un personaje positivo con esa actitud frente a las mujeres

Por eso, aunque no es nada del otro mundo, me gustó ver la película sobre Han Solo. Era el personaje más frívolo, juguetón y tramposo de la saga, al que solo su paternidad y su muerte le dieron un aire mítico a la altura de sus compañeros. (También era un machista colosal y hoy nadie habría pensado en hacer un personaje positivo con esa actitud frente a las mujeres). Pero en las mitologías suele haber alguien cuyo mero objetivo es vivir un día más, que simplemente ve la vida como un juego amoral, aunque luego la moralidad le acabe arrastrando hacia un lugar u otro. Solo siempre acababa haciendo lo correcto después de intentar todas las versiones posibles de lo incorrecto. Del mismo modo que Luke era fuerte solo después de ser débil, Chewi era leal solo después de ser iracundo y Leia valiente solo después de sufrir. Es posible que 'La guerra de las galaxias' fuera para nosotros, la primera generación que la vio siendo niño y que ahora es adulta, el armario de los juguetes, pero algo aprendimos de él. Y aunque ya no descubramos mucho con cada nueva entrega, quizá ya sea demasiado tarde para dejarlo.

El erizo y el zorro

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