El ejemplar Nadal, su partido en Arabia y la pregunta del millón: ¿qué harías tú?

Después de ser noticia por ayudar a los afectados por las inundaciones de Sant Llorenç, Rafa está siendo presionado para no jugar en Arabia Saudí, donde cobrará un millón de dólares

Foto: Fotografía facilitada por La Vanguardia de Rafa Nadal  ayudando en las tareas de limpieza en el municipio mallorquín de Sant Llorenç.
Fotografía facilitada por La Vanguardia de Rafa Nadal ayudando en las tareas de limpieza en el municipio mallorquín de Sant Llorenç.

"El hecho es destacable porque es Rafael Nadal, pero si lo hace cualquier otro es igual de destacable. En todos los vecinos de aquí ha estado el ánimo de ir a ayudar. No lo resalto más que a una persona anónima". Así explicó Toni Nadal la imagen que dio la vuelta al mundo de su sobrino achicando barro de un taller mecánico de Sant Llorenç des Cardassar, la pequeña localidad mallorquina que el pasado 9 de octubre fue arrasada por un torrente de agua. "Recibí una orden para que no se dijese nada a los medios", explicó el que fuera durante 27 años entrenador del tenista balear, que ante las críticas de quieren interpretaron el gesto de Nadal como una pose, añadió: "Me parece increíble que se critique por ayudar. Si tienen un espejo en casa, que se miren, a ver lo bien que se portan en la vida".

Pues sí, parece increíble que, aunque fuera una minoría generalmente muy ruidosa, haya gente capaz de poner en duda que lo único que llevó a Rafa Nadal a calzarse unas botas de agua, coger un rastrillo y ponerse de barro hasta las cejas fue echar una mano a sus paisanos en un momento tremendamente delicado para ellos. Como bien dijo su tío Toni, "uno se siente solidario con el que lo pasa mal. Unos amigos suyos decidieron ir con él y fue una muy buena obra. En el ánimo de Rafael estaba ayudar, no salir en la prensa por ayudar". Como el gesto de ceder su Academia para que pernoctaran los afectados por las inundaciones. Es evidente que cualquier cosa que haga o diga Nadal es mirada con lupa. Y, no, no es un problema de miopía, sino de envidia.

Unos días antes de la catástrofe de San Llorenç, concretamente el 6 de octubre, se conoció la desaparición del periodista Jamal Khashoggi, un columnista del 'The Washington Post' que tenía la sana costumbre de criticar al régimen de Arabia Saudí. Resulta que Khashoggi entró en el consulado saudí en Estambul y ya no salió. O al menos no salió como entró, es decir, con vida, pues su ropa la llevaba un doble. Fuentes de la inteligencia turca confirmaron no solo que el periodista fue asesinado, sino que fue descuartizado mientras aún permanecía vivo. Espeluznante, sí.

Novak Djokovic y Rafa Nadal, en Doha, Qatar. (Reuters)
Novak Djokovic y Rafa Nadal, en Doha, Qatar. (Reuters)

Pues bien, resulta que justo un día después, la Autoridad Deportiva de Arabia Saudí anunció que Rafa Nadal y Novak Djokovic jugarán el próximo 22 de diciembre un partido de exhibición en Jeddah. Desde Inglaterra, y más concretamente desde uno de sus principales diarios como es 'The Guardian', no tardó en denunciarse que los dos tenistas "parecen haberse quedado sordos ante el creciente clamor mundial". Y proseguía el artículo en cuestión: "Nadal y Djokovic, hombres de conciencia e integridad, arriesgan su buen nombre por aceptar la invitación de jugar un partido sin sentido en Arabia Saudí, un bajo el escrutinio general por la desaparición del periodista Jamal Khashoggi”. Según el 'Daily Mail', que también puso el foco en Novak y Rafa, el partido reportará un millón de dólares a cada tenista.

