La preponderancia de los sucesos 'extra artísticos'

Dejad de hablar de Banksy, por favor: más cursi que una taza de Mr. Wonderful

Si ni el artista tiene fuste ni el suceso de hacer trizas el cuadro 'Niña con globo' tiene mayor comentario, ¿por qué estamos hablando tantísimo de ello?

Foto: Un acámara de televisión graba la performance de 'Niña con globo'. (Henry Nicholls/Reuters)
Un acámara de televisión graba la performance de 'Niña con globo'. (Henry Nicholls/Reuters)

Lo habrán leído. El revolucionario y sin embargo decorativo Banksy ha destruido una obra que acababa de vender en Sotheby’s. Alguien había pujado un millón trescientos mil dólares por 'Niña con globo', una copia sobre lienzo de la famosa pintada de Londres; unos segundos después se accionó un mecanismo astutísimo y secreto y ¡zas!, el cuadro hecho trizas. ¡Que paren las rotativas! ¡Banksy vuelve a ridiculizar al mercado!

Contengamos un momento el entusiasmo y empecemos por lo fundamental: en el sistema del arte, Banksy es nadie. Un artista urbano que guarda su identidad en secreto —como el fantasma de la ópera— para poder seguir desarrollando su acción insurrecta: llenar ciudades de medio mundo con unas pintadas cursis con un mensaje tan subversivo como el de una taza de Mr. Wonderful. ¿Ejemplos? Un médico ausculta el corazón del letrero I love New York, una niña cachea a un soldado, un operario de limpieza que borra unas pinturas prehistóricas, un tipo que parece que va a tirar un cóctel molotov pero que en realidad tira un ramo de flores. En fin.

En el sistema del arte, Banksy es nadie

Alguien que quiera desactivar el grafiti como práctica contracultural (a este concepto hace falta darle una vuelta) y convertirlo en un decorado sobre el que los turistas se saquen fotos para Instagram tiene en Banksy un gran maestro. Curiosamente, quizás por la fama del travieso pintamonas encapuchado, quizás por el signo de los tiempos, esto de convertir el arte urbano en decoración de exteriores está viviendo momentos esplendorosos: la acción decorativa de los grafiteros madrileños sobre los cierres de los comercios de Malasaña (¡el barrio más rebelde de la villa y corte!), la celebradísima iniciativa de Boa Mistura que puso esos versos tan buenos los pasos de peatones de Madrid (que la excelente gestión cultural de Carmena va a reeditar), la ejecución de murales amables con colores chillones debajo de cada viaducto para alegrar la vista, etc. ¿Trabajará Banksy en el Ayuntamiento de Madrid?

Vista de un mural inspirado en el Brexit hecho por el artista callejero anónimo Banksy. (Efe)
Vista de un mural inspirado en el Brexit hecho por el artista callejero anónimo Banksy. (Efe)

Y no solo es que Banksy sea nadie (por malo, claro), es que el lugar donde ha hecho la performance es (¡agárrese!) la insurgente Sotheby’s, que como institución cultural ya me dirán. (Reconozcámosle al esquivo grafitero que a ningún otro se le había ocurrido rentabilizar así su trabajo). Lo ha hecho justo cuando se cumplen diez años de la última gran contribución de la casa de subastas al ecosistema artístico: la venta al por mayor de obras de Damien Hirst, este tipo que hace cuadros con puntos y mete a bichos en formol. La cantinela con la que Hirst, que es astuto como una zarigüeya, justificó la idea de sacar doscientos y pico lotes fue extraordinaria: lo suyo era una manera de democratizar el arte, saltándose al galerista y poniendo sus gabinetes médicos y sus cuadros con mariposas directamente al alcance de la chequera del pueblo. Banksy ha dicho que la destrucción es también una acción creativa. Ni a un escritor de azucarillos se le hubiese ocurrido semejante genialidad.

Banksy ha dicho que la destrucción es también una acción creativa. Ni a un escritor de azucarillos se le hubiese ocurrido semejante genialidad

Quedando claro que ni el artista tiene fuste ni el suceso tiene mayor comentario, ¿por qué estamos hablando de tantísimo ello? Dicho de otro modo, ¿por qué cualquier españolito no es capaz de nombrar a cinco artistas nacionales vivos pero está al tanto de las trepidantes aventuras del justiciero con espray?

¿De qué hablan en las secciones de cultura cuando hablan de arte? Mientras escribo esto, leo un artículo que se lamenta de que el marco con picadora haya quitado el protagonismo a Jenny Saville, que había vendido una obra por diez millones ochocientos mil euros, convirtiéndose en la artista viva más cara de la historia. "La verdadera víctima de la provocación de Banksy". Alguien paga mucho dinero por un cuadro, algún artista dice alguna barbaridad, en ARCO hay un performer desnudo que habla lenguas muertas, un chaval le pega con un cuadro a Marina Abramovic. Todos, en resumen, sucesos extra artísticos.

Abel Azcona (en el suelo) en una performance en la que ha enterrado simbólicamente a decenas de familiares de fusilados y exiliados de la Guerra Civil. (Efe)
Abel Azcona (en el suelo) en una performance en la que ha enterrado simbólicamente a decenas de familiares de fusilados y exiliados de la Guerra Civil. (Efe)

Diré una obviedad: hasta el becario más tierno es capaz de escribir una pieza cuya sinopsis sea "alguien ha pagado en ARCO mucho dinero por un vaso medio lleno de agua". Y ahora, otra: esta noticia tendrá muchas más lecturas que una que hable sobre (¡no sé!) diez artistas menores de cuarenta años que están haciendo cosas interesantes. Vivimos tiempos complicados. Entre la crisis del periodismo (del modelo de negocio del periodismo), el adelgazamiento de las secciones de cultura y la desaparición acelerada de la crítica, un lector interesado (o simplemente curioso) en estos asuntos no tiene más remedio que irse a leer medios especializados, que tampoco están para tirar cohetes. Pero ahora me voy a permitir escribir una ocurrencia: uno no se puede interesar por algo que no conoce. No diré que haya que dejar de hacer la crítica de la última de 'Los vengadores' (viva Marvel), pero quizás, entre reseña y reseña del último capítulo de 'Juego de Tronos' publicada a la mañana siguiente, lo mismo se pueden dedicar unas líneas a hablar de alguna exposición que no sea el último blockbuster del Reina Sofía o del Prado. Aunque solo sea por respeto a los lectores.

La otra opción es seguir bailándole el agua a los banksys de este mundo. Abel Azcona lleva mucho tiempo callado, seguro que pronto nos regala un sainete bochornoso con el que llenar un par de páginas.

Tribuna

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