Isco y la incomprensión para diferenciar entre jugar bien al fútbol y jugar bonito

El malagueño, casi siempre quejicoso y crispado, está convencido de que es un jugador de época, pero solo si aprende a ser más eficiente con el balón en los pies será realmente útil

Foto: Isco controla el balón. (EFE)
Isco controla el balón. (EFE)

Isco dijo que si despedían a Lopetegui les tendrían que echar a todos, pero no se preocupen, no va a pasar. Cae el entrenador, que es lo suyo, y ahora el madridismo a cruzar los dedos para que los futbolistas, hasta el momento en un nivel calamitoso, remonten en vuelo y se pongan a la altura que se exige en una camiseta histórica. Se puede individualizar. claro, pero en general poner la lupa en cualquier lugar el campo arroja siempre la misma sensación de que los jugadores, en muchos casos estrellas mundiales -y así se encargó el club de recordarlo en el comunicado-, están vagando por el terreno de juego más que jugando. Y así no hay manera.

Isco suele torcer el gesto, nunca parece contento con lo que ocurre a su alrededor. Se le nota cuando habla, aunque con frecuencia también en el campo, más quejicoso que los de alrededor. En su historial hay importantes rajadas, como aquella vez, en la Selección, que dijo que allí sí se le valoraba y que en el Real Madrid no tenía la confianza que necesitaba. Fue una más de las muchas que ya deslizaba su entorno. No era titular en aquel momento, Zidane estaba en el banquillo y aún creía en la BBC, y eso le molestaba profundamente. Porque hay una cosa que el malagueño sí tiene de crack, y es que él mismo está convencido de que es uno de los mejores jugadores del mundo.

A Isco le han dicho muchas veces que él puede ser el mejor y él ha terminado por creérselo. No aceptaba bien la competencia, mucho menos el banquillo, cuando Zidane le ponía en ese lugar él se revolvía y empezaba a tantear el mercado. Sabe, o eso cree, que Guardiola le quiere, que ve en él un jugador diferente, y con eso ha jugado varias veces a lo largo de su tiempo en el Real Madrid. Un club, por cierto, al que recaló tras darle un portazo al City, que le tenía casi cerrado cuando el mediapunta cambió de opinión.

Cuando se ha visto suplente ha sacado la patita y ha amenazado con irse. No es tonto, sabe que tiene cartel, es el típico jugador al que los elogios le llueven a cientos cuando está bien. Luis Enrique, cuando cogió el mando de la Selección, señaló que él debía ser la estrella de ese equipo. Guardiola ha hablado en ocasiones de su talento. Y Lopetegui le defendió siempre, desde que era un niño y le tenía en las categorías inferiores de España hasta su última época en el Real Madrid. Pasando, por supuesto, por la Selección, donde le dio todos los galones y pretendió hacer de él quien tirase del carro del equipo. Una expresión dura, qué se lo pregunten a Raúl. No ha tenido una palabra pública sobre el despido de su mentor.

En esta crisis galopante del Real Madrid se echó de menos a Isco, aunque quizá solo fue que su ausencia, por una apendicitis, se interpretó como una demostración de que es imprescindible. No hay nada mejor en un cataclismo que estar ausente, pensarán algunos con razón. Isco volvió hace unas semanas ya, pero sin mucho éxito. Si se esperaba que pisase el césped y cambiase el rumbo de los tiempos, se equivocaban. Aunque quizá esperar eso era de algún modo no conocer a Isco.

Saber soltar el balón

Había pasado una apendicitis, que es una enfermedad que te deja en la cama al menos quince días. Isco tiene tendencia a perder la forma con facilidad, en ocasiones eso, el físico, le ha ralentizado y lastrado el juego. Si regateas y luego no puedes arrancar para irte de verdad del defensor las cosas son mucho más complicadas.

Isco es un jugador con muchas cualidades y un problema y es que no está hecho para todos los tipos de juego. Es, no pocas veces, más bonito que bueno, capaz de la mejor filigrana, de enseñar el balón y marear al defensa. La efectividad es otra cosa, tiene gol pero no demasiado -como todos sus compañeros, por otra parte- y tiene una tendencia sospechosa a conducir el esférico. En su cabeza, el mediapunta siempre rebasa a todos sus rivales y la mejor opción nunca es el pase, sino seguir el eslálom hasta la victoria definitiva.

Es como el bueno de la clase, el que lleva el balón al patio, pero eso también puede ser contraproducente. Los mejores equipos son los más colectivos, los que son capaces de jugar rápido sin necesidad de que los futbolistas se muevan rápido, con el pase, corto o largo. El mayor ritmo nunca lo dan las piernas, más bien al contrario. El ejemplo canónico, al que nunca llegará Isco aunque sería lógico que le tomase como espejo, es Messi. Era un jugador descomunal desde el principio, pero con el tiempo ha ido incluso mejorando. Ahora es más ejecutivo, no conduce tanto el balón, no se pierde en arabescos. Aprendió a no fallar nunca un pase ni una decisión, es rotundo en todas las fases del juego. A sabiendas de que no llegará a ese nivel -y esto no es un menosprecio, es que miren de quién hablamos- Isco tiene que intentar seguir ese camino, moverse menos y tener menos el balón, pero que cuando lo toque le de más sentido a la jugada.

Solari con Isco

Llegará Solari y necesitará de Isco, porque la plantilla no es tan larga como en otras ocasiones. Igual el argentino es ese entrenador que es capaz de darle el salto y convertirle en la estrella que él está convencido que es. Justificar con juego sus palabras, esas en las que pide continuidad y cariño, lograr ser el timón del Real Madrid. No es que le hayan faltado defensores, el último verano se escuchó en varias ocasiones el nombre de Hazard para el Real Madrid y unos cuantos argumentaron que no era necesario, porque ya estaba Isco.

Aunque a él parezca no gustarle, también tiene grandes defensores en la prensa, de los que le encuentran simpáticas hasta las repetidas pérdidas de balón. Sonados son los episodios de Isco contra algunos periodistas y, en realidad, no hay nada malo en ello. Tiene todo el derecho de criticar y de que no le guste lo que lee y decirlo, aunque igual tampoco le pasaba nada por utilizar algo menos de agresividad en sus tuits y respuestas, que tampoco es necesaria tanta crispación. Sonreír no está penado. Tampoco es que conozca demasiado la profesión, lo que hace bien o mal, para lo que sirve o no. Pero bueno, eso es mayoritario, él no tiene la culpa.

Tribuna
Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
6 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios