¿Y ahora qué? Yo también he vivido OT como una rutina y ya no sé qué hacer

El programa ha marcado una rutina en nuestra vida real. No solo a través de las galas de los lunes, también con los horarios de los concursantes, desde el desayuno hasta la hora de cenar

Foto: Con la coronación de Amaia se acaba una rutina que habíamos aguantado meses.
Con la coronación de Amaia se acaba una rutina que habíamos aguantado meses.

-Vaya cara de cansada, ¿qué hiciste anoche?

-Ver OT.

Todos los martes, la misma pregunta y la misma respuesta. Seguramente el compañero de trabajo que me lo pregunta con una sonrisa juguetona está esperando que le confiese alguna jugosa aventura nocturna de la que haya disfrutado el lunes, pero no. Mi plan para la mayoría de los lunes lleva siendo el mismo desde hace tres meses: estar en pijama en el sofá mientras veo OT hasta que el sueño vence a las ganas de ver a Carolina en el chat. Esa es la causa de las ojeras por las que me inquiere mi compañero. La semana que viene ya no me lo preguntará.

Adiós a OT 2017. La nueva edición de Operación Triunfo ha terminado con la coronación de Amaia que, como un reflejo de lo que sentíamos en las tripas, cantaba un “para empezar, diré que es el final”. Se ha machacado con que OT ha sido más que un programa, pero no solo por los regalos que nos ha dejado en forma de visibilización de la depresión y ansiedad o la ayuda a la normalización del colectivo LGTBIQ+. La pantalla se fundido con la realidad hasta el punto de alterar nuestros hábitos. Ha cambiado el ritmo de vida de todos los que nos intentábamos quedar despiertos para ver al expulsado de la semana, entre los restos de la cena y el miedo a la alarma del despertador que sonaría en unas horas. Desde que volvió OT, hemos dejado de quedar a cenar los lunes. Ya no es una opción. “Es que hay OT”, solía contestar. Lo bueno es que a medida que se sucedían las galas, cada vez éramos más los que estábamos de acuerdo.

La infección empezó poco a poco pero los medios de comunicación, para bien o para mal, hemos ayudado a contagiarla y expandido tanto amantes como detractores. Pero queríamos formar parte de OT, queríamos contar sus historias, revivir sus momentos y escuchar sus canciones. Los espectadores hemos recuperado la ilusión ajena y nos hemos sacudido los prejuicios que a veces trae consigo engancharse a un reality.

No, desde luego que el fenómeno de OT no es algo nuevo. La primera edición de Operación Triunfo fue un hito mediático y un huracán que arrasó con los demás programas en pantalla. Sus concursantes veían carpetas, caramelos o incluso gel de baño con su cara impresa; el entonces rey Juan Carlos se dignó a saludarles personalmente y no había nadie en España que no bailara 'Corazón Latino' o no supiera quiénes eran Bisbal, Chenoa, Rosa o Bustamente.

La primera edición de Operación Triunfo batió records de audiencia.
La primera edición de Operación Triunfo batió records de audiencia.

La audiencia que arrastró OT 2017 en su gala final fue de unos codiciados 3,9 millones. Bien: Operación Triunfo llegaba a cosechar en su edición primigenia una media de fantasía, con 7 millones de espectadores. Pero era 2001 y tanto la forma de hacer televisión como la audiencia no son los mismos 16 años después. “El consumo de la televisión ha cambiado y el público también”, explicaba Noemí Galera a El Confidencial respecto a la diferencia entre la nueva y la primera edición y la enorme importancia de las redes sociales en 2017. Porque ha sido esta ventana a través de la cual hemos vivido el fenómeno.

Del desayuno al aseo personal

9:45 Despertar y desayuno

12:00 Técnica vocal con Mamen

13:30 Visita sorpresa: David Bisbal

14:30 Comida

16:00 Ensayo general

20:00 Cena

21:00 Cierre y despedida

22:30 Gala final + chat

Este es el último horario que siguieron los concursantes dentro de la Academia, compartido por la cuenta de Twitter de OT. Todas las mañanas, dando los buenos días, las tareas a realizar por los triunfitos eran publicadas con todo detalle en redes sociales, desde el “despertar y mini desayuno” hasta la cena, pasando por el “aseo personal”, sus clases diarias o los intervalos de descanso.

Así, a los concursantes se les marcaban unos hábitos pero también a quienes seguíamos OT con fervor. Mientras las últimas semanas Amaia, Ana, Miriam, Aitana y Alfred hacían sus quehaceres diarios, nosotros nos asomábamos al canal 24 horas a ver lo que se estaba cocinando.

Ver desayunar a los concursantes en el 24 horas era ya un hábito.
Ver desayunar a los concursantes en el 24 horas era ya un hábito.

“El pase de micros es a las cuatro, tengo tiempo para acabar esto antes de verlo” o “Me he perdido el reparto de temas” son frases habituales que he dicho u oído en los últimos meses. No solo hemos adaptado nuestro día a día a las galas de los lunes y al #resacOT del martes. También al pase de micros de los jueves y los sábados, al reparto de temas de los martes o a sus clases de técnica vocal con Mamen.

Aguantar despiertos hasta las tantas con cada gala, pasar la tarde viendo el 24 horas en YouTube o comentar la actuación de Amaia al día siguiente se ha convertido en una rutina más. No era casualidad que cada día el hashtag del directo se convirtiera en TT en Twitter y que OT haya sido el programa más comentado, superando a Los Goya. ¿Qué pasará cuando acabe OT? Que nuestra rutina se va a romper.

¿Y ahora qué?

OT 2017 ha sido un fenómeno social que se ha experimentado sobre todo a través de las redes sociales. Miles de personas lo hemos vivido con una intensidad más propia de alguien que tiene que jugarse la permanencia en cada gala que de quien la ve desde el sofá en pijama. Muchos de nosotros éramos muy jóvenes cuando salió la primera edición y la Generación Z, en su mayoría, no había nacido. Estábamos deseosos de encontrar algo que nos uniera y nos representara y quizá no nos habíamos dado cuenta hasta que abrimos los ojos y nos descubrimos agarrando OT con los puños apretados y el corazón hinchado.

Ahora se ha terminado OT y nos sentimos desamparados porque ya formaba parte de nuestro día a día. “Yo no sé cómo voy a vivir ahora sin esta gente”, me comentaba un amigo por WhatsApp la noche de la gala final con un dramatismo propio de quien se ha dejado arrastrar al universo creado por Gestmusic.

¿Y después de OT? ¿Somos más libres, más felices, más abiertos o con menos prejuicios? Los concursantes abandonan la Academia pero los espectadores perdemos también una rutina que hemos practicado durante meses para ver la vida diaria de unos jóvenes músicos a los que cogimos cariño enseguida. Ya lo cantó Amaia helándonos el corazón en la gala final. “No es un final feliz, tan solo es un final”. Al menos nos queda Eurovisión.

Tribuna

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