Sánchez vs. Ayuso: Godzilla vs. King Kong
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Rubén Amón

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Sánchez vs. Ayuso: Godzilla vs. King Kong

La campaña metamadrileña se deriva del antagonismo entre el presidente y la presidenta, pero el líder socialista puede estar subestimando la popularidad... del antisanchismo

placeholder Foto: El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez (d), junto a la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso. (EFE)
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez (d), junto a la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso. (EFE)

Tiene sentido que el duelo megalómano entre Sánchez y Ayuso haya coincidido con el estreno de 'Godzilla contra King Kong'. No cabe el macherío de Pablo Iglesias en la pugna de semejantes criaturas. Y sí cabe el énfasis providencialista que caracteriza las elecciones del 4-M. Tanto pueden considerarse un referéndum sobre Sánchez como un plebiscito sobre Ayuso.

Es la perspectiva que explica la polarización. Y el motivo que ha reanimado los recursos de una campaña desproporcionada. Sánchez y Ayuso abusan de las instituciones que representan y han convertido la pandemia en un estercolero de los eslóganes, pero la diferencia cualitativa en términos de poder y de responsabilidades delata la obscena injerencia de la Moncloa.

Así quiso demostrarlo el propio Sánchez cuando compareció ayer después del Consejo de Ministros. No ya para relamerse en las profecías de la vacunación integral y para inocularnos el paternalismo, sino para subordinar la intervención a un mitin implícito contra Ayuso.

Sánchez anuncia el plan de vacunación

Va a ser larga, sucia y artera la campaña. Empezando por el descaro con que Sánchez está movilizando los recursos del Estado. La encuesta a medida que redactó Tezanos simboliza la desigualdad de la contienda. Es Sánchez quien controla la agenda y los recursos. Por esa razón, se concedió este martes una sesión de euforia en la Moncloa, un baño de almíbar en las cifras que sirvió para exhumar la promesa más recurrente de la legislatura —“estamos en el final”— y para anunciar con el megáfono que el estado de alarma expira sin prórrogas el 9 de mayo.

La estrategia es inequívoca. Se trata de dopar y de adulterar el combate final entre King Kong Y Godzilla, pero no está claro que semejante maniqueísmo responda a un planteamiento inteligente, entre otras razones porque el combustible que nutre la candidatura de Ayuso no consiste en la majadería de la libertad ni en el pavor al comunismo, sino en la fervorosa religión del antisanchismo. Un movimiento transversal, un estado de ánimo. Se profesa en la derecha en circunstancias de idolatría, pero también concierne al desamparo del centro y atañe al recelo con que una cierta socialdemocracia observa el narcisismo cesarista de Pedro Sánchez.

Foto: La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, conversa con el candidato socialista, Ángel Gabilondo (d). (EFE)

La implicación extrema del presidente y la coartada incendiaria de Iglesias estimulan el crédito electoral de Ayuso, la convierten en la emperatriz de Lavapiés. Ya se ocupa ella misma de fomentar el populismo y de encarnarse en alegoría de la libertad como la parodia del lienzo de Delacroix, pero no son pequeños los peligros que la acechan. Primero: las tres marcas de la izquierda —carne cruda, poco hecha y al punto— van a tener representación en la Asamblea y constituyen un frente corpulento donde no va a desperdiciarse un solo voto. Segundo: más crece Ayuso, menos progresan los aliados que pueden proporcionarle la investidura, de tal manera que la eventual desaparición de Ciudadanos y la decadencia de Vox amenazarían la gran victoria del ayusismo. Podría ganar la lideresa del PP por encima de lo necesario, exponerse a la misma hipertrofia que identifica a los monstruitos en cartel: Godzilla contra King Kong.

El duelo extremo ha degradado a las comparsas. Ni siquiera Iglesias consigue un papel de meritorio entre los púgiles superiores. Debe resultarle frustrante a Gabilondo resignarse a una posición de subalterno, como debe resultarle a Casado incómoda la disciplina del padre ausente. Él mismo se ha percatado de las coordenadas del gran duelo. Y se ha convertido en testigo presencial o atónito de las bravuconadas con que se desenvuelve la presidenta madrileña. Ninguna más estrafalaria que la operación Sputnik. Ha organizado Ayuso un plan de sabotaje a Sánchez para negociar con Putin un alijo de vacunas. La operación se resiente de la temeridad institucional y del aroma propagandístico. Y no tiene otro objetivo que demostrar a los madrileños la inoperancia de la Moncloa, aunque sea al precio de desdibujar el lema de 'comunismo o libertad'. Va a resultar que el porvenir sanitario de los madrileños depende del oro de Moscú.

Tiene sentido que el duelo megalómano entre Sánchez y Ayuso haya coincidido con el estreno de 'Godzilla contra King Kong'. No cabe el macherío de Pablo Iglesias en la pugna de semejantes criaturas. Y sí cabe el énfasis providencialista que caracteriza las elecciones del 4-M. Tanto pueden considerarse un referéndum sobre Sánchez como un plebiscito sobre Ayuso.

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