Las dos quejas de Rafa Nadal que no tienen mucho sentido

El jugador echó en cara a la ATP no haber puesto dinero por las inundaciones de Mallorca y también se quejó de no haber ido a buscarle para cuestionarle sobre la continuidad del CEO de la ATP

Foto: Rafa Nadal, en su victoria contra Duckworth. (Reuters)
Rafa Nadal, en su victoria contra Duckworth. (Reuters)

La solidaridad es, y así debe ser, algo muy personal. Es excelente el empeño de Rafa Nadal por ayudar a sus vecinos en Mallorca, tanto por su auxilio en el momento concreto como por su posterior donación de un millón de euros. Devolverle a tu comunidad una parte de lo mucho que has ganado -en la mejor de las lides- es loable, y también de algún modo lógico. Como ha contado en varias ocasiones el jugador, le tocó cerca, tanto que familiares suyos se vieron afectados. No es extraño que alguien se sienta más concernido por un suceso cercano, Nadal vio la tragedia y actuó, en parte porque ocurrió a pocos kilómetros de casa. Hasta ahí, todo normal.

Lo que ya no lo es tanto es una frase que soltó en su rueda de prensa tras su victoria contra Duckworth: "La ATP es100% libre de hacer lo que quieran, pero en mi opinión, si sucede algo en el país de un tenista que ha hecho cosas importantes por este deporte, y no me refiero a mí, si no a Federer, Djokovic, Murray... sería bonito ver cómo la organización que lo sostiene apoya a esa gente. Me hubiera sentido bien si la organización hubiera dado un poco de apoyo económico a la gente durante el terrible periodo de tiempo que estuvieron sin casa". Nadal, solidario con lo suyo, quiere también serlo con cuentas ajenas y esto ya no tiene tanto sentido.

La ATP, como muchas otras entidades, dedica todos los años un remanente de dinero a causas sociales. Es extraña la gran corporación que no lo hace, y la asociación de tenistas profesionales tiene un tamaño suficiente para que la solidaridad, que en esos ámbitos se llama "responsabilidad social corporativa", entre en sus cuentas. También, hay que recordarlo, es una empresa mundial, con buen arraigo en todos los continentes y muchísimos países. Porque el tenis también es universal.

Tampoco está de más recordar aquí que España, en ese contexto, es un país privilegiado y que las Islas Baleares tienen una renta per cápita superior a la mayor parte de regiones del mundo. Esto no deshace la tragedia, las inundaciones fueron bestiales y los afectados se sumieron en un desconsuelo que nunca olvidarán. Eso es tan cierto como que, si se tiene que repartir un fondo de solidaridad, tiene que haber criterios mejores que el lugar de nacimiento de un gran tenista.

Lo que no queda cerca

El propio Nadal comentó en ese mismo contexto que catástrofes como la de Mallorca son desgraciadamente frecuentes, que la semana pasada sucedió algo similar en Indonesia. Esto es obvio para cualquiera que lea prensa a diario, hay dramas de ese calibre alrededor del mundo casi a diario. Lo cual nos llevaría a una siguiente fase ¿Cómo puede la ATP ayudar? Es difícil marcar un solo argumento, pero Nadal convivió con una desgracia enorme en un país que, probablemente, puede gestionar esa desgracia con tino. Será un esfuerzo añadido y su millón de euros será de enorme ayuda, pero lo más probable es que el dinero destinado a la solidaridad que tenga la ATP como organización sea más efectivo en otros lados donde no exista un sustituto posible. Y de esos sitios hay muchos en el mundo que, en una circunstancia así, requieran de la solidaridad para la supervivencia. No era el caso.

Nadal estaba algo enojado, porque a veces le pasa. Es, en ese sentido, alguien muy normal. Lo que cambia en su caso es que se tiene que poner delante del micrófono y eso no siempre es una función sin riesgo. Cuando Rafa critica a la ATP por no poner dinero en Mallorca, está dando ciertas muestras de vivir alejado de la realidad, lo cual es algo que no suele gustar. Tampoco se señala con frecuencia, al fin y al cabo Nadal tiene una ventaja de la que no gozan la mayoría, y es que la crítica tiende a ser benévola con sus palabras o con sus actos. Considerar su enorme desempeño tenístico como un argumento sólido para dar una ayuda de solidaridad es confundir churras y merinas.

