George Saunders y 'Lincoln en el Bardo': cómo suspender el examen de alta literatura

La primera novela del reputado cuentista estadounidense es un libro alabado por el conjunto de la crítica mundial... y casi imposible de leer

Foto: Detalle de portada de 'Lincoln en el Bardo'. (Seix Barral)
Detalle de portada de 'Lincoln en el Bardo'. (Seix Barral)

Qué mala es la novela de George Saunders, me dijo éste, qué mala es, me dijo el otro, realmente es una mierda, me dijo aquélla. Y yo, por supuesto, comprendí enseguida que había que leerla. Se titula 'Lincoln en el Bardo' (Seix Barral) y ha ganado el prestigioso (perdón por la redundancia; perdón por la candidez) premio Booker 2017. Su autor, que cuenta en su haber con cuatro libros de relatos y debuta aquí en la novela a sus 59 años, “ha recibido becas de las fundaciones MacArthur y Guggenheim, el premio PEN/Malamud y es miembro de la Academia Estadounidense de las Artes y las Ciencias” según reza la solapa de la edición española, que también nos cuenta que Saunders es, para la revista Time, una de las cien personas más influyentes del mundo.

Pero aún hay más: Zadie Smith considera este libro “una obra maestra”, Jonathan Franzen dice que “somos afortunados por tener” entre nosotros, vivo y tecleando, a Saunders; Dave Eggers sube la apuesta: “Es único”, y Thomas Pynchon ha sacado un poco la nariz del zulo ese en el que labra su leyenda para afirmar: “Nos cuenta justo el tipo de historia que necesitamos escuchar en estos tiempos”.

'Lincoln en el Bardo'
'Lincoln en el Bardo'

Vale. Lo hemos entendido. George Saunders es, sobre todo y por encima de cualquier otra cosa, un tipo simpático. Si ven que un autor tiene muchos premios y becas y blurbs, descarten de inmediato la literatura, porque la cosa va de encanto. Diría incluso que la sobreabundancia de buenas palabras sobre un autor, lejos de llevarnos a leer algún libro suyo, debería inocularnos el deseo irrefrenable de tomarnos una copa con él, de catar las martingalas de su personalidad.

Oh, qué trato tan maravilloso debe de tener este tipo, George Saunders.

Experimentos

A mí 'Lincoln en el Bardo' no me ha parecido mala, pero también es verdad que no me la he leído entera. Para leer hasta la última página 'Lincoln en el Bardo' hay que tener veinte años, hay que tener ilusiones, hay que ser impresionable, hay que decirle que sí o que no a la cocaína. Las novelas experimentales son cocaína, tiempo que perder. Con veinte años aún tienes tiempo que perder.

Las novelas experimentales son cocaína, tiempo que perder. Con veinte años aún tienes tiempo que perder

Primero, el título. Lincoln es Lincoln, pero, el Bardo ¿qué es? Bien, pues parece que es el limbo tibetano, el modo en el que la cultura tibetana denomina una región de transitoriedad entre la vida y la muerte parecida al limbo cristiano. Aquí ya vemos cómo funciona el mundo: oh, dice la mayoría. De pronto, saber que no sabías nada del limbo tibetano te hace agachar la cabeza, y Saunders ya es una genio porque tú eres incapaz de entender siquiera el título de su puto libro. Pero hay una minoría que no se achanta: yo. No sabía nada de bardos tibetanos, de acuerdo, pero ¿acaso los estadounidenses que murieron en el siglo XIX iban todos casualmente y porque sí al limbo en el que cree la gente de un país que está a 8.000 km de distancia de Washington? ¿Desde cuando los muertos de una cultura acaban en los espacios esotéricos de otra cultura? Titular 'Lincoln en el Bardo' una novela es como titular otra 'Carlos V en el Valhalla'. O 'Atila en El Escorial'. O 'Franco jugando al mah jong'. Para un cómic de serie Z, tiene su aquel; para una novela literaria, es -la verdad- una boutade.

Situados en el limbo (como ha traducido valientemente una editorial portuguesa: 'Lincoln en el limbo', y déjame de líos con el apropiacionismo cultural), ya vale todo. Los personajes centrifugan sus conciencias, entran unos dentro de otros, y también dentro de los vivos, recuerdan sus vidas, cambian de lugar, cuentan sus historias. Ocasionalmente dejan frases a la mitad. El grueso de la novela de Saunders es escritura dramática, vamos, teatro. Los parlamentos suenan bien, suenan a Shakespeare, pues ya saben ustedes que cuando nos morimos, de pronto, nos ponemos todos a hablar como Hamlet escena 4ª acto II (escena en la que, por cierto, no sé si sale Hamlet).

George Saunders, autor de 'Lincoln en el Bardo', al recibir el Premio Man Booker Prize 2017 en Londres. (Reuters)
George Saunders, autor de 'Lincoln en el Bardo', al recibir el Premio Man Booker Prize 2017 en Londres. (Reuters)

La otra mitad formal del libro nos habla de Lincoln a través de citas. Son extractos de memorias, autobiografías o cartas, y están engarzadas de tal forma que cuentan un episodio o trazan un retrato. La muerte del hijo de Lincoln relaciona ambos tiros verbales, pues los muertitos del Bardo reciben al niño fallecido y contemplan la desolación de su padre, cuando acude al cementerio.

Literatura estadounidense

¿De qué va 'Lincoln en el Bardo'? Va de todo lo que usted haya leído antes. De eso va. Si usted no conoce la afirmación de Walter Benjamin: “Me gustaría escribir un libro exclusivamente con citas” ni ha leído 'Antología de Spoon River', de Edgar Lee Masters, ni ha leído a Beckett, ni ha leído 'El corto verano de la anarquía', de Enzensberger, ni toda la literatura estadounidense desde el relato zen 'Teddy' (Salinger, 1953) a la novela 'Tan fuerte, tan cerca' (Safran Foer, 2005), con especial atención a 'El plantador de Tabaco' (1960), de John Barth, es imposible que encuentre placer alguno leyendo este libro.

¿De qué va 'Lincoln en el Bardo'? Va de todo lo que usted haya leído antes. De eso va

Porque el placer del libro experimental del siglo XXI está en recuperar lecturas, en establecer vínculos, en localizar ecos. Por sí sólo, 'Lincoln en el Bardo' no podría ni siquiera existir. Sería una malformación. Un extraterrestre. Pedro Sánchez.

Yo leo doscientas páginas de 'Lincoln en el Bardo' y me lo paso bien porque me siento muy inteligente: me sirve para recordarme leyendo. La mayoría de los lectores, con este libro, se recordarán sufriendo un examen de Física y Química, con 14 años, que además suspendieron.

¿Son idiotas? No, simplemente han llegado tarde a la conversación. Han llegado a ella justo en ese momento en el que empiezan las bromas privadas, un código muy pequeño.

La alta literatura, ay.

Mala Fama

Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
4 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios