Busquets, el motivo oculto por el que Iniesta enamora y España ilusiona
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Jesús Garrido

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Busquets, el motivo oculto por el que Iniesta enamora y España ilusiona

"¡Qué partido ha hecho Busquets!", decían muchos sin saber de dónde les salían esas palabras, porque lo que hace Sergio sólo nos entra por el subconsciente. Hay que interiorizarlo

placeholder Foto: Busquets mira un balón (imago)
Busquets mira un balón (imago)

La frialdad es una propiedad psicológica del ser humano por la cual puede realizar acciones de gran valor, riesgo o intrepidez sin que el cuerpo del implicado sufra ningún tipo de apuro físico ni debilidad aparente por la trascendencia de lo hecho o por hacer. Frío puede ser un asesino que disfruta con la muerte de sus víctimas; un jugador de póker que realiza un ‘all in’ de cientos de miles de dólares sin siquiera pestañear detrás de las gafas de sol; un banquero que desahucia a cientos de personas sin importarle dónde vivirán a partir de entonces; frío, congelado es Busquets deslizándose a ras de césped para arrancar el balón de los pies del contrario sin cometer infracción y alzarse instantáneamente siempre bien colocado con el destino del pase previamente meditado.

Busquets es de la cantera del Barça, salido de la fabricación en serie de mediocentros posicionales de exquisita técnica y visión de juego. Todos tan semejantes entre sí que parecen salidos de un mismo molde. Sin embargo, el molde de Busquets es diferente. Sergio pertenece a una nueva generación de la que, por ahora, sólo existe un ejemplar, él mismo. Un prototipo perfeccionado, afectado por la evolución darwiniana y, por lo tanto, superior a lo existido antes que él. Como el sapiens superó al erectus, Busquets ha superado a la producción en serie de pivotes.

Es una devoción personal la mía por los mediocentros. Todo lo que entiendo de fútbol me dice que es la ubicación en el terreno de juego más determinante en todos los sentidos. Más que el portero, que el ‘10’ o que el punta. El jugador (o jugadores) que ocupa ese lugar define el estilo de juego y sólo a partir de él se desarrollan sus compañeros. Se puede sobrevivir sin un gran ‘9’, pero no se va a ningún lado sin un buen volante tapón, sea del perfil que sea, lo cual ya dependerá del gusto del entrenador y de la manera que quiera el club que su equipo se mueva en el campo.

Hasta el Barça vivió de manera honrada sin Messi, pero no podría hacerlo sin Busquets. Si Messi es Vito Corleone, Busquets es Genco Abbandando. Con Busquets, el Barça no puede jugar a otra cosa que no sea el juego de posición. Es Busquets el que decide a qué altura del campo se sitúan sus compañeros, si es muy cerca del área contraria o si se realiza una presión más replegados. Él decide el qué y ya los Iniesta, Messi y Suárez se encargan del cómo. Y en el seno culé se habla de qué se hará después de que desaparezcan los pequeños, porque por muy ‘D10Ses’ que sean, la inmortalidad corporal no la conocerán, sí la histórica. Pero quizá la preocupación debería venir sobre qué hacer cuando lo deje el hijo del portero.

placeholder Si Arda no funcionó fue, en parte, por Busquets (Ali Haider/EFE/EPA).
Si Arda no funcionó fue, en parte, por Busquets (Ali Haider/EFE/EPA).

El viernes, mientras algunos aún estaban indignados por haber tardado dos horas en llegar al estadio, un enano rapado les estaba desalojando sus rostros taciturnos y tornándolos en rostros de asombro. Al mismo tiempo que eso sucedía, todos percibían algo de manera inconsciente, como si fuera un sueño del que solo te das cuenta cuando te despiertas. Se percataron ya al final. "¡Qué partido ha hecho Busquets!", decían sin saber muy bien de dónde les salían esas palabras. Porque lo que hace Busquets no se ve a simple vista. Hay que interiorizarlo, como una ideología. Le pasa a culés y madridistas. En el momento en que ya la has entendido, cualquier cosa la relacionas con ella.

Si Iniesta se lució fue porque Busquets se lució primero. Lo primero es una consecuencia de lo segundo. Turquía estaba siempre en sus marcas, preparada para escuchar el pistoletazo de salida y marchar escopetada hacia la portería española. Lo hizo sólo un par de veces, las dos en las que las kilométricas y elásticas piernas de Busquets no alcanzaron a frenar la trayectoria del balón hacia un destino desfavorable. En el resto, apareció largo y alto para recuperar la pelota, lo que es de España por religión.

Y se decía si necesitaba compañía, si no podía estar sólo en el centro del campo, lugar del que es mariscal. Yo mismo lo creía útil, y más si es Bruno Soriano, un pivote de su estilo, que encaja con el dogma de la Selección. Puede que en el futuro sea así, en días de mayor envergadura, pero por ahora, Busquets se basta para dominar la tierra media como si fuera Sauron. Es natural que Iniesta esté en boca de todos, que sea un escándalo que no fuera incluido en el once ideal de la jornada de la UEFA. Pero desde aquí hago un humilde llamamiento a reclamar entre los mejores un lugar vitalicio para el ‘5’ de España.

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