Un libro extraordinario que solo un auténtico canalla podría escribir

Volver a un libro ya leído quizá sea la prueba definitiva sobre su calidad literaria, como sucede con 'Mis rincones oscuros', de James Ellroy

Foto: Ellroy: escribo para contar historias y vivo absolutamente en mi imaginaciÓn
Ellroy: escribo para contar historias y vivo absolutamente en mi imaginaciÓn

Se publican pocas novedades en los días de verano, y eso está bien. Uno de los argumentos de peso para establecer el verano de un año de duración sería justamente ése: la paz que da que nos callemos un poquito. La novedad editorial es la huida hacia adelante de la lectura, un frenesí de modas y campañas promocionales, un guirigay de autores tomando la palabra todos a la vez y pasando enseguida al fondo de la sala, donde nunca más son escuchados. El lector se pregunta: ¿qué leí? Y no sabe ya qué leyó, de tanto leerlo todo. Por eso me gusta el verano, porque aparte del Mundial, se puede releer.

Y este verano le ha tocado a James Ellroy, cuyas memorias 'Mis rincones oscuros', aparecidas en 1996, se publicaron en España en el 1998. Ahora Random House las ha vuelto a poner en circulación y yo las he vuelto a leer.

'Mis rincones oscuros'. (Random House)
'Mis rincones oscuros'. (Random House)

Ya sólo ese gesto, volver a leer, da cuenta de cómo nos inquietó un libro, de la sed que inauguró en nosotros. Habría que tumbar todos los estudios de lectura y hacerlos de nuevo desde un arriesgado punto de vista: qué se relee, cuántos releen '50 sombras de Grey' y cuántos, 'Velocidad de los jardines'. Y qué busca uno cuando quiere releer.

Busca, quizá, medir entre dos lecturas del mismo libro la propia degradación, la propia mejora o un preocupante cambio de sensibilidad. Releer es volver a las fotos que nos hicimos de jóvenes, y compararnos la inteligencia, el gusto y hasta la tontería. Por eso habría que releer también los best sellers, el libro de moda en 1999 y hasta los propios artículos primerizos.

Pero releer significa también volver a lo bueno, que ya se nos va nublando en la memoria con el paso de los años. Y es que James Ellroy hizo en 1996 algo muy grande y muy indecente: vendernos el cadáver de su madre.

Facha feminista

De aquella primera lectura de 'Mis rincones oscuros', a cargo de Ediciones B, me quedó sobre todo la segunda parte, donde Ellroy narra su vida huérfana. Su madre fue asesinada cuando él tenía 10 años, y su padre murió cuando contaba 17. Ellroy empezó a pintar esvásticas en los cuadernos, a relacionarse con asociaciones racistas y a celebrar la proliferación de armas nucleares. Además, entraba en casas ajenas para robar ropa interior de las chicas que le gustaban. También se drogó hasta caer redondo, durmió en la calle, se acostó con prostitutas y se alistó en el ejército. Era más facha que nadie.

Un narrador extremadamente reaccionario retrata en sus páginas como nadie lo ha hecho nunca la violencia contra las mujeres

¿Puede un facha ser feminista? Ahí les he pillado con la guardia baja, no me lo nieguen. Es la pregunta que me iba haciendo en la segunda lectura de este libro, pues un narrador extremadamente reaccionario retrata en sus páginas como nadie lo ha hecho nunca la violencia contra las mujeres, empezando por la que sufrió su propia madre. “Los hombres mataban para impresionar a otros hombres. Mataban para poder hablar de ello. Mataban porque eran débiles y perezosos.” “Los hombres mataban a las mujeres por cortacéspedes y ollas de presión lenta.” “Los hombres mataban a las mujeres porque al mundo no parecía importarle y lo perdonaba.”

Ellroy se pregunta durante 500 páginas por qué los hombres matan a las mujeres, y durante toda su obra se ha preguntado por qué mataron a su madre. Todas las mujeres muertas cuyas vidas contó en sus novelas antes de estas memorias eran su madre. Y esa es la lección del facha feminista: que todas las mujeres asesinadas son asunto nuestro.

Autoficción, autopromoción

'Mis rincones oscuros' es un libro de investigación sobre el asesinato de la propia madre hace más de treinta años que incluye en sus páginas la misma investigación. Ellroy contrató al policía retirado Bill Stoner para que le ayudara a resolver el caso. Quería saber al menos quién fue el asesino.

Habría que preguntarle a Emmanuel Carrère si leyó 'Mis rincones oscuros' antes de escribir 'El adversario', si vio en el libro de Ellroy el nuevo camino: actualizar el 'A sangre fría' de Capote. También habría que preguntarle a Javier Cercas si leyó y con qué consecuencias 'El adversario' antes de escribir 'Soldados de Salamina' y hasta preguntarle a Bolaño si leyó 'Mis rincones oscuros' antes de escribir 'La parte de los crímenes' en '2666'. ¡Anda que no hay cosas tontas que preguntarle a los escritores!

James Ellroy. (EFE)
James Ellroy. (EFE)

El caso es que, amén de la autoficción, para lo que Ellroy muestra en este libro un desparpajo notable es para la autopromoción, su hermano gemelo. Catalizando el asesinato de su madre Jean mediante la escritura de una novela sobre otro asesinato real (el muy sonado de Betty Short), Ellroy vio algo: el dinero. “Me encerré durante un año y escribí 'La Dalia Negra'. (…) Dediqué el libro a mi madre. Sabía que podía unir a Jean con Betty y encontrar oro de veinticuatro quilates. Financié mi propia gira de promoción. Hice público el vínculo. Convertí 'La Dalia Negra' en un best seller nacional.”

Después, investigando finalmente la muerte de su madre pudo acceder a los archivos policiales, llenos de fotografías escabrosas del cadáver. “Ésa es su madre. ¿Cómo puede mirar esas fotos?”, leemos.

“Yo tenía que ver el expediente. Tenía que escribir sobre aquella experiencia y publicar el texto en alguna revista importante. Sería un buen golpe publicitario para mi siguiente novela.”

La revista fue GQ. El artículo dio paso a 'Mis rincones oscuros', un libro extraordinario que -téngalo muy claro- sólo un auténtico hijo de puta podría escribir.

A veces hay que admirar a los hijos de puta.

Mala Fama

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