Hoy toca dar por saco...

… de manera concisa por una vez, para deprimir a todo aquel desgraciado lúcido que todavía ansía meditar en vez de consumir, he ahí su error

… de manera concisa por una vez, para deprimir a todo aquel desgraciado lúcido que todavía ansía meditar en vez de consumir, he ahí su error y su tragedia, cuya mollera no haya sido fosilizada por las prédicas absurdas de tanto genio neoclásico obsesionado con un crecimiento salvaje y sin control, como el que siguen promoviendo sin rigor científico ni llama alguna de honradez, sin rescoldo de inteligencia ni siquiera apolillada, sin vestigio ni ceniza entristecida a causa del menguante raciocinio científico, abandonado en algún vericueto perdido y amojamado del cerebro apagado de eminentes druidas 'nobelados', que ha sido mezquinamente sofocado al calor de sus excelsas chimeneas académicas, domiciliadas la mayoría en la decadente Ivy League. Puff. Qué frase.

Y, la Academia Sueca, reverberando sin pudor ni conciencia la tal ciencia impúdica e impostada de pueril alcance temporal instantáneo, mientras tanto, ignora la necesaria y, por la cuenta que nos trae, algún día obligatoria economía fundamental.

El Living Planet Index (LPI) mide la tendencia mortuoria de miles de especies de vertebrados. Muestra una caída de un 52% de tales poblaciones entre el año 1970 y el 2010. La población mundial de vertebrados ha descendido a la mitad en apenas 40 años.

La huella ecológica (ecological footprint) muestra la biocapacidad del planeta. Se necesita el equivalente a 1,5 planetas Tierra para satisfacer las chifladuras consumistas de la población mundial. Hace apenas cuatro años eran 1,44 veces. La aceleración persiste.

Incluyen los recursos renovables que se consumen en alimentación, el combustible necesario, las tierras de cultivo que desaparecen a causa de nuevas construcciones de adosados o de la erosión, o los bosques necesarios para absorber las emisiones. Desde hace más de 40 años, las demandas de la población exceden la disminuida capacidad de este planeta para proporcionarlas y poder regenerarse.

Las huellas acuícolas (water footprints), en este caso en plural a causa de su disponibilidad local, miden el volumen de agua necesario para satisfacer las necesidades vitales de una determinada comunidad. No hay índice único, aunque no haga falta mostrarlo. Hay que ser economista para no darse cuenta.

Más de una tercera parte de la humanidad, unos 2.300 millones de personas, sobreviven a orillas de cauces que sufren grave escasez de caudal al menos durante un mes al año y de calidad del agua dulce el resto.

En Asia, los ríos tributarios del Himalaya amagan escasez a causa el exceso de explotaciones y la sobrepoblación, sea hacia China en el norte o la India en el sur. En el Medio Oeste y California sus fastuosos regadíos están en peligro. El mar de Aral ya no existe. ¿Qué más hace falta para concienciar a tanta acémila económica cargada con vacua excelencia instantánea?

Si no se pone remedio, el colapso se producirá dentro de pocos decenios, tal como predijo por otro lado el Club de Roma hace los mismos 40 años. Distintas fuentes, siempre y cuando no brillen 'nobeladas', confluyen hacia el mismo destino trágico: el cataclismo que vendrá a causa de una actividad económica desquiciada, un consumismo salvaje y un endeble pero gigantesco castillo de naipes financiero fabricado de corrupción, caradura y aire.

La inequidad y la distribución desigual son causas complementarias pero principales. Precipitarán la catástrofe si no la provoca antes la burbuja financiera, que continúa inflándose sin ningún control, el día que reviente.

Lo dijo la NASA: esta civilización desaparecerá puede que abruptamente, como tantas otras en el pasado, cuando confluya en el tiempo el deterioro socioeconómico con la catástrofe medioambiental. Ya falta menos.

¿Comprenden los genios 'nobelados' y sus mamporreros acienciados lo que profetizan tales gráficos? Nos quedamos huérfanos de congéneres con vértebras. Sobreexprimimos el planeta. El agua dulce escasea.

Descarnado. Brutal. Real. Es lo que hay. Lo dicen los viejos conocidos de WWF en su Living Report 2014. Secos, por no decir solos, huérfanos por no decir arruinados. Mientras, los atolondrados druidas continúan fomentando miserias futuras sin dignarse a escuchar, a estudiar ni pedir perdón y, mucho menos, a recapacitar acerca del daño causado para poder comenzar a corregirlo aplicando la economía fundamental. 

Dando por saco, para variar.

Apuntes de Enerconomía
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