Carmona, cómo ganar unas elecciones a base de imitar a Chiquito

El candidato del PSOE al Ayuntamiento de Madrid apuesta por el chascarrillo y la performance electoral. Una estrategia arriesgada que a veces funciona

Foto: Carmona recorre el centro de Madrid en silla de ruedas para denunciar que es inaccesible.
Carmona recorre el centro de Madrid en silla de ruedas para denunciar que es "inaccesible".

Navidades de 2011. Se abre el telón y aparece Antonio Miguel Carmona subiendo al escenario del programa de Ana Rosa andando como Chiquito de la Calzada. Da instrucciones al pianista, agarra el micro y se arranca con un clásico de Frank Sinatra. ¿Cómo se llama la película? Cómo ganar unas elecciones municipales a golpe de chascarrillo y performance... Pese a estos antecedentes, algún despistado se quedó de piedra hace unos días al ver al candidato del PSOE a la alcaldía de Madrid totalmente desatado en Qué tiempo tan feliz: primero bailó un chotis con María Teresa Campos, y luego perpetró otro sinatrazo en riguroso directo.

En efecto, la conversión de Carmona en animador de crucero no es más que un paso lógico dentro de su campaña: a nadie familiarizado con el carmonismo –que bascula entre el populismo ciudadano, la campechanería castiza, el progresismo chulapo y la astracanada musical– le puede extrañar que Carmona imite al mismo tiempo a Sinatra y a Chiquito (en lo que quizá sea un loco intento por ser más transversal que Podemos y Ciudadanos juntos).

En otras palabras: Carmona es simplemente Carmona, y no parará hasta llevar la alegría a todos los hogares de España.

Carmona es simplemente Carmona, y no parará hasta llevar la alegría a todos los hogares de España

Aunque no es el único político que utiliza esta técnica, hace ya tiempo que los actos electorales de Carmona -inmortalizados por fotografías del candidato ataviado de operario medio y luciendo muecas absurdas- se convirtieron en icono cómico en las redes sociales (echen un ojo a páginas satíricas como Carmona haciendo cosas o Carmona tu alcalde).

Aquí le tienen, por ejemplo, haciendo pesas. O mejor dicho: a punto de morir aplastado por una pesa al no calcular bien su capacidad para el populismo gimnástico:

Antonio Miguel Carmona Moscardó 2015

 

El carmonismo tiene algo de entrañable: a Carmona se le ve venir a la legua porque interpreta su papel de político del pueblo de un modo sobreactuado, lo que genera una permanente tensión cómica. 

Ser objeto permanente de mofa y befa no parece el modo más adecuado para acumular fuerza electoral y crédito político. Pero… ¿y si sí lo fuera?

La paradoja londinense

Flashback: ojito con reírse de un político. Todo eran risas en los noventa cuando Esperanza Aguirre era una inexperta ministra de Cultura, y luego pasó lo que pasó, que Caiga quien caiga la convirtió en icono y Espe arrolló a una izquierda que subestimó el aguirrismo: para cuando empezaron a tomársela en serio, Aguirre ya les había pasado por encima.

Carmona logró ser candidato electoral gracias, entre otras cosas, a su rol de personaje político televisivo. Ahora bien, una cosa es salir mucho en la tele y otra conseguir que las bromas que hacen sobre ti te hagan más fuerte. Bienvenidos a la paradoja Boris Johnson.

En efecto, si Carmona quiere convertirse en alcalde de Madrid a golpe de performance, debería fijarse en el verdadero gurú de los políticos performers: Boris Johnson, alcalde tory de Londres, antiguo director del semanario conservador The Spectator, biógrafo de Churchill, showman e icono pop. Un político, por cierto, reivindicado también por Esperanza Aguirre.  

Boris mete la pata con regularidad, su verborrea genera conflictos y su colección de fotos histriónicas en inauguraciones y saraos es absolutamente mítica. Carmona, amigo, eres un principiante.

Boris Johnson con un sombrero. (Getty)
Boris Johnson con un sombrero. (Getty)

Como se pueden ustedes imaginar, el Twitter británico es una máquina de fabricar memes, chanzas y chuflas sobre Boris, lo que no hace más que aumentar la popularidad del político. ¿Por qué?

John Crace, periodista de The Guardian, describe así a Boris en su último libro:

“Boris es diferente. Boris está relajado y es divertido. Boris tiene el pelo desaliñado y tendencia a tropezar. Boris es simplemente Boris. Ningún otro político logró tan rápidamente que le identificaran por su nombre de pila. Se sospecha que su peinado está cuidadosamente desordenado y que Boris se toma mucho más en serio de lo que aparenta, pero a la gente le importa bien poco que el Boris público sea puro artificio. A Boris le permitimos romper las mismas normas que el resto de políticos no pueden saltarse. Boris puede hacer promesas que no tiene intención alguna de cumplir, sin que nadie le pida cuenta alguna. También puede hacer campaña para sí mismo, sin freno y sin descanso, y la gente siempre disfrutará del show”. 

Boris con un conejo. (Efe)
Boris con un conejo. (Efe)

He aquí la paradoja Boris que debería inquietar a los rivales de Carmona: lejos de minar su crédito, cada broma hace a Boris más querido e indestructible políticamente. He aquí el político que gana votos con cada acierto… y con cada desliz. ¿Quién da más?

News of the World desveló hace años que Boris tenía una amante, asunto peliagudo en un país al que le encanta rasgarse las vestiduras con los escándalos morales de los tabloides. “Un affair es suficiente para socavar la mayoría de las carreras políticas... Sin embargo, Boris no solo tuvo una aventura, sino dos, y su estatura política no hizo más que crecer.  Los mismos que condenarían a otros políticos por sus infidelidades convirtieron a Boris en su compadre del alma por sus aventuras extra matrimoniales”, escribe Crace. Visto lo visto, Boris fue a por el “hat trick” en 2009: “Tuvo una aventura con una consultora de arte con la que resulta que había tenido una hija de la que nada de sabía. Pero una vez más, Boris sobrevivió intacto al escándalo”, zanja Crace.

Carmona pegando un brinco
Carmona pegando un brinco

¿La clave última de que el público le perdone todo? “Boris tiene algo que pocos políticos tienen: encanto natural y carisma”, zanja Crace.

La analogía Boris/Carmona tiene sus debilidades. Por ejemplo: el contexto cultural es diferente. En Inglaterra existe una tradición casi milenaria de reverenciar a las figuras excéntricas/heterodoxas, y Boris encaja ahí como un guante. Además se toman el humor mucho más en serio que nosotros, lo que da vigor a un Boris siempre dispuesto al comentario ingenioso.

Por último, está por ver que Carmona sea tan carismático y gracioso como Boris. Esa fina línea que separa el chiste bueno del malo.

Carmona, por tanto, camina en el filo: la últimas encuestas vaticinan un batacazo del PSOE en el Ayuntamiento de Madrid (tercer partido por detrás del PP y de Ahora Madrid, cuya candidata, Manuela Carmena, está mucho mejor valorada que Carmona). O la titánica tarea de imitar a Chiquito de la Calzada al borde de un precipicio... y no despeñarse.

La fiesta de la democracia
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