¿La muerte del tiki-taka? España no es la de antes porque no tiene los jugadores para ello

En la Selección quedan pocos de Sudáfrica y están muy cascados; los que vinieron después son también buenos jugadores, pero no tienen las características para interpretar la misma melodía

Foto: Iniesta y Silva se despiden del estadio Luzhniki. (EFE)
Iniesta y Silva se despiden del estadio Luzhniki. (EFE)

España quedó eliminada contra una mediocridad llamada Rusia, que llega a los cuartos sin jugadores para ello. Y ni siquiera puede llorar una injusticia, más allá de lo que se piense de los penaltis. Porque probablemente la Selección no mereció perder, pero desde luego tampoco mereció ganar. Tuvo la pelota, pero no mandó, porque esa es la definición actual de este equipo, uno que se ha encelado tanto con el balón que se ha olvidado del resto de componentes de este magnífico deporte. Creyeron que con la posesión valdría y escondieron tantas otras cosas que hacen de un equipo un ganador.

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Una derrota en un Mundial se convierte siempre en algo filosófico para esos equipos que sueñan con ganarlo alguna vez. Llegan las preguntas, que son rotundas y señalan: ¿qué ha fallado? La respuesta más sencilla es todo, pero se puede intentar dar matices a una palabra que es también un enorme contenedor. Lo primero que hay que apuntar es que la Selección ha sido un equipo aburridísimo. El primer partido, contra Portugal, fue como un parque de bolas, pero desde entonces se ha encontrado tres partidos contra rivales débiles y no ha hecho más que dormir a las ovejas. Defensas cerradas a las que nunca supo meter mano. Esto no es solo una apreciación estética, va mucho más allá de eso, el divertimento y la victoria son elementos que aparecen con más frecuencia juntos que disociados.

En un equipo sin estrellas trascendentes, o con algunas ya pasadas de fecha como Iniesta, el colectivo es lo único que puede llevar a la victoria. Así fue en todas las ocasiones en las que terminó levantando el trofeo, y eso mismo es lo que no se ha visto en los campos de Rusia. España ha sido lenta y torpona, enfrascada en un modo de hacer para el que ya no tiene los mimbres de otros tiempos. La Selección se hizo enorme con el juego de toque, y con ese mismo estilo, pero mal ejecutado, ha muerto en los tres últimos grandes campeonatos.

Se demostró en su momento que con ese modelo se puede ganar, del mismo modo que posteriormente se ha visto que con ese estilo también puedes cavar tu tumba. El problema puede estar en intentar interpretar una partitura prevista para una orquesta cuando se te han marchado la mayor parte de concertistas. España ha buscado el juego combinativo extremo, pero ya no están Xavi, Xabi Alonso o Busquets, e Iniesta y Silva son jugadores de edad que ya no tienen gasolina para un torneo así ni capacidad de sacrificio en estas tardes en las que el equipo rival se encierra.

Isco trata de llevarse un balón. (EFE)
Isco trata de llevarse un balón. (EFE)

Otros jugadores, ¿otro estilo?

Se fueron los tocones, pero quedaron otros grandes jugadores: Isco, Asensio, Koke, Saúl, Diego Costa, Aspas... Todos ellos tienen demostrado en sus clubes que son bien capaces de aportar en equipos ganadores, son futbolistas notables, pero no son artistas del toque. El primero de la lista, por ejemplo, es incapaz de soltar el balón de primeras. Cuando Isco recibe, necesita levantar la cabeza, conducir, fintar, porque sin eso no se siente cómodo. Su manera de entender el fútbol es completamente antitética de lo que ha sido el modelo del equipo durante los últimos 10 años.

Isco gusta mucho en la grada porque hace cosas muy bonitas, no se suele esconder y es encarador, una característica notable para un futbolista siempre y cuando lo que se busque sea eso, que en teoría no es lo que España intentaba. Llega el punto en el que el mismo jugador puede ser al unísono el mejor y el problema, porque efectivamente, en un mundo en el que todos los demás estaban teñidos en gris, él destacaba por ser diferente, pero en el mismo futbolista se moría el modelo de siempre, porque si no la das de primeras nunca jamás, el fútbol de toque pierde toda su esencia.

