El amor de Marcus Willis y una historia imposible en Wimbledon

Este desconocido se medirá en la Pista Central a Federer tras superar las fases previas. El amor de una mujer fue clave para siguiera luchando por el sueño de triunfar con una raqueta

Foto: Marcus Willis, durante un partido en Wimbledon (Reuters)
Marcus Willis, durante un partido en Wimbledon (Reuters)

Una vida cambia en cuestión de segundos. Y, por qué no, el amor puede ser la espita que desate los acontecimientos. En Wimbledon, un deportista que pensaba en la retirada y ahora cuenta las horas para volver a saltar a la pista. Un hombre de ilusiones terminadas, con planes casi establecidos para apartar la raqueta y dedicarse al entrenamiento en clubes como digna despedida a lo que pudo ser y no fue, que ahora jugará en la Pista Central ante Roger Federer, cumpliendo uno de los grande sueños de cualquier jugador. Un tipo que acudió a la previa de la fase previa, ni siquiera el cuadro oficial de clasificación, apenas un play-off de jugadores británicos, con el objetivo de no hacer el ridículo según él mismo reconoció, que ahora cuenta con la admiración de aficionados y vestuario en el torneo más prestigioso del mundo. En definitiva, la demostración de que, en cualquier momento y en cualquier lugar, la vida puede dar un giro de 180 grados en cuestión de segundos y mandarte al lugar en el que siempre soñaste estar. 

Marcus Willis, británico de 25 años, era un jugador anónimo cuya vida cambió de la forma más remota. El pasado mes de febrero, y planteando una vida cómoda en Estados Unidos entrenando en cualquier club, inició los trámites necesarios para solicitar el visado. Y, de repente, en mitad de un paseo por la ciudad, apareció, ella. Jennifer Bate, una dentista madre de dos hijos, que le hizo abandonar la idea de tirar por tierra su carrera como tenista. Tras caminar juntos y antes de tomar un taxi, una conversación recogida por 'The New York Times' cambiaría su vida.

“Es probable que deba marcharme pronto a Estados Unidos”, confesó Willis. “¡Acabamos de conocernos! Nos hemos encontrado esta misma noche. No puedes irte a América”, respondió Bate, que reconoció haberle replicado en tono jocoso y sorprenderse al saber que Marcus era jugador de tenis. De aquella noche, sin embargo, Willis salió con su actual pareja y un motivo para luchar, una ilusión tras de sí para darte una última oportunidad. Su pasado, negro como el ala de un cuervo, necesitaba una motivación como esa.

Marcus Willis celebra con amigos su clasificación para enfrentarse a Federer (Reuters)
Marcus Willis celebra con amigos su clasificación para enfrentarse a Federer (Reuters)

En el puesto 775

Era el rumbo perdido de un hombre con escasez económica, con petición de oxígeno pública en el pasado. Así, y buscando una vía en la caridad, inició en 2014 campañas de financiación a través de las redes sociales apelando a la solidaridad de cualquiera, intentando reunir el dinero suficiente para seguir persiguiendo sus sueños. Una medida desesperada en un entorno que era cada vez más oscuro, y donde nada parecía discurrir hacia un futuro distinto. Una época donde hasta su aspecto físico, pasado de kilos, era motivo de escarnio. ‘Cartman’, un personaje de la serie South Park caracterizado por su evidente sobrepeso, fue el mensaje ofensivo que se encontró en sus perfiles sociales por un desconocido. Estrechez económica y una ofensa como etiquetas a lomos del británico.

Con apenas un torneo profesional disputado en 2016 (poco más de 300 dólares al banco) y situado en el puesto 775 antes de disputar la fase previa, Willis prácticamente había abandonado la idea de llegar a competir en el circuito profesional, no digamos llegar a la Pista Central de Wimbledon, y tenía entre sus objetivos acudir a Filadelfia. Impartir clases. Fin de la historia. A fin de cuentas, y en paralelo a una carrera de triunfos menores (llegó a estar entre los 300 mejores del mundo, con unas cuantas victorias salpicadas en el circuito), empleaba sus horas en impartir clases a 30 libras la hora en el Warwick Boat Club. Una labor apenas suficiente para seguir viviendo en casa de sus padres a sus 25 años. 

Roger Federer se verá las caras con Willis en la Pista Central (Reuters)
Roger Federer se verá las caras con Willis en la Pista Central (Reuters)

Un cheque de 50.000 libras

La compañía de Jennifer, que no pudo cancelar sus citas en la clínica pero asistió al debut de Willis este lunes en el cuadro principal de Wimbledon, convirtió a un jugador sentenciado en algo mucho más serio: un hombre con una ilusión. Un hombre capaz de trabajar en el gimnasio hasta hacer desaparecer 25 kilos de su cuerpo. Un hombre capaz de abrirse paso en la fase previa de todo un Grand Slam, remontando a un top100 como Yuchi Sugita, haciendo valer su estilo zurdo de toma de red y golpes cortados para apartar a Andrey Rublev y Daniil Medvedev y ganarse un puesto en el cuadro final. Y allí, ante la mirada de la mujer que cambió su vida, un hombre capaz de tumbar en tres mangas a Ricardas Berankins, un antiguo número 1 mundial junior, para terminar de ganarse todos los focos y un cheque de 50.000 libras.

Ahora, al menos durante esta semana, la opción de dejar atrás un pasado oscuro y codearse con los mejores. “Estoy impresionado, y me doy cuenta de que lo quiero cada semana”, indicó Willis, que recibió la felicitación de Andy Murray y reconoció ‘alucinar’ al cruzarse con Novak Djokovic por el vestuario, ser saludado por su “ídolo” Goran Ivanisevic y, por supuesto, recibir la atención de Roger Federer, atento plenamente a su próximo adversario.

Federer alucina

“Alguna vez me he enfrentado a jugadores de ranking bajo, pero este partido es diferente” reconoció el suizo. “El encuentro tiene toda la expectativa. La gente escuchará cosas sobre ello. Naturalmente, le van a apoyar, y con toda la razón. Creo que es una gran historia. Va a hacer que el encuentro sea complicado. Le he visto jugar, y lo hace bien. Si no lo hiciera no estaría donde está. Va a ser muy interesante”, declaró el suizo, que vertió buenas palabras sobre el estilo de saque y volea de su rival. “¡Me encanta!”, dejó Roger como conclusión, pasando Willis de ser insultado por un desconocido a recibir elogios del tenista más alabado.

En Londres, donde las profundas tradiciones impera sobre todas las cosas, una historia que rompe con cualquier molde establecido.

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