Te odio, pero vótame (y otras paradojas de las elecciones en Madrid)
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Alberto Olmos

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Te odio, pero vótame (y otras paradojas de las elecciones en Madrid)

Radiografía de unos comicios abocados a la esquizofrenia

placeholder Foto: Una imagen de la Puerta del Sol. (Efe)
Una imagen de la Puerta del Sol. (Efe)

Dos personas principalmente dan por hecho que el PP va a arrasar en las próximas elecciones de la Comunidad de Madrid: la candidata Ayuso y todo aquel que no la va a votar. Se comprueba a diario esta cualidad demoscópica del odio, según la cual la victoria viene asegurada por la propia desazón. No hay argumentos fuera de los rutinarios (populismo, apoyo de los medios...), ni pruebas en el propio entorno (todo aquel que odia a Ayuso vive rodeado de odiadores de Ayuso), sino solo la pulsión especular, que exige muchos votos del otro lado para disfrutarse. Ayuso va a ganar porque la odio, es la conclusión, bien que sumamente contradictoria. Supone que hay en tu misma comunidad muchísima gente a la que comprendes porque no tienes nada que ver con ellos. Votarán a Ayuso en masa y en éxtasis, y eso es indudable en la medida de tu aversión por ella.

Foto: La presidenta de la Comunidad de Madrid y candidata a la reelección, Isabel Díaz Ayuso. (EFE)

Todo el escenario electoral que empieza a desplegarse en el Madrid autonómico viene marcado por estas intrincadas paradojas, que serían divertidas de reseñar si no delataran cierta esquizofrenia irreparable. En Pablo Iglesias, por supuesto, las paradojas se solapan y suceden, son tantas que acaba uno encariñado con su candidatura. Iglesias es un rico que va por los barrios pobres pidiéndoles el voto. Entonces cree que las clases trabajadoras y humildes votan a la izquierda como cuando la izquierda estaba pensada para ayudar a las clases trabajadoras y humildes. Visita Parla para pedir el voto diciendo que nadie se acuerda de Parla, donde él ha ido una sola vez en su vida: la semana pasada a pedir el voto. Iglesias se pone el 'hoodie' de la coca en serie y recupera la coleta, después de un año (que ha parecido una década) con coche oficial, guardaespaldas, traje Zara y chalé chulo. Dice ir a ayudar a la gente abandonando la vicepresidencia social del país, porque a la gente se la ayuda mejor cuanto menos poder tienes; o sea, de diputado autonómico. Es como asegurar que vas a ganar la Champions yéndote del Real Madrid al Alcoyano. Un no parar.

placeholder Pablo Iglesias, en Parla. (EFE)
Pablo Iglesias, en Parla. (EFE)

Otra paradoja de la izquierda a la izquierda del PSOE se llama Íñigo Errejón. En Madrid y fuera también, la gente no pregunta si votarás a Iglesias o a Mónica García, sino si votarás a Errejón. Esto hace que haya dos candidatos en el mismo sitio al mismo tiempo: Mónica García, candidata, e Íñigo Errejón, candidato subliminal. Más Madrid va bien por eso mismo, porque tiene la primera candidata que, si no te gusta, puedes votarla igualmente porque Errejón también es candidato, y te gusta más.

Más Madrid es un Podemos para toda la familia, como esas series donde también hay mucho sexo, pero cortan la escena al primer roce. Más Madrid es el voto bonito, sin espumarajos ni rabia de ninguna clase. Votándolo no te manchas las manos.

Más Madrid es el voto bonito, sin espumarajos ni rabia de ninguna clase. Votándolo no te manchas las manos

Yo lo que no entiendo de Más Madrid es que hayan dedicado tanto tiempo a un hospital. Vamos, a odiar un hospital. Esta paradoja me tiene loco: Mónica García (que además es médico) se pasó varias semanas criticando que Ayuso hubiera construido el Isabel Zendal. Numerosos tuiteros o columnistas o periodistas afines abundaron en el horror de que la derecha construya hospitales públicos, que es lo que de toda la vida de Dios ha demandado la izquierda: hospitales y colegios. Ha sido de las cosas más alucinantes que se han visto nunca: la izquierda en campaña contra un centro sanitario público, como si fuera una central nuclear. La esquizofrenia ideológica funciona así: todo es criticable si lo hace el otro, incluso si hace lo que nosotros hubiéramos hecho en su lugar. Si gobierna en la Comunidad de Madrid la izquierda, y baja los impuestos, el PP dirá que justo ahora no era el momento.

Foto: El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez (d), junto a la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso. (EFE) Opinión

Lo de la izquierda en Madrid, sin embargo, tiene mala pinta. Es raro ir pidiéndole el voto a la gente diciéndole lo mala que es, despreciando la ciudad donde vive y poniendo en peligro determinadas ventajas fiscales de residir en esta región. “Vótame, que te voy a freír a impuestos” no parece el mejor de los eslóganes. “Madrid apesta, vótame”, tampoco. Ángel Gabilondo (PSOE) ha tenido que afirmar que no va a subir los impuestos aunque su jefe en Moncloa (paradoja) lleve prometiendo eso mismo al resto de España desde que el resto de España se avino a darle Falcon. Acabar con un paraíso suena bien si no vives en él. Si vives en él, te hace pensar que en efecto resides en un paraíso.

placeholder El candidato de Podemos a las elecciones del 4-M, Pablo Iglesias, y Serigne Mbayé. (EFE)
El candidato de Podemos a las elecciones del 4-M, Pablo Iglesias, y Serigne Mbayé. (EFE)

“Madrid es muy racista”, afirmó Serigne Mbayé, portavoz del Sindicato de Manteros y rompedor fichaje de Iglesias para su lista. La paradoja del político identitario es que debe defender su puesto desde el agravio, cuando el sentimiento de culpa no suele llevarse bien con las urnas. El candidato necesita justificar su presencia institucional en determinada lacra social que enuncia de forma rampante (pues, porque sois tan malos, yo estoy aquí), mientras que el elector atiende sobre todo a adulaciones, necesita que le mimen. El fichaje de Serigne Mbayé funcionaría justamente si no dijera nunca una sola palabra sobre racismo, pues entonces le votaríamos porque todos sabemos el mérito que tiene, como senegalés llegado en patera, que ahora aspire a un cargo público.

Julio Rodríguez es otro contradiós en la izquierda, singularmente bufonesco. En algún momento, Pablo Iglesias creyó que el votante de izquierdas vota a militares, y elección tras elección (Zaragoza, 2015; Almería, 2016) el votante de izquierdas ha demostrado que está metafísicamente impedido para votar a militares. Iglesias, empecinado en la milicia, lo ha puesto en su lista para Madrid, a ver si por fin nos damos cuenta de que la izquierda sí vota a militares. Mucha suerte.

Dados los resultados electorales, un bando siempre facilitará que el otro gobierne con su peor versión

Ciudadanos es un partido paradoja, y no hay mucho más que añadir; y Vox no dispone de la paleta de matices propicia a la paradoja: es simple como un granizo. Con todo, la ironía de la derecha será que se vote tanto a Ayuso que se quede sola en su propia gran fiesta de la derrota, si los tres de izquierdas suman más que un PP excesivamente acaparador.

Foto: La portavoz de Vox, Rocío Monasterio (d). (EFE)

Pero la paradoja mayor, y que debe llevarnos al desánimo y también al desdén hacia los políticos, es cómo, dados los resultados electorales, un bando siempre facilitará que el otro gobierne con su peor versión. Lo hemos visto en Moncloa, y lo veremos en la Comunidad de Madrid. Perdidos los comicios, imposibles los números y las sumas, el trabajo del derrotado consistirá en que aquellas políticas que más dice temer, y que más claramente percibe como perjudiciales para la sociedad, se sustancien y concreten del modo más agresivo posible, es decir, con socios inadecuados, concesiones extremas y dispendio compensatorio. Cualquier cosa menos abstenerse para librar a los ciudadanos de la caricatura carísima de la ideología opuesta.

Dos personas principalmente dan por hecho que el PP va a arrasar en las próximas elecciones de la Comunidad de Madrid: la candidata Ayuso y todo aquel que no la va a votar. Se comprueba a diario esta cualidad demoscópica del odio, según la cual la victoria viene asegurada por la propia desazón. No hay argumentos fuera de los rutinarios (populismo, apoyo de los medios...), ni pruebas en el propio entorno (todo aquel que odia a Ayuso vive rodeado de odiadores de Ayuso), sino solo la pulsión especular, que exige muchos votos del otro lado para disfrutarse. Ayuso va a ganar porque la odio, es la conclusión, bien que sumamente contradictoria. Supone que hay en tu misma comunidad muchísima gente a la que comprendes porque no tienes nada que ver con ellos. Votarán a Ayuso en masa y en éxtasis, y eso es indudable en la medida de tu aversión por ella.

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