Deja de ver 'Sálvame' y lee a Javier Marías
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Alberto Olmos

Mala Fama

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Deja de ver 'Sálvame' y lee a Javier Marías

Sorprende ya una lectura tan exigente como 'Tomás Nevinson', en tiempos en los que se da por bueno dedicar miles de horas a la telebasura

placeholder Foto: El escritor y miembro de la Real Academia Española Javier Marías. (EFE)
El escritor y miembro de la Real Academia Española Javier Marías. (EFE)

Me ha tocado escribir sobre Javier Marías cuando todo el país está pendiente de Rociito. Es escalofriante. Anoten que, para celebrar el día de la poesía, el Ministerio de Cultura tuiteó este poema: “Me siento congelado en una primavera que solo quiero ver florecer dentro de ti cuando te abrace la próxima vez”; anoten también que, solo cuando un autor, una directora de cine o un artista plástico sale en los periódicos, al día siguiente el ministro de Cultura le empieza a seguir en Twitter. No falla. La cuenta del señor Uribes es un catálogo preciso y dantesco de todo lo que no es cultura, ni casi honra: la moda, el premio, los seguidores, la juventud por la juventud y la fea fama.

Yo ya creo que hay que recuperar el elitismo, el esnobismo, la superioridad intelectual y el puro desprecio. Lo de mezclar alta y baja cultura se nos ha ido de las manos, porque de la alta cultura no va quedando nada. La gente empezó a permitirse ver 'Sálvame' y otras telebasuras como muestra de su magnanimidad cultural, como una forma, también, de acercarse y arropar al pueblo. Pero no solo han acabado aplaudiendo 'La isla de las tentaciones' como si no fuera la basta celebración nacional de la humillación que es, sino confundiendo lo popular con lo chabacano. El 'Un, dos, tres' era popular; hasta José Luis Moreno era popular con sus galas y sus muñecos en las galas; 'Sálvame' o 'Gran Hermano' o 'La isla de las tentaciones' son embrutecimientos masivos, el campo de concentración de lo popular.

Lo de mezclar alta y baja cultura se nos ha ido de las manos, porque de la alta no va quedando nada

La gente dice ver estas cosas compaginadas con los caudales culturales clásicos, el cine, novelas, óperas, museos. Es falso. El paladar no se improvisa, también se atrofia, y además su mecánica es irreversible. Si te pones una película de Yasujiro Ozu después de ver durante meses 'La isla de las tentaciones', te puede dar un ataque al corazón. Prueben a ver.

Marías

Y entonces llega Javier Marías con casi 700 páginas de las suyas. Lo genial de Javier Marías es que vende libros, y en varios países y desde hace tres décadas. Es genial porque Marías concita el ditirambo de la crítica y el dinero de los lectores, cuando estas cosas suelen ir cada una por su lado. Hay que escribir muy mal para que te siga en Twitter el ministro de Cultura.

Hay que escribir muy mal para que te siga en Twitter el ministro de Cultura

Marías escribe como siempre, como nadie, incluso mal. Leer a Marías es entrar en una sintaxis particular, fácilmente imitable y hasta ridiculizable. Son frases largas, pero se han hecho muchas frases largas; son frases bonitas, y muchos las han escrito antes que él. Pero sobre todo son frases conculcadoras de la gramática, “raras”, incorrectas fuera de ese marco (Marías mismo) que les da legitimidad. Oigan esto: “Se prestaba a las efusiones con bastante facilidad, sin otorgarles la menor importancia, como de hecho hacía con él antes de sus efusiones fieras y después”.

placeholder 'Tomas Nevinson' (Alfaguara).
'Tomas Nevinson' (Alfaguara).

Tomás Nevinson (Alfaguara) alarga la —pongamos— tercera etapa de la obra de Javier Marías, obra que este año cumple medio siglo. Su primer libro, 'Los dominios del lobo', apareció en 1971. Hasta 'Todas las almas' (1989), sus libros fueron variados, tentativos, radicales algunos ('El monarca del tiempo', 1978). Desde su primera novela oxoniense, Marías encontró la voz y la monotonía, una clave para hacer novelas, y ahí llegaron 'Corazón tan blanco', 'Mañana en la batalla piensa en mí' y los primeros millones de lectores, gracias en buena medida a un crítico alemán y, de hecho, a un millón de alemanes. Después rompió con Anagrama y publicó en Alfaguara 'Negra espalda del tiempo' y 'Tu rostro mañana' (en tres volúmenes de títulos también vistosos). Era, en esta segunda etapa, un Marías soberbio, inacabable, siempre mejor, siempre más ambicioso. Hasta llegó a decir que después de 'Tu rostro mañana' no iba a escribir más, que “había cumplido”.

No fue así y llegaron 'Los enamoramientos', 'Así empieza lo malo', 'Berta Isla' y 'Tomás Nevinson', cuatro novelas largas que, como curiosa forma de dejar de escribir, no han conseguido ser una forma de que se le deje de leer. 'Los enamoramientos' fue un enorme éxito, por ejemplo.

