La Estrella de la Muerte de Irene Montero: no somos dignos del Ministerio de Igualdad

La explosiva opinión de la ministra sobre las bajas por maternidad dinamita todo su crédito en la lucha feminista

Foto: Irene Montero comparece ante la comisión de Igualdad del Congreso. (EFE)
Irene Montero comparece ante la comisión de Igualdad del Congreso. (EFE)

La semana pasada, el Ministerio de Igualdad tuvo mucho trabajo. Estableció la peligrosidad del color rosa, avisó del riesgo que corren nuestros hijos si los exponemos a los anuncios del Monopoly y nos recordó la conveniencia de aprovechar una baja por maternidad para maniobrar en contra de las mujeres. Esto último fue lo que más caló, pues lo propagó la propia ministra.

Irene Montero ha conseguido algo muy meritorio desde su cartera de Igualdad: que hagas lo que hagas nunca seas tan dañino para las mujeres como ella. Su bagaje en esta dirección no conoce límites. Recordemos que Montero señaló con nombre y apellidos a la dueña de un piso que había subido el alquiler y esta mujer fue linchada y amenazada por la jauría en las redes sociales; que humilló a una escolta durante meses y luego evitó ir a juicio comprando su silencio por varias decenas de miles de euros. La semana pasada, justificó que a una rival política pueda torpedeársela aprovechando su baja por maternidad. Esto es tan acojonante que tengo que darle otra oportunidad en el siguiente párrafo.

La ministra de Igualdad de España, preguntada por una jugarreta política que supuso la expulsión de una mujer de un grupo parlamentario autonómico aprovechando que en ese momento causaba baja por maternidad, afirmó que le parecía muy bien porque “la política no para” y, por tanto, puede atropellar a todas las madres que cuidan de sus recién nacidos que haga falta. Quizá se referían a esto con lo de poner los cuidados en el centro.

Yo estoy acongojado. Como hombre, digo. No doy la talla para que todo un ministerio me fiscalice. Siento, de veras, que estoy decepcionando al Ministerio de Igualdad, pues ya solo su ministra, a nada que tiene un rato, es capaz de despreciar a las mujeres de una forma que yo veo inalcanzable. La ministra de Igualdad está dejando en evidencia el machismo a fuerza de ser más machista que nadie. Esto no lo vimos venir, hay que reconocerlo: que se creara un ministerio feminista solo para que su máxima responsable destruyera todos los logros del feminismo.

Cinco tartas iguales

En menos de un año de vida, el Ministerio de Igualdad ha conseguido hacer cinco tartas, dos sesiones de fotos en plan supermodelo, un puñado de informes contra las señales de tráfico, el color rosa y los anuncios donde las niñas salen sentadas y cuarto y mitad de una ley que se dice de libertad sexual en pleno 2020 en España, que tú creías que había libertad sexual en Madrid por la moda del poliamor, la salas de 'swingers', los tríos a domicilio y los 24 'sexshops', y no, qué va a haber libertad sexual en Madrid. La libertad sexual es lo que te diga una mujer casada y con tres hijos cuando encuentre por fin a alguien que le redacte bien la ley.

Lo fascinante de Irene Montero es la firmeza con la que no se cree nada de lo que predica

Lo fascinante de Irene Montero es la firmeza con la que no se cree nada de lo que predica. No se cree la sororidad, no se cree la lucha contra el patriarcado, no se cree que una mujer sea más feliz sola que en familia y no se cree que las mujeres no tengan que vivir esclavizadas por el canon de belleza. Tampoco se cree que “el capitalismo sea incompatible con la vida”, obviamente. Su éxito profesional deriva justamente de tomar invariablemente la dirección contraria: compite a muerte contra otras mujeres, busca como pareja al hombre más poderoso de su entorno y forma una familia tradicional con muchas criadas para poder estar siempre guapa y salir a todo color en las revistas de moda. Y gana unos 100.000 euros al año plenamente compatibles con su cinismo.

Hasta la semana pasada, Irene Montero iba bien. Usuaria en exclusiva de ese botón del pánico llamado MACHISMO, todo lo que hiciera resultaba incuestionable si uno no quería verse sepultado por el pringoso estigma. Su nombramiento como portavoz de Podemos en el Congreso se resolvió así: si te parecía chusco que la novia del número uno ocupara ese puesto, se debía a tu machismo. No en vano, Montero daba visibilidad a las mujeres siendo portavoz, nos dijeron. Sin embargo, cuando fue nombrada ministra de Igualdad, ese puesto que daba visibilidad a las mujeres ya no importaba que diera visibilidad a las mujeres, y por eso recayó en Pablo Echenique, que ciertamente da visibilidad a la gente que no paga la Seguridad Social de sus trabajadores.

En Carabanchel, nos pasamos las tardes en los bares hablando del género como construcción social, muy irritados

Creado el Ministerio de Igualdad única y exclusivamente porque Irene Montero tenía que ser ministra (España es el país más seguro del mundo para que una mujer ande sola por la calle: hay decenas de estudios así de favorables), nuevamente señalar ese derroche en expertas en repostería y salarios de palmeros se debía a tu inclinación secretamente misógina. El hecho de que Yolanda Díaz como ministra de Trabajo no reciba ni el 1% de las críticas que recibe Irene Montero no se debe a que Díaz sea una persona solvente en un ministerio fundamental y no tenga tiempo para sesiones de fotos, sino a que el paro y los ERTE no preocupan en absoluto a la gente, como sí lo hacen la teoría queer y el género como construcción social. En Carabanchel, nos pasamos las tardes en los bares hablando del género como construcción social, muy irritados.

Sin embargo, la polémica de la semana pasada sobre la baja por maternidad como momento ideal para la puñalada política ha supuesto el fin de Irene Montero como farsante del feminismo. Algunos objetaban a la trifulca en Twitter entre Teresa Rodríguez e Irene Montero (con intervenciones también muy apropiadas de Ramón Espinar o Tania Sánchez) cierta falta de decoro y miramiento, pues suponía lavar la ropa sucia a la vista de todos. En realidad, fue fantástico. Dense cuenta de que si Teresa Rodríguez no hubiera manifestado públicamente su pasmo ante las declaraciones de Irene Montero en Radio Nacional, el pasmo de cualquier otro ante una ministra de Igualdad afirmando que en política es perfectamente legítimo pasar por encima de madres que cuidan de sus hijos hubiera sido desactivado como simple machismo (¡machismo del que criticara a Irene Montero, no de Irene Montero!). Tenía que ser Teresa Rodríguez la que cortocircuitara la Estrella de la Muerte de la ministra, esa fortaleza argumental basada en repetir cien mil veces en Twitter que si la ministra hace algo que no te gusta, es que eres machista.

También ha servido este rifirrafe para entender de manera definitiva que todo el talento de Irene Montero se reduce a una patológica falta de escrúpulos. Gana siempre porque nunca se parará a pensar qué significa la palabra ética.

Mala Fama
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