Nuevas masculinidades: cómo convertir a un hombre en tu mascota

La nueva masculinidad es una moda donde gente que nunca ha entendido la masculinidad te la explica

Foto: Una mujer muestra a su mascota. (EFE)
Una mujer muestra a su mascota. (EFE)

La transformación de los hombres en mascotas es uno de los fenómenos sociológicos del momento. Ser mascota está de moda. Pueden verse hoy algunas mujeres con sus mascotas en las redes sociales, y en los museos. La mascota es mullida, suave, tan blanda por fuera que parece toda ella de algodón. En lugar de ladrar, tuitea. "Ataca", dice ella, y la mascota ataca. "Sit down", y la mascota se sienta. Sabe inglés. Hay mucha globalización en el mundo de las mascotas, qué duda cabe. Esta domesticación del hombre que no se ha metido con nadie para convertirlo en animal de compañía es lo que se conoce como 'nueva masculinidad'.

La nueva masculinidad tiene sus exigencias, correa aparte. Hay que saber cocinar. En 'Antidisturbios', la extraordinaria serie de Rodrigo Sorogoyen e Isabel Peña sobre machos, aparece una mascota cocinando. Es el novio de la protagonista. Es catalán. Vamos, lo tiene todo. El delicado novio de Vicky Luengo le prepara la cena, la escucha y supongo que antes ha limpiado y ordenado algo por ahí. Sin embargo, el mal no está completamente extirpado de su corazón, porque a veces se va a ver fútbol con sus amigos. Otro problema es que Vicky prefiere follar con un antidisturbios. Yo, la verdad, también lo prefiero.

En 'Big Little Lies' sale otra mascota, absolutamente maravillosa. 'Big Little Lies' trata de cuatro mujeres con sus casas de lujo y sus vidas tormentosamente burguesas. Reese Witherspoon tiene ese hombre en casa que le hace los mueslis. Ella le es infiel, porque a las mascotas se les es infiel con bastante frecuencia. Entonces, Ed (Adam Scott) sufre un proceso de autoafirmación masculina apasionante, se vuelve cada vez más autónomo y se suelta el dogal. Aquí vemos al hombre nuevo que en realidad ha sido un pringado toda su vida. Su gran momento es cuando descubre eso mismo, que siempre ha sido un pringado y una persona humillada, y proclama: “Fantaseo con que un día alguien venga y me diga algo o me haga algo y eso me dé la oportunidad de redimirme”.

Es duro tener que dar siempre la razón a tu novia

El hombre nuevo o adscrito a la nueva masculinidad es de dos tipos. Por un lado, el calzonazos, pringado, blandengue (El Fary 'dixit') o tímido de toda la vida, que encuentra en su condición de mascota el acomodo fatal a una existencia lastrada por la subordinación. Por otro, el macho insano, que ve aquí la oportunidad de desdibujar todos esos años de maltratar novias y amantes y de practicar boxeo. Este último es el más peligroso, sobre todo para su novia.

Me fascinan, por un lado, los hombres metamorfoseados en mascota, porque es duro tener que andar siempre dándole la razón a alguien, a tu novia. Isabel Coixet ha contado hace poco que ella sugirió en Hollywood no sé qué para una película y no le hicieron caso, y que cuando Clint Eastwood sugirió eso mismo sí le hicieron caso, porque era "un señoro". Es conmovedor. Una mascota le dirá a Coixet que tiene razón, que tiene talento, que muy mal. Un novio que conservara aún su condición antropomórfica le diría que Clint Eastwood no es un 'señoro', que es el puto Clint Eastwood.

Escritores mascotas

Donde se ven muchas mascotas es en el mundo literario, en la figura del escritor cuya novia también es escritora y él va desapareciendo mientras ella gana premios y es invitada a festivales. Él afirma que le gusta ser el que va de acompañante al festival, el que le sujeta el trofeo a la escritora mientras ella da algunas entrevistas. Es tristísimo: la mascota feliz. Cuando Jonathan Franzen alcanzó la gloria más absoluta con 'Las correcciones', su esposa, Kathryn Chetkovich, tuvo que escribir un ensayo entero, titulado 'Envidia', para purgar la rabia que le daba ese aldabonazo. Quiere decirse que Chetkovich es escritora. Un escritor de verdad no está a gusto con el éxito de ningún otro escritor, aunque sea su propio hijo. Lo sabe cualquiera.

Me entusiasma el caso de un autor que, al hilo de mis artículos en este espacio sobre machismo en la literatura, declaró en Twitter que él estaba tan encantado con la proliferación de autoras que iba a apartarse (sic) para dejarles el camino libre; él era poca cosa, en fin, frente al talento infinito de cualquier mujer. Mientras, no dejaba de publicar un libro tras otro en sellos importantes —lo que sin duda constituye una forma muy peculiar de apartarse—, y su última novela se presentó este mismo año con el reclamo: “Uno de los mejores escritores latinoamericanos”. Para muchos de nosotros, es totalmente inalcanzable este modo de reírse de las mujeres.

También me fascinan las mujeres que prefieren compartir vida con una mascota

Pero también me fascinan las mujeres que prefieren compartir su vida con una mascota en lugar de con una persona. Sí, cariño, Clint Eastwood es un señoro, te hacen de menos por ser mujer. Sí, amor, tienes que esforzarte el doble para que te reconozcan. Sí, abubilla, todo sí de aquí hasta mañana por la mañana, momento en el que volveré a decirte que sí a absolutamente todo. Qué cosa tan patética.

Por supuesto, la gente que habla de nueva masculinidad y que apela a un supuesto modelo masculino previo invariable y reconocible no ha visto nunca a un espécimen real de ese patrón hormonal contra el que dice estar luchando. Vamos, nunca han estado en un bar de barrio de Alcorcón. Rita Maestre no ha estado nunca en un bar de barrio de Alcorcón.

Rivales

Ana Iris Simón, sí. La joven autora, debutante con su imprescindible 'Feria' (Círculo de Tiza), habla de los hombres en esas páginas y en muchas entrevistas con una cadencia emocional de gran nobleza y conciliación. “Reivindico la masculinidad de mi padre”, dijo hace poco en 'Valencia Plaza'. Y añadía: “Y por mi padre, por mi abuelo, por mi novio, por mis amigos, por los hombres a los que he querido y quiero es por quienes me da pena y rabia que se hable con brocha gorda sobre la masculinidad e incluso que a veces se la patologice”. Enfrentar el discurso de Ana Iris Simón con las paparruchas de los portavoces de la, así llamada, nueva masculinidad es como enfrentar la vida grande con una miniatura de vivir. En la vida grande, nadie es la mascota de nadie.

Es más: dudo mucho que se pueda ser pareja de alguien sin ser, en alguna medida, su rival. Las parejas se construyen por afinidad, pero se mantienen a condición de que uno siempre pueda llevarle la contraria al otro. El roce no hace el cariño; lo hace la fricción.

Hace poco, me saltó en YouTube una canción de Bob Dylan titulada 'It ain´t me, babe'. Yo estaba a mis cosas (de hecho, limpiando algo), pero de pronto toda la canción, de 1964, empezó a parecerme un himno contra la transformación de un hombre en una mascota. “No soy yo, nena”, cantaba Dylan. “Dices que estás buscando a alguien /que nunca sea débil y que siempre sea fuerte/ para protegerte y defenderte/ tengas razón o estés equivocada”... “No soy yo, nena”. “Que recoja para ti flores constantemente y acuda cada vez que lo llames... No soy yo, nena; no soy yo lo que estás buscando”.

Pues eso, amigas: 'ain´t me'.

Mala Fama