Foto: El escritor Javier Marías (EFE) Opinión

Derivas

Sin embargo, para los lectores primitivos, esta novela de 2011 fue un chasco. No iba a más, Marías nos parecía aguado o clónico o entretenido, derivado de sí mismo. Tercera etapa, entonces. 'Tomás Nevinson' la lee uno ya con esa conciencia epocal, de Marías estándar, digno y cimentado. Visto así, quizá si volviera a leer 'Los enamoramientos' me gustaría más.

La novela empieza con la habitual frase concesiva de Marías (en este caso: “Yo fui educado a la antigua, y nunca creí que me fueran a ordenar un día que matara a una mujer”.) El íncipit en Marías revela algo asombroso: que quiere vender libros, entretener, pero no le sale todo el rato. Enseguida la prosa profunda toma el mando y el libro es una lucha a brazo partido entre la trama y lo poco que le importa al otro Marías la trama. Así vemos que se tarda 120 páginas en que, en efecto, le ordenen a Tomás Nevinson, nuestro narrador, matar a una mujer. Cada vez que va a pasar algo, Marías interpone 120 páginas, que además son las mejores.

El libro lucha a brazo partido entre la trama y lo poco que le importa al otro Marías

Otra estrategia de Marías en esta tercera etapa de su obra consiste en buscar referentes narrativos (cine y novela, por tanto) para su propia historia, que suele ser muy peliculera, y explicitarlos. En este caso, Nevinson debe ir a una ciudad del noroeste del país y determinar cuál de las tres mujeres sospechosas que allí viven esconde bajo su anodina rutina a la etarra responsable de los atentados de Barcelona y Zaragoza en 1987. Y matarla. Se habla largamente de 'Diario de un desesperado' de Reck-Malleczewen y de 'Man Hunt' de Fritz Lang, donde el dilema moral es parecido: acabar con alguien (Hitler, en ambos casos) si se tiene la seguridad de que su muerte ahorrará muchas otras, gratuitas y criminales. Tomás Nevinson vive su peripecia como un James Bond con estudios superiores, y todo le lleva a citas de Yeats, Eliot, Dylan Thomas o John Donne; y mucho 'Macbeth' y siempre Shakespeare. El mundo en vilo mientras nuestro héroe saborea unos versos de Hölderin, amigos.

El peso de la prosa

Así, la novela de espías, comercial y casi barata que podría hacerse con el argumento de Marías va siendo aplastada por el peso de la prosa y la elevada categoría del Tema, con mayúsculas. En 'Tomás Nevinson' es el terrorismo, el asesinato a sangre fría, de inocentes e incautos, de niños incluso, a bombazos, cobardemente y sin beneficio alguno. “Todo se ha gastado, nada se ha obtenido”, se dice varias veces en la novela, en uno de los 'leitmotivs' también típicos de Marías. La historia alcanza su máxima tensión moral al recuperar el asesinato de Miguel Ángel Blanco, que da nuevo aliento a las digresiones del autor sobre el asesinato y el asesinato del asesino y el olvido de la sangre que la sociedad practica al poco tiempo (recuerden que hoy están ustedes tan a gusto atontados viendo 'La isla de las tentaciones'; ¿qué fue ETA?, ¿quién, Miguel Ángel Blanco?).

Marías hace con nosotros lo que Shakespeare hizo con su tiempo

En el tramo final de 'Tomás Nevinson', la trama toma el primer plano, y nos puede la curiosidad por saber a cuál de esas tres mujeres hay que matar, pues el libro se está acabando. Es, también, el clásico Marías de diálogos irreales pero no inverosímiles, siempre limpio y reacio a que la realidad le cuele una palabrota o un bocadillo de calamares en su tapiz. Porque Marías está a otra cosa, a elevarnos, a hacer —por qué no— con nosotros lo que Shakespeare hizo con su tiempo y las gentes de su tiempo, que obviamente no hablaban todos tan bonito como en 'El rey Lear'. O como aquí: “En aquella fecha perdida se había iniciado mi duradera muerte, y todavía no estaba seguro, cada mañana al despertarme, de si ya había concluido esa muerte o si continuaba en ella, o si había permanecido moribundo desde el principio hasta el final, y el final era cada día añadido.”

Me ha tocado escribir sobre Javier Marías cuando todo el país está pendiente de Rociito. Es escalofriante. Anoten que, para celebrar el día de la poesía, el Ministerio de Cultura tuiteó este poema: “Me siento congelado en una primavera que solo quiero ver florecer dentro de ti cuando te abrace la próxima vez”; anoten también que, solo cuando un autor, una directora de cine o un artista plástico sale en los periódicos, al día siguiente el ministro de Cultura le empieza a seguir en Twitter. No falla. La cuenta del señor Uribes es un catálogo preciso y dantesco de todo lo que no es cultura, ni casi honra: la moda, el premio, los seguidores, la juventud por la juventud y la fea fama.

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