Feminismo: El hombre que no pueda controlarse que se vaya a vivir al campo. Blogs de Tribuna

El hombre que no pueda controlarse que se vaya a vivir al campo

Ahora resulta que denunciar cualquier acoso que no sea una violación con penetración a punta de navaja es un exceso de sectores exaltados del feminismo que quieren acabar con la libertad sexual

Foto: Una de las secuencias de la película 'Objetivo: BI-KI-NI'.
Una de las secuencias de la película 'Objetivo: BI-KI-NI'.

Escribía Simone de Beauvoir que “el opresor no sería tan fuerte si no tuviese cómplices entre los propios oprimidos”. Un centenar de artistas francesas, entre las que se encuentra Catherine Deneuve, han firmado un manifiesto mostrando su desacuerdo con el clima de puritanismo sexual que, según ellas, se ha desatado tras airearse las agresiones sexuales que soportaban las actrices americanas. Se revelan contrarias al movimiento MeToo y defienden “la libertad del hombre a importunar, indispensable para la libertad sexual”.

Que tu jefe te llame al despacho y se la casque delante de ti, que un compañero te agarre la cabeza y presione para que se la chupes en un coche, que un señor eyacule sobre tu hombro en un autobús o que el productor de tu próxima película te reciba desnudo con una bata hortera de raso y te pida que le mires mientras se ducha parecen ser nimiedades para las intelectuales francesas que han firmado la tribuna publicada este martes en 'Le Monde'. Ahora resulta que denunciar cualquier acoso que no sea una violación con penetración a punta de navaja es un exceso alentado por sectores exaltados del feminismo que quieren acabar con la libertad sexual. Quién nos iba a decir que Catherine Deneuve pasaría de musa de la Nouvelle Vague a numen de Forocoches.

No era suficiente con inducir creencias estúpidas sobre las feministas, como que son feas, están amargadas o que quieren exterminar a los hombres y cercenar penes, ahora introducen una nueva variable: son las guardianas de la moral victoriana que defienden un puritanismo que nos llevará a la clausura sexual. Curiosa esta afirmación teniendo en cuenta que desde el feminismo se estudia la sexualidad femenina, se fomentan nuevas masculinidades, se contempla el poliamor y se trabaja de la mano con la comunidad LGTBI. No ha sido hasta que he conocido a otras feministas que he mantenido largas charlas sobre pornografía, los días de caos mental en los que nos masturbamos como monas, técnicas para realizar pajas mágicas o fantasías sexuales para disfrutar en compañía.

Ese supuesto derecho delata una percepción trasnochada de la sexualidad, salida de una película de Pajares y Esteso

Lo que desde luego no defenderemos jamás es el derecho del hombre a importunar a una mujer para salvaguardar la libertad sexual. Mi integridad física se encuentra por encima del deseo de cualquier persona. No tengo por qué sentir miedo por la calle volviendo sola a casa o temer que mi carrera profesional se vea afectada si no atiendo al capricho de un superior. Ese supuesto derecho no vela por la libertad sexual sino por la libertad sexual del hombre. Delata una percepción trasnochada de la sexualidad, salida de una película de Pajares y Esteso. Como decían en los Globos de Oro, se ha acabado el tiempo de insistir en que ellos no son capaces de dominar sus instintos. Quien no pueda controlarse que se vaya a vivir al campo con los animales. Soy feminista y pocas cosas me gustan más en este mundo que alguien me procure un orgasmo. Ahora, no comulgo con que esté aceptado que un señor me toque las tetas en el metro aprovechando que no hay espacio entre nuestros cuerpos o que restriegue su 'cimbrel' contra mi culo. No tiene la misma gravedad que una violación con penetración, desde luego, pero tampoco pienso fomentar que estas acciones se tomen como excentricidades del género masculino. La sociedad tiene que respetar que nuestro cuerpo no es de dominio público. Su libertad termina donde empieza la mía.

Además, aseguran en el texto que hay hombres que han sido obligados a dimitir de sus puestos por "haber tocado una rodilla, intentado dar un beso, hablado de cosas íntimas en una cena profesional o enviado mensajes con connotaciones sexuales a una mujer que no sentía una atracción recíproca”. Que me digan dónde están, porque me pasa como al señor aquel con la contaminación en Madrid, que no los veo. Weinstein, Spacey, Allen, Tambor o Polanski no están en la diana precisamente por haber regalado un piropo inapropiado. Lo demás, como dicen en mi barrio y perdonad la expresión, es enmierdar. Mienten para provocar confusión. Lloriquean y claman por el derecho del agresor a seguir campando a sus anchas cual depredador en busca de alimento. Banalizan el acoso y demuestran, interesadamente, una ignorancia alarmante del significado de la palabra. Ponen en duda el testimonio de las valientes que se atrevieron a publicar sus casos para generar conciencia social acerca de lo normalizadas que están algunas prácticas delictivas.

En 'A woman's place', el capítulo sexto de 'The Handmaid's Tale', explican cómo algunas mujeres deciden colaborar con el machismo porque piensan que de esa manera tendrán un lugar privilegiado en el sistema. Obvian que en un patriarcado siempre serán ciudadanas de segunda y acaban devoradas por sus propias teorías. A todas las que han firmado ese texto aberrante: 1) ved el capítulo; 2) si no queréis trabajar para que se nos respete como personas, al menos no enturbiéis.

Por cierto, #MeToo.

Tribuna