En todo caso, es más probable que Nadal desembocase en la desafortunada frase porque está enfadado con la ATP en general y con el Consejo de Jugadores en particular (segunda queja del día). Aquí otra sentencia del español que tiene más vuelta de la que parece en un primer vistazo. En estas primeras semanas del año, que coinciden con Australia y el inicio de la temporada, se suelen hacer reuniones pensando en el futuro del deporte. Entre las más urgentes, por lo que se ve, está la situación de Chris Kermode, CEO de la ATP, con quien no están muy a gusto algunos jugadores. El Consejo de Jugadores de la ATP, formado por 12 tenistas, ha hecho una votación oficiosa sobre su continuidad y ha terminado con cinco votos a su favor y cinco en contra. No deja de ser una discusión interna y una filtración, pero Nadal, que apuesta por su continuidad, está disconforme con la manera de llevar las cosas.

"Nadie del consejo me ha preguntado, así que no puedo tener una opinión sobre el tema. Ningún representante de los jugadores ha venido a preguntarme si estoy contento o no con el presidente. En cuestiones tan importantes como esta, no sé, creo que tendrían que venir a preguntarme por mi posición", explicaba el tenista, con un enfado poco disimulado. Es obvio que Rafa, en el tenis, no es uno más y también sería un poco ingenuo negarlo, pero en su enfado por el poco respeto a las jerarquías hay algo de pataleta. El contraste es Federer, que se ve en una posición similar, ha sido más cauto y ha dicho que es un tema importante y del que tendrán que hablar, pero no ha exigido que vayan a él a sondearle. Todo, además, sabiendo que estas cosas se cocinan a fuego lento y todo esto no deja de ser un punto de conversaciones previas.

Rafa Nadal durante su partido ante James Duckworth en la primera ronda de Australia. (EFE)
Rafa Nadal durante su partido ante James Duckworth en la primera ronda de Australia. (EFE)

La disensión con sus compañeros

La relación de Rafa Nadal con la parte institucional de su deporte no ha sido nunca del todo sencilla. De hecho, si él quisiera es muy probable que pudiese formar parte del Consejo de Jugadores, aunque solo sea porque hay cuatro plazas destinada a los cincuenta primeros de la lista mundial, no suelen pelearse por conseguirlas y él, como bien esgrime, es Rafa Nadal, no es uno más. Es más, ya lo fue y terminó dimitiendo, enfadado -un poco- con Federer y con un grupo de tenistas que no estaban de acuerdo con sus ideas, algo que él nunca llegó a acepar del todo.

En aquel momento la cizaña llegó porque el español quería un ránking bianual, y no como el que hay actualmente que solo contempla los doce meses previos. Aseguraba que con ello habría más estabilidad en el ránking y que eso era beneficioso para todos. Pocos estaban de acuerdo y la idea cayó en el olvido, pero es que, en general, Rafa tiene una visión del circuito que es minoritaria entre sus compañeros. A él no le gustan los partidos rápidos, ni que le pidan que saque con un control y entiende que la pista de tierra es la más espectacular y beneficiosa para este deporte porque los aficionados piden peloteos largos. No pocas de esas cosas pueden explicarse desde su maestría en la arcilla. También parece diverger de sus compañeros en ciertas cuestiones relacionadas con el calendario y, por lo que se ve, también en la Copa Davis.

Nadal es, primero, un excelente jugador de tenis. De los mejores que se han visto nunca, de hecho. Eso, por sí mismo, es algo muy importante, motivo de admiración y aplauso, pero no va a más, es decir, un tenista es un tenista, no necesariamente un ejemplo. Se puede ir más allá, Nadal es por lo general un buen chico con más aciertos que errores, generalmente se conduce con sobriedad y elegancia. La solidaridad mostrada en Mallorca es admirable, muchas otras cosas de él también lo son. Aceptar jugar un partido en Arabia Saudí, como de hecho hizo aunque luego no se disputase, por poner un ejemplo, recuerda que es una persona normal, que muchas veces se guía por cuestiones muy mundanas. Y es lo suyo, no es un problema, pero no está de más no perder esa perspectiva: ser una persona normal no debería considerarse algo extraordinario.

Tribuna

Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
5 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios