Algunas preguntas sobre la propuesta de Cabify para resolver el problema del taxi

Sea, en todo caso, bienvenida la propuesta de Cabify, que permite plantear una solución privada a un problema privado

Foto: Foto: Reuters.
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En las últimas horas, se ha conocido la propuesta del fundador y CEO de Cabify, Juan de Antonio, para resolver el problema del taxi; un problema que está suponiendo la alteración del orden público en ciudades como Barcelona y Madrid, en la última, en un momento clave para la imagen internacional de la ciudad ante la celebración de Fitur.

La propuesta consiste, básicamente, en crear un fondo de transición que valora las licencias de los 16.000 taxistas de Madrid en unos 150.000 euros cada una, que se financiaría mediante el incremento de las tarifas actuales en cinco céntimos por kilómetro. Se habla también de la oferta de integrar a los taxistas en la plataforma de gestión y reservas de Cabify. En ambos casos, complementarios o no, la solución sería 100% privada, "sin rescate2 de los ciudadanos y resolviendo el principal problema de los taxistas, que no es otro que el de la protección del valor de su inversión. Un problema que, como señalábamos aquí, es el del riesgo regulatorio generado por los políticos, pues ellos, y nadie más, son los únicos con capacidad de intervenir un mercado regulado.

Esta oferta presenta, sin embargo, una serie de dudas que es necesario aclarar. Recordemos que, de acuerdo con las estimaciones del Ayuntamiento de Madrid, un taxi está circulando sin pasajeros el 55% de su tiempo; eso es una clara ineficiencia frente a los VTC, que funcionan básicamente bajo demanda, sin necesidad (y con la prohibición expresa) de estar al acecho del pasajero. Por otro lado, de acuerdo con los datos de la plataforma del Ayuntamiento de Madrid, la antigüedad de la mitad de los taxis es de unos cuatro años, con solo un 25% de dos años o menos de antigüedad y otro 25% con al menos 10 años y medio. Más de la mitad son diésel, aunque es cierto que casi la mitad de todos los que circulan por Madrid tiene etiqueta medioambiental ECO o cero, y menos de uno de cada tres la tiene B, no existiendo ninguno sin ella.

Si bien no hay duda de que Cabify está en condiciones de integrar a los taxis en su plataforma tecnológica (ya lo ha hecho en muchos países de centro y Sudamérica donde operan), surgen dudas acerca de la operación. No hay datos, desgraciadamente, que permitan determinar el número medio de kilómetros que recorre un taxi en Madrid, aunque una estimación no alejada de la realidad los situaría en unos 80.000. Si ponemos que un VTC, mucho más eficiente, recorre la mitad de los kilómetros que hace un taxi, eso nos lleva a alrededor de 75 millones de euros de ingresos anuales adicionales derivados del recargo que propone De Antonio, que permitirían cubrir los anunciados 150.000 euros por licencia en unos 30 años. Insistimos en que, mientras no muestren las cifras, solo podemos efectuar una estimación, sin duda conservadora.

Otras dudas son las siguientes: ¿aceptará el regulador que Cabify pase a controlar el 85% del mercado de transporte de pasajeros en Madrid? ¿Cómo integra Cabify en su flota a unos conductores que, teniendo el mayor conocimiento del negocio que se pueda tener, no están en absoluto acostumbrados a ser valorados por sus clientes (cuestión esta que los dirigentes del sector han, además, rechazado, diciendo cosas como que “no deben hacerse valoraciones en caliente”)? ¿Cómo integra Cabify en su flota de vehículos nuevos, impolutos, a vehículos con más de 400.000 km a espaldas de sus conductores? ¿Cómo se discrimina el precio en tal caso? ¿Informará Cabify, además de la marca y modelo del vehículo, de los kilómetros que tiene el coche?

Y, sobre todo, ¿cómo integra Cabify a los profesionales en un sistema transparente de IRPF? Una de las principales acusaciones que se hacen a la multinacional española es la de tributar en un paraíso fiscal, pero quizá sería interesante comprobar si el pretendido paraíso fiscal no está tanto en Delaware como en el sistema de módulos.

Sea, en todo caso, bienvenida la propuesta de Cabify, que permite plantear una solución privada a un problema privado. Seguro que el tiempo y la transparencia de la que siempre ha hecho gala la empresa nos permiten resolver estas y otras dudas.

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