Maruja Torres ajusta cuentas con Cebrián

La periodista publica unas memorias en las que explica las causas de su salida de 'El País'

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    Que Maruja Torres nunca ha sido de morderse la lengua es de sobra conocido. Así que su nuevo libro, las memorias periodísticas Diez veces siete, arranca del modo esperado:  narrando el día que la invitaron a dejar de escribir en la sección de opinión de El País. O la historia de la ruptura entre un medio de comunicación en crisis y una de sus periodistas más populares.

    Como no podía ser menos, Maruja Torres dispara con bala contra sus antiguos empleadores. Aquí hay apuntes sobre la deriva neoliberal del antiguo diario independiente de la mañana: "Hoy, más que nunca, faltan indios y sobran capitanes -ocurre en todos los medios, lo concedo- y hay demasiados infiltrados venenosos pregonando equidistancia ante el libre mercado, cuando no una clara posición favorable".

    Es cierto que 'El País' nunca fue de izquierdas. Era liberal, pero en el mejor sentido, antiguo, originario, de la palabraDesmentidos sobre el presunto izquierdismo original del diario: "Es cierto que El País nunca fue de izquierdas. Era liberal, pero en el mejor sentido, antiguo, originario, de la palabra. Plural salvo cuando le tocaban la economía. Dejaba hacer, cuando no perjudicaba sus intereses".

    Y reflexiones sobre el futuro del rotativo: "La pregunta clave es si El País conseguirá ser un medio de difusión adecuado al futuro, que ya es presente, tras la acelerada desnaturalización de contenidos a que ha sido sometido, y los vaivenes que sufre a manos de sus sucesivos gurús digitales".

    Pero vamos al lío. La parte más morbosa del libro está dedicada a Juan Luis Cebrián, consejero delegado de Prisa, al que Maruja Torres empezó a coger manía, paradójicamente, el día que abandonó la dirección del periódico (para seguir mandando): "Un síntoma de lo que estaba por venir podíamos haberlo detectado -y no faltó quienes lo advirtiéramos, con secreto bochorno, pero sin abrir la boca en público- cuando el fundador y primer director del diario, Cebrián, nombró a Joaquín Estefanía sucesor, pero hizo que su nombre pasara a la mancheta del interior del periódico. Así se aseguraba de que el suyo hubiera sido el único en aparecer en primera plana, enviando el nítido mensaje de que él estaba -y en cierto modo siempre ha sido así- encaramado en lo alto de la escala de mando. Cuando tropiezo con fotos de las entregas de los premios Ortega y Gasset -ya sin canapés, me dicen- y veo a los directores posteriores a Cebrián moviéndose a su alrededor, como agradecidos comparsas, me entra una mezcla de rabia y pena".

    Juan Luis Cebrián en la entrega de los premios Ortega y Gasset de periodismo en 2009 (EFE)
    Juan Luis Cebrián en la entrega de los premios Ortega y Gasset de periodismo en 2009 (EFE)

    El libro tiene interés, entre otras cosas, por las jugosas interioridades sobre el funcionamiento de un periódico. Como sus reflexiones sobre ese subgénero periodístico conocido por algunos como "cola cao", o tener que escribir un artículo para promocionar a algún amigo, conocido o miembro de la casa. Atentos a la reacción de la periodista cuando le tocó reseñar las novelas y ensayos de Cebrián:

    "No me escandalicé moralmente por tener que escribir reportajes sobre La rusa. Semejantes marrones, como sabemos bien los profesionales del periodismo, le caen a uno en todas las redacciones, y hay que salir al paso lo mejor posible y reservar las fuerzas para las luchas mayores. Algo similar me ocurrió cuando, muchos años más tarde, el entonces director Jesús Ceberio me comunicó que Cebrián quería que escribiera para El País Semanal el reportaje sobre La agonía del dragón, primera parte de su trilogía sobre la Transición y sus prolegómenos. 'Joder', no pude reprimirme. Por entonces Ceberio y yo aún teníamos la confianza de cuando los dos éramos periodistas. Hizo un gesto como 'Te ha tocado, apáñatelas'. Recibí las galeradas, las leí y tomé una sabia decisión de supervivencia: escribir sobre todo lo que me gustara y olvidar lo que no (...) No es un artículo del que me sienta especialmente orgullosa, pero tampoco me avergüenzo. Además, me tranquilizó bastante que el segundo volumen de la saga, Fracomoribundia, lo presentará, en Barcelona, nada menos que Javier Cercas. Pensé que no estaba sola", espeta Torres con su ironía habitual. Como ven, son múltiples las víctimas de las creaciones intelectuales de Cebrián.

    Estamos, por tanto, ante un ajuste de cuentas en el que Torres dispara a Cebrián por tierra, mar y aire. De la anécdota periodística a la descripción costumbrista. O el cebrianismo explicado a los niños: "Dale a un hombre un cargo y no olvidéis proporcionarle un cordel para que pueda sujetar el globo en que se convierte su autoestima. Cuanto más alto el cargo, más grande el globo y más espesa la nube que le aparta de la realidad", zanja.

     

    El libro que nunca leerá...
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