El rey se divierte... ¡y el pueblo también! La orgía babilónica del reinado de Felipe IV

El reinado de Felipe IV fue una juerga babilónica según radiografió José Deleito y Piñuela en un puñado de encantadores ensayos donde la sexualidad aparece en primer plano

Foto: Felipe IV, el monarca adicto al sexo
Felipe IV, el monarca adicto al sexo

Dios bendiga la ignorancia. Si yo lo supiera todo sobre libros, no merecería la pena escribir esta columna. Es la ignorancia, y no la sabiduría, la que me legitima para decirles a ustedes lo que tienen que leer. Miren por ejemplo las bibliotecas particulares, el orgullo de tantas viviendas. He visitado varias casas este verano y he parado mucho en qué libros tenían. Deben saber que en todas las casas de España hay un libro de Eduardo Mendoza. Pero también en todas las casas de España hay un libro increíble. El libro increíble de una casa en las Vistillas de Madrid se titulaba 'El desenfreno erótico', y lo firmaba Deleito y Piñuela. Ustedes creerán que me leí el libro por el título, y no: me lo leí por el nombre del autor. Hay grupos indies y bares de moda que han fracasado intentando alcanzar semejante nivel de sofisticación: Deleito y Piñuela. Tenemos que abrir un pub llamado Deleito y Piñuela y poner precios estratosféricos.

Esto de las bibliotecas domiciliares hay que explicarlo un poco. Muchos son los que se jactan de tener cinco o quince mil volúmenes en su casa, cuando según una japonesa que sale en Netflix basta con guardar cincuenta. Obviamente la japonesa lleva razón. Yo no tengo nada que mirar en una biblioteca que lo tiene todo; lo que me fascina son los cincuenta y seis libros que tú tienes en tu casa, los ciento dos, los trece angustiosos libros que guardas por ahí. Esos me dirán más de ti de lo que veinte mil volúmenes pueden decirme sobre Luis Alberto de Cuenca. ¿Qué sorpresa va a encontrar uno en una biblioteca que tiene todos los libros? ¿No es el orden alfabético en una biblioteca privada la primera prueba de que no tiene nada de íntima?

Pletórico de diversiones

'El desenfreno erótico' es un librito de 1995. Junto a otros noventa y nueve -y todos estaban en aquella casa de las Vistillas, y todos revisé-, formó la colección Alianza Cien, breves lecturas fundamentales que, según la portadilla, invitaban al lector “a aprovechar los escasos momentos de ocio creados por las nuevas formas de vida”. En los noventa ya había nuevas formas de vida, amigos.

Con su boyante índice ('Generalidad de la relajación sexual', 'El adulterio en la mujer', 'La prostitución' y 'Anormalidades sexuales'), el librito me llevó a otros de Deleito y Piñuela, de títulos tan bonitos como 'La mala vida en la España de Felipe IV', 'El rey se divierte' y 'También se divierte el pueblo'.

'El desenfreno erótico' (Alianza Cien)
'El desenfreno erótico' (Alianza Cien)

Resultó que 'El desenfreno erótico' era sólo la primera parte de 'La mala vida en la España de Felipe IV', y que 'También se divierte el pueblo' resumía en un glorioso primer párrafo toda la aventura rijosa y rigurosa de Deleito y Piñuela: “Pocas veces, en la trágica historia española, estuvo nuestro pueblo más alegre y pletórico de diversiones, espectáculos y fiestas, que en los cuarenta y cuatro años del siglo XVII (1621 a 1665), en que rigió a España la frívola, regocijada, abúlica y sacra majestad de Felipe IV, soberano de dos mundos.” Esto es escribir bien el español y lo demás son postales desde Mallorca.

Deleito -cuyo nombre parece casi excesivamente apropiado- revisó literatura y prensa de la época para contar el deleite de los tiempos del cuarto Felipe, una sexualidad adulterina mayormente, de mucha doncella dudosa y meretriz cierta, que acababa en sangre con frecuencia y tenía a la Justicia de lo más ocupada. Algunos de los casos que cita Deleito y Piñuela (el que sigue procede de una carta) son como un relato de Thomas Bernhard en 'El imitador de voces': “Estándose un hombre muriendo y queriendo hacer testamento, y habiendo mandado llamar al escribano para ordenallo, llegó a él su mujer y le dijo que, para descargo de su conciencia, le decía que los hijos que tenía no eran suyos, sino ajenos. Él la oyó su dicho bien impertinente, y, haciéndose hora de comer, llegando la mujer a partirle el pan, cogió el enfermo el cuchillo y se lo metió por el corazón y la mató; y él murió dentro de cuatro horas. Y a él y ella los enterraron juntos.”

José Deleito y Piñuela, naturalmente depurado por el franquismo, se dedicó en los cuarenta a estas investigaciones frívolas y fascinantes

El autor también nos cuenta que las mancebías eran prácticamente un asunto de Estado, estaban por todo Madrid y, a la hora de prohibirlas, salió en su defensa nada menos que un misionero franciscano, Pedro Zarza, que estimó que “vigiladas con cuidado por el Gobierno y sujetas a ciertas reglas, eran útiles a la buena moral, a la salud pública y al bienestar del reino, y así que veía mayores males en su prohibición que los que producían las casas mancebías.” El bueno de Pedro Zarza fue desterrado de la Corte y se ordenó cerrar todos los burdeles, lo que no significó que cerraran, como es obvio, sino que sólo que hicieron menos ruido.

José Deleito y Piñuela, naturalmente depurado por el franquismo de su cátedra en la universidad de Valencia, se dedicó en los años cuarenta a estas investigaciones frívolas y fascinantes sobre el entorno y la España de Felipe IV, según sus usos sexuales y vicios, y es una bendición haberlo ignorado durante tantos años de mi vida como lector. Porque leer no nos saca de la ignorancia. Leer es la casa de la ignorancia.

Mala Fama
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