La estafa del VAR o no saben cómo robarnos (la cobardía con Getafe y Valladolid)

El escándalo en el fútbol español salpica a la mala utilización de los árbitros con el VAR en dos equipos que han sido gravemente perjudicados: el Valladolid y el Getafe

Foto: El entrenador del Getafe, Bordalás, en Anoeta acabó expulsado en el partido contra la Real Sociedad. (Efe)
El entrenador del Getafe, Bordalás, en Anoeta acabó expulsado en el partido contra la Real Sociedad. (Efe)

Para qué queremos el VAR si hay partidos en los que es una estafa más que una solución a los problemas. Es lo que podrán decir los aficionados del Valladolid y el Getafe después de ser perjudicados en la última jornada con disparidad de criterios de protocolo y señalización que no tienen ni pies ni cabeza. Bordalás, entrenador del Getafe, sí lo ha dicho tras sentir que le han 'robado' en Anoeta: "Está claro que el Getafe no puede estar donde está". No quiero ni pensar de lo que estaríamos hablando si los fallos de utilización del videoarbitraje y el criterio del colegiado de campo llega en una posible Liga igualada. Si el Real Madrid hubiera estado compitiendo con el Barcelona por el título y sucede lo que hemos visto en los partidos entre el Atlético de Madrid y Valladolid o la Real Sociedad y el Getafe, el escándalo sería de proporciones gigantes. Nos quedamos con la duda para otra temporada que el Madrid se presente en la pelea por el título.

En el VAR no está el problema. El fallo humano lo denigra y ahora sí que alimenta, con más fuerza, las teorías conspiratorias. La máquina aporta soluciones, hace su trabajo, pero los colegiados –de carne y hueso– tienen sus miedos. ¿Para qué quieren el VAR si les entra pavor a usarlo? Les falta criterio y valentía para darle una buena utilidad a la tecnología y minimizar sus errores de apreciación. La credibilidad del videoarbitraje había que medirla, en toda su dimensión, en las últimas jornadas de la Liga que es cuando se deciden el futuro de los equipos. No ver una mano en directo es comprensible. Pero ir al monitor, revisarla y no señalarla es cometer dos errores. Cuando menos sospechoso. No querer ni ir al monitor es una irresponsabilidad.

Al Getafe le han vuelto a estafar –no es la primera vez– desde la sala del VAR con una jugada para la polémica en la que el árbitro –Prieto Iglesias– ni pita un posible penalti ni acude al monitor para revisarla. Un derribo de Rulli a Mata. El escándalo de la jornada viene con otro partido para dudar del rigor de los árbitros. El que se disputó en el Wanda Metropolitano entre el Atlético y el Valladolid. Una mano del rojiblanco Arias en la que el colegiado –Melero López– sí decide revisar por ser avisado desde la sala del VAR y no pita penalti porque le parece involuntaria. Getafe y Valladolid, dos equipos modestos de la Liga que pelean por diferentes objetivos –Champions y descenso, respectivamente–, tienen razones para sentirse injustamente tratados.

El Getafe, machacado

El Valladolid de Ronaldo pelea por mantenerse en Primera división y ese posible penalti –revisado y no señalado– le podía haber dado un punto de oro. El Getafe está haciendo historia con esa cuarta plaza que le clasificaría para la Champions. Una acción de Mata dentro del área en Anoeta, en la que cae derribado por contacto con Rulli, no fue ni revisada. Dos posibles penaltis que protestó su entrenador —Bordalás– y acabó expulsado. Con el Getafe llueve sobre mojado. Gravemente perjudicado en el fallo arbitral y desde la sala VAR en la acción más escandalosa que se ha visto en la Liga. Sucedió en San Mamés. Un agarrón de Iñigo Martínez a Mata en la última jugada del partido que el árbitro no señaló y el VAR obvió. Ese día el presidente del Getafe –Ángel Torres– puso el grito en el cielo y habló de “una campaña contra el Getafe y una cobardía”.

El videorbitraje es un buen invento que necesita una profunda revisión de manual y criterio arbitral cuando finalice esta temporada. Lo incómodo no es el tiempo que se pierde en supervisar y clarificar las jugadas que son dudosas ni que los goles se tengan que celebrar en diferido. El gran problema es que los árbitros de campo y la sala VAR fallan en jugadas que son objetivas y la sospecha, que es para echarse a temblar, es que los perjudicados en el tramo final de Liga son los equipos modestos.

Tribuna
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