De Marco Asensio, que en teoría es el futuro futbolístico de este país, se puede decir algo similar. Es rápido, es vertiginoso, tiene capacidad para tirar desde fuera. Pero no combina con el pasado, no es de esos jugadores capaces de anticipar el siguiente pase y darlo sin que el balón esté más de un segundo en sus pies. Tiene, como Isco, algunas características relevantes para la práctica de este deporte, en el Madrid, que es otro rollo, ha sido muchas veces muy útil. Lo que pasa es que el libreto de la Selección, tan concreto y sofisticado, no tiene un hueco para él.

Se puede seguir un poco más con Saúl, Koke y Diego Costa. El primero no ha aparecido en todo el campeonato porque Hierro no lo ha visto conveniente, pero por edad y calidad también formará parte del futuro de este equipo. Los otros dos han tenido sus momentos en el Mundial, con los goles del principio de Costa. En todo caso, salta a la vista que tampoco son los apropiados para hacer de la estrategia histórica algo traspasable al campo. Koke no toca con la velocidad de los del pasado y Costa, por técnica personal y maneras, es incapaz de no desconectarse cuando se impone el fútbol en el mediocampo, sin juego directo. Los tres han aparecido con mucho éxito en el Atlético, pero, claro, el contexto era uno completamente diferente, uno que potenciaba sus cualidades y escondía sus carencias.

Más allá de Busquets, que sí está hecho para ese modelo pero ha hecho un campeonato horrible, quedan pocos que sepan hacer lo que se hizo siempre. Y eso es un problema morrocotudo, porque un sistema tan colectivo exige que sean muchos los que sepan interpretarlo. Todos, a ser posible. España ya no está en eso, no tiene los mimbres suficientes para hacer del juego de toque algo más que manierismo y aburrimiento. Para jugar a lo Luis, Guardiola o Del Bosque se necesita agilidad futbolística y mental, que no sean dos toques, solo uno, y un reguero incesante de desmarques con sentido. Lo que hicieron Xavi, Iniesta, Cesc, Silva, Busquets, Villa o Xabi Alonso durante tanto tiempo. Sin un arsenal así, igual tiene menos sentido.

El miedo a tocar la filosofía

España trabaja pensando en ese equipo, que es también heredero de la filosofía de Cruyff, pero no debería olvidar que es imposible hacer un gazpacho sin tomate o una tortilla sin huevos. Los elementos con los que cuente el próximo seleccionador, que es de esperar que sea un entrenador de verdad, serán excelsos, pero no se parecerán del todo a los que tuvo Luis en 2008 o Del Bosque en 2010. Por eso mismo tendrá que ser valiente y salir de las ideas preconcebidas. Porque hay muchas maneras de ganar y no hay unas moralmente mejores que otras, por más que algún miembro de aquella Selección haya confundido en sus palabras lo que es poco más que un deporte con conceptos mucho más elevados. Tampoco ha ayudado un cambio de entrenador, que ha hecho dar un exceso de responsabilidad a alguien que no la merecía.

Es cierto que en las categorías inferiores se juega con los mismos conceptos que hicieron al equipo campeón en Sudáfrica. Los jóvenes aprenderán a tocar rápido, conceptos de solidaridad y colectivo, de pase rápido y fútbol de equipo. Nada malo puede salir de un buen entendimiento táctico y técnico del juego, pero tener las herramientas para jugar de ese modo no tiene necesariamente que abocarte a una sola manera de jugar.

Y se puede ganar varias veces con estilos diferentes, algo que quizá se puede saber mirando a la selección más exitosa de todos los tiempos: Brasil. El del 70, como el del 82, era un equipo fantasioso, de regateadores y un ataque incesante. El del 94, el de 2002 y el de ahora, también equipos rocosos, tácticos y en los que el talento estaba mesurado para servir la estrategia colectiva, no como un desenfreno y el recurso principal.

La Selección pasó buena parte de su historia pensando que ganar un Mundial era imposible. La desesperación quedó enterrada en 2010, cuando uno de los conjuntos más grandes de la historia, no sin miedos y tropiezos, levantó el trofeo en Sudáfrica. Aquellos héroes fueron cayendo poco a poco, y ocho años después ya no hacen un equipo. Se puede volver a ganar, la cosa está en ver si hay solo una manera de hacerlo o existen alternativas. Luis Aragonés, antes de su mayor éxito, hablaba de la gran sentada, una reunión de muchos en la que el fútbol español pensase realmente en qué quiere ser. España vuelve a estar en esa encrucijada, ¿qué quiere ser? o, mejor aún, ¿qué puede llegar a ser? Solo queda esperar que los que lleguen acierten, trabajo no les faltará.

Tribuna
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