"Si la reencarnación existiera, este tío [Fernando Alonso] ha sido un guerrero en otra vida"

Solo un talento y una personalidad singulares como los de Fernando Alonso han permitido semejante carrera en la F1, una historia que se escribe ahora con otra caligrafía

Foto: Fernando Alonso, expiloto de Fórmula 1. (@fernandoalo_oficial)
Fernando Alonso, expiloto de Fórmula 1. (@fernandoalo_oficial)

Monza, 1991. El joven periodista caminaba hacia la primera curva del circuito mientras salía a la pista el Ferrari de Jean Alesi. Era solo la primera sesión de un jueves, pero las tribunas repletas explotaron con sus gritos y bocinas al paso lento del monoplaza, fundidos con el rugido de su V12 en un ambiente extraordinario. Mientras Alesi saludaba con la mano a semejante homenaje, el periodista sentía con envidia aquella especial magia de Ferrari. Y recuerda como si fuera hoy qué pensó en aquella escena: “Imposible que un piloto español pueda vivir algun día algo similar con Ferrari”.

Años más tarde, tras haber retransmitido la temporada de Fórmula 3000, ese mismo periodista charlaba con un joven tímido que, apoyado en la pared, le contaba sus problemas durante aquel año. “Cuando no me escuchaban, cuando las cosas no salían, intentaba sacar de dentro de mí aquel niño invencible de los karts que fui…”. El periodista descubrió entonces la vida interior que alimentaba a ese chico, y la primera persona que vio tras aquella conversación fue su padre: “Acabo de estar con el primer campeón del mundo español de Fórmula 1”. El padre todavía se lo recuerda al hijo.

Gran Premio de Italia 2010. En lo alto del podio de Monza estaba subido aquel chaval, con el mono de Ferrari, jaleado por los 'tifosi' que celebraban su victoria. Era además el doble campeón del mundo más joven de la historia.

Hablemos de mala suerte

Emilio de Villota en la lejanía, Adrián Campos, Luis Pérez Sala, Pedro de la Rosa y Marc Gené confirmaron que la Fórmula 1 era un pedestal demasiado elevado para un piloto español. Ni la economía ni la estructura deportiva en España ayudaban. La Fórmula 1 reflejaba el peso específico internacional de las mejores economías. Aunque en los noventa este país crecía y se abría hueco a codazos, solo un talento y una personalidad singulares podrían romper tantas barreras como para que un español fuera campeón del mundo en el 'club de la Piraña'.

En Hungría 2003 hubo que frotarse los ojos. Parecía que el mundo sería suyo, pero uno de los responsables de Renault, Pat Symmonds, le dio un buen ‘toque’ a final de año: aquel prometedor chaval debía aplicarse más en su dedicación si quería convertir en realidades ese talento. Dos años después rompió la racha más exitosa en la historia de Ferrari y acabó con el reinado de Michael Schumacher.

De estar en la posición de Alonso, ¿cómo habríamos reaccionado los demás ante el comportamiento de Ron Dennis y la guerra civil en McLaren? Senna también abandonó el equipo británico cuando comprendió que no ganaría más ellos. Como el español con Ferrari años más tarde. Pero el brasileño falleció en un Williams cuyo peligroso comportamiento le llevó al muro de Tamburello. Hablemos entonces de mala suerte o errores de elección, que también los hubo en la carrera de Alonso aunque, ciertamente, muy diferentes.

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La pelota pegó en el larguero

Dos balones pegaron en el larguero y luego botaron en la línea, pero la pelota no quiso entrar en 2010 y 2012. En este último año, con un monoplaza “que girabas el volante a la derecha y se iba a la izquierda” al principio de temporada (Domenicali 'dixit'), pero el título se acarició con los dedos hasta la última carrera. Sin la carambola de Grosjean y la cuchilla de Raikkonen la pelota hubiera entrado y hoy hablaríamos de una de las mayores proezas en la historia de la Fórmula 1. Al menos, aquel año nos dejó una carrera legendaria en Valencia, con Alonso gimiendo dentro de su casco y llorando en el podio. Qué debió ser aquello...

Hamilton y Alonso, fundidos en un abrazo. (EFE)
Hamilton y Alonso, fundidos en un abrazo. (EFE)

El fiasco de McLaren les costó caro a todos sus líderes durante estos años, empezando por Ron Dennis y terminando por el propio Alonso. Paradójicamente, el prestigio del piloto creció más cuanto peor iban los monoplazas británicos. Pero que no saciara su ansia competitiva en la Fórmula 1 propició un destino que se está escribiendo ahora con otra caligrafía, porque Alonso decidió seguir redactando su propia historia con capítulos desconocidos desde los años setenta para un campeón del mundo de F1.

"Los tienes así de gordos"

Comentarista en televisión del IndyCar en los noventa, el periodista cerró aquella etapa con la certeza de que los óvalos eran los escenarios con las mayores posibilidades de morir en una pista. Ahí están las estadísticas. Carreras de otro planeta para un piloto de Fórmula 1. Por ello, cuando Alonso anunció que en solo un mes iba a preparar el desafío de las 500 Millas de Indianápolis, lo único que el periodista supo decirle cuando se vieron por primera vez desde el anuncio fue un "los tienes así de gordos, Fernando…". "¿Pero vas a venir o no?", fue su respuesta.

Terminaron las 500 Millas y llegó Zak Brown hecho polvo a la sala de prensa. “Fernando podía haber ganado…”, nos decía a un grupo de periodistas. Sí, vale, pero cuando de verdad se entendió la decepción del americano fue con el mensaje por radio de Michael Andretti a pocas vueltas del final: “Fernandoouu, tienes por delante a Juan Pablouu, a Takuma, Heliouu… Están luchando por la victoria. ¿Quieres que te diga sus números?”. “No hace falta, los adelantaré a todos…”, respondió el piloto. El motor se rompió poco más tarde. Faltó muy poco. "Ahora, a por la Triple Corona", le encelaba Brown por la radio al terminar su ¿última? carrera en la Fórmula 1.

"Be brave, my friend"

El piloto seguía escribiendo con su personal caligrafía, ahora en el libro de las 24 Horas de Le Mans. Tras más de 10 horas seguidas comentando en la cabina, el periodista se fue a echar una cabezada a la una de la madrugada, aún quedaban muchas horas por delante. Pero justo antes de dormir cometió el error de coger el móvil para echar un vistazo al primer relevo nocturno de Alonso. Enganchado a ese espectacular vuelta a vuelta, solo pudo dormir un par de horas, consciente de ser testigo de algo especial en más de 20 años comentando la carrera. A las tres de la tarde, ese piloto se paseaba con sus compañeros —una vez más, con la bandera española— por el surrealista escenario que disfrutan los ganadores en las 24 Horas de Le Mans. Una menos para la Triple Corona.

En medio de aquella gran fiesta de Toyota, Luis García Abad le contaba al periodista aquel fascinante mensaje por radio de Alonso cuando le entregaba el prototipo a Nakajima, culminada una increíble remontada nocturna.“The car is perfect but please, my friend, be brave" (“el coche está perfecto pero, por favor amigo mío, sé valiente”). El comentarista había escuchado en su carrera miles de mensajes por radio pero, en ese contexto, aquel tenía un significado especial. El periodista respondió lo primero que le vino a la mente: “Si la reencarnación existiera, este tío ha sido un guerrero en otra vida”. Por ello, la historia de aquel “niño invencible de los karts” no ha terminado todavía.

Dentro del Paddock
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