Sabido es que Arabia Saudí utiliza el deporte de la misma forma que otros países limítrofes, y de manera especial Qatar, que en 2022 albergará nada menos que el Mundial de fútbol. En 2016 puso en marcha el denominado Fondo de Desarrollo Deportivo cuyo objeto no es otro que proyectar mediáticamente una imagen positiva del país. Durante este año Arabia Saudí ha acogido su primera carrera de la Fórmula E, su primer combate de boxeo y, más recientemente, partidos de fútbol de Argentina y Brasil durante la última ventana FIFA. Por cierto, posteriores a la desaparición y muerte de Khashoggi y, sin embargo, sin que nadie reclamara boicot alguno.

Pep Guardiola, junto al presidente de la Federación de Fútbol de Qatar y el presidente del comité del Mundial de 2022. (EFE)
Pep Guardiola, junto al presidente de la Federación de Fútbol de Qatar y el presidente del comité del Mundial de 2022. (EFE)

Las reformas que se están produciendo en países como Arabia Saudí tienen más una motivación económica que social. El dólar es el dólar, que diría un catalán. Y hablando de catalanes, ahí tenemos los casos de Pep Guardiola o Xavi Hernández, tan legítimamente preocupados por la libertad en España y, por contra, con un pasado y un presente, respectivamente, estrechamente ligado a Qatar, donde, por poner solo un ejemplo, un escritor fue condenado a cadena perpetua por criticar a sus gobernantes en la Conferencia sobre el cambio climático que en 2012 se celebró en Doha. Claro que hay muchos ejemplos más, desde clubes de fútbol patrocinados por emiratos árabes a otros que directamente son propiedad de estos. La hipocresía es tan evidente que dudo que haga falta recordarlos.

Esta misma semana podemos leer en todos los medios cómo el Gobierno español pide "prudencia" hasta que las investigaciones arrojen datos concluyentes sobre el asesinato de Khashoggi, antes de adoptar una decisión sobre las exportaciones de material de Defensa y de doble uso a Riad. El ministro alemán de Economía, Peter Altmaier, insta al resto de socios europeos a adoptar una posición conjunta con medidas como la suspensión de la venta de armas anunciada por su canciller Angela Merkel.

El consejo de Amnistía Internacional

Pero volviendo a Nadal, la pregunta de si Rafa debería cancelar su partido en señal de protesta por la muerte de Khashoggi y la política saudí es muy fácil de responder, salvo que seas tú el que tengas que hacerlo. Precedentes hay, como la de la ajedrecista ucrania Anna Muzychuk, que renunció a defender su título en el Mundial de ajedrez que se disputaba en Arabia Saudí porque no quería "ser tratada como una ciudadana de segunda”. "Si van, nos gustaría verles luchar por los derechos humanos y que no contribuyan a limpiar la imagen del régimen", comenta Allan Hogarth, jefe de Defensa y Programas de Amnistía Internacional Reino Unido, en 'The Times'. "Nos gustaría verlos usar sus perfiles para plantear problemas de derechos humanos. Tuitear el apoyo a los valientes defensores de ellos en Arabia Saudí sería un comienzo", añade. Se supone que Hogarth cree que ni Nadal ni Djokovic corren peligro de acabar como Khashoggi, ¿no?

No, bromas macabras y fuera de lugar al margen, en este caso para dar ejemplo no hará falta que Rafa se calce unas botas de agua y se manche de barro. Bastará con que decline la invitación en señal de protesta, aunque también podría ir, hacer lo que le sugiere Amnistía Internacional e, incluso, donar el dinero que le paguen los saudís a las víctimas de San Llorenç. Algo así como lo de Robin Hood, que robaba a los ricos para dar a los pobres. Yo personalmente creo que por convicciones morales no jugaría ese partido contra Djokovic. Pero, claro, el único que tiene la respuesta a la pregunta del millón de dólares es Rafa, pues en su caso es lo que le costaría decir no.

A mi bola
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