¿Necesita el feminismo un líder masculino?
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Alberto Olmos

Mala Fama

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¿Necesita el feminismo un líder masculino?

La primacía de determinadas luchas sociales en los medios nos hace pensar en las luchas tradicionales hoy olvidadas y en qué convierte a alguien en líder de un movimiento

Foto: Jorge Díaz, Antonio Mercero y Agustín Martínez (alias Carmen Mola) posan tras ganar el Premio Planeta.
Jorge Díaz, Antonio Mercero y Agustín Martínez (alias Carmen Mola) posan tras ganar el Premio Planeta.

Dave Chappelle es negro. Si lo buscan en Google, o si son aficionados a su trabajo, me dirán que Chappelle es un conocido cómico de 'stand up' o una celebridad de Estados Unidos o un productor audiovisual; o incluso un actor. No tienen ni idea. Google no tiene ni idea. Dave Chappelle solo es una cosa: negro.

He descubierto esta fascinante realidad al ver su último espectáculo en Netflix. Se llama 'The Closer'. Chappelle gana 20 millones de dólares por cada especial para esta plataforma. En todos ellos hace chistes contra el feminismo y contra el hombre blanco, bromas sobre pedofilia y sobre abusos sexuales. Su bloque más esperado es el que dedica a reírse de la comunidad trans. Los 20 millones de dólares que le da Netflix no son para que se ría de los trans, las feministas o los niños violados, sino para que pueda aguantar después lo que le viene encima: mucho odio. Más que honorarios, esa inmensa cantidad de dinero por 70 minutos diciendo chorradas es, lógicamente, una indemnización.

Pero 'The Closer' no es un monólogo cómico, sino un discurso político, y de los más importantes que se han hecho en lo que llevamos de siglo. Es el discurso político de la mayoría. Es el discurso político del sufrimiento de la mayoría.

Tráiler de 'The Closer'.

Dave Chappelle me parece una de las personas más inteligentes sobre la faz de la Tierra. Gracias a Dios, no decidió escribir columnas o libros, o presentarse a unas elecciones. En realidad, lo que decidió Chappelle fue hacerse rico. Y seguramente decidió hacerse rico porque era negro. Con 'The Closer' ha realizado el trayecto inverso: convertirse en negro después de ser rico. Chappelle es, ahora mismo, el único negro que existe en el mundo.

Que Chappelle sea negro, que yo se lo esté diciendo tanto, les debe de tener ya mosqueados. '¿Y?', pensarán. Sucede que con este monólogo me he dado cuenta de que ser negro para Chappelle es como ser de izquierdas para Ana Iris Simón: una cosa que ya no le dejan ser. El mundo ha cambiado, el relato se ha reescrito, y los negros no pueden ser negros y la buena gente de izquierdas no puede ya ser de izquierdas. Por supuesto, los pobres no tienen grandes problemas. Los grandes problemas los tiene Alejandro Sanz, que no puede dormir debido a lo preocupado que está por el cambio climático.

La gran putada

Creíamos que la conversión en fachas de la buena gente de izquierdas (también conocida como: izquierda tradicional) era la barbaridad más relevante de este tiempo nuestro de desplazamientos paradójicos (la vieja izquierda es facha; hombres que nunca han hecho daño a una mujer son machistas; Joan Manuel Serrat es anticatalán; Carmen Laforet era feminista, etc.), pero con 'The Closer' comprendes al fin que la putada de verdad se la han hecho a los negros. Prácticamente, hoy los negros no tienen nada de lo que quejarse.

Dice Chappelle: no odio a los gais, siento envidia, siento envidia de todo lo que han conseguido en tan poco tiempo, comparado con lo que ha conseguido la comunidad negra en siglos. Dice Chappelle: los gais son una minoría hasta que necesitan ser simplemente blancos, entonces viene la policía y sabe a quién tiene que detener, si al negro o al blanco. Dice Chappelle: el rapero DaBaby ha destruido su propia carrera musical debido a unas declaraciones homófobas, pero cuando mató de un tiro a otro negro en un centro comercial su carrera no se vio afectada en lo más mínimo. Dice: le ha sido más fácil a Bruce Jenner cambiar de sexo de lo que le fue a Cassius Clay cambiar de nombre. También recuerda a Sojourner Truth, que en 1851 hubo de preguntar en una convención de mujeres en Ohio ante la resistencia de las demás mujeres a dejarla hablar: “¿Acaso no soy yo una mujer?”.

Vestirse todas de negro en la entrega de los Globos de Oro no puede concebirse más que como una increíble payasada

Chappelle, como casi todo el mundo, está a favor de la igualdad de derechos y oportunidades entre hombres y mujeres, a favor del respeto a cualquier orientación sexual y es perfectamente capaz de mostrar empatía hacia las personas trans. O sea, Chappelle, como casi todo el mundo, no es enemigo de ninguna minoría. Si hace chistes sobre ellas, al cabo (y es lo que dice 'The Closer', en resumen), se debe a que, como es negro, como conoce la historia de la gente de color, llena de brutalidad, muerte gratuita, humillación y lenta lucha, le pone enfermo la cantidad de imbecilidades que hacen, en nombre de estas minorías, sus autoproclamados líderes. Así, vestirse todas de negro en la entrega de los Globos de Oro no puede concebirse más que como una increíble payasada. Y ahí llega uno de los chistes fundamentales de este monólogo.

Chappelle comenta que lo que hay que hacer es renunciar, como hizo él, a varios millones de dólares. En efecto, nuestro genio dijo no a una oferta de 50 millones porque su programa 'The Dave Chappelle Show' no estaba, a su juicio, haciendo ningún favor a la comunidad negra. Esa renuncia es bastante más imponente que vestirse todas al alimón con ropa oscura de Armani, Gucci o Yves Saint Laurent para una fiesta exclusiva. Y dice Chappelle: “Lo que necesita el movimiento feminista para tener mucho éxito es un líder masculino. Yo mismo”. Esta frase me tiene loco.

¿Por qué no puede un hombre liderar las demandas de igualdad de las mujeres?

¿Por qué no puede un hombre liderar las demandas de igualdad de las mujeres? Chappelle olvida un chiste que le pegaría mucho hacer: recordar a Rachel Dolezal, activista negra por los derechos de los negros cuyos padres eran ambos blancos, según se supo finalmente. Dolezal dijo ser negra durante 10 años (llegando incluso a ocupar el cargo de directora de la Asociación Nacional para el Avance de la Gente de Color) y luego dijo, cuando la pillaron, que, a fin de cuentas, ella “se sentía negra”, lo que para muchos fue justificación suficiente. ¿Cómo no indignarse, siendo negro, siendo el único negro del mundo, Chappelle, cuando una mujer blanca puede incluso liderar la lucha por los derechos de los negros y creemos que es un chiste que el propio Chappelle se ofrezca para liderar la lucha de las mujeres?

El Planeta

La irritante inconsistencia de las reivindicaciones de moda la prueba el reciente Premio Planeta otorgado a una mujer que eran tres hombres. Realmente algunas feministas (o sea, mujeres que, por motivos no fáciles de acotar, creen que son feministas y los demás no lo somos, o no suficientemente en comparación con lo que ellas se creen que lo son; 'spoiler': normalmente ni siquiera ellas lo son), algunas feministas, digo, se sintieron desoladas por el hecho de que una autora que contaba en sus filas, con la que podían hacer listas de mejores libros de año más fácilmente y reportajes largos sobre mujeres que escriben sin molestarse en leer de verdad a mujeres que escriben, fuera, en fin, un trampantojo ideado por tres señores. ¿Saben estas feministas heridas que Queen es un grupo musical compuesto solo por hombres; que Violent Femmes, otra banda, no lo formaban mujeres violentas, sino solo hombres, o que en Alice in Chains, otra banda más, ninguno de los músicos se llamaba Alice? Qué escándalo, por favor.

¿Por qué no pueden firmar tres hombres como “Carmen Mola” si consideran que van a vender más?

¿Acaso no llevamos muchos años pensando si detrás de Elena Ferrante no habrá un hombre, o detrás de Barbijaputa? ¿Saben que J. K. Rowling decidió firmar con sus iniciales para vender más, como en efecto sucedió, al ocultar en su “marca literaria” que era una mujer? ¿Por qué no pueden firmar tres hombres como “Carmen Mola” si consideran que van a vender más? ¿Por qué sus obras son retiradas de una librería de mujeres ahora que se sabe que su autor son tres hombres? ¿No puede la novela de un hombre ser más feminista que la novela de una mujer? ¿En ningún caso? ¿Por qué?

¿Hay una figura femenina mejor retratada en la historia de la literatura de todos los tiempos que Emma Bovary, personaje creado por un señor, Gustave Flaubert?

“Madame Bovary soy yo”, dijo el autor. “Carmen Mola somos nosotros”, dicen tres tíos.

Y lo que dice Dave Chappelle en su extraordinario monólogo es esto: ¿quién te crees que eres para considerarte mejor persona que yo?

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