Donaciones indignas y evasión fiscal

Lo que refleja la actitud de los muchachos y muchachas de Podemos es la envidia que siempre ha mostrado la izquierda respecto de quien se ha labrado su éxito en la sociedad

Foto: El fundador de Inditex, Amancio Ortega (c), junto a su hija Marta Ortega. (EFE)
El fundador de Inditex, Amancio Ortega (c), junto a su hija Marta Ortega. (EFE)

“Si dices la verdad, no tienes que recordar nada”. Mark Twain.

Hastiados ante la falta de empatía que provocan sus propuestas, tratando de desviar la atención sobre cómo quienes siempre vivirían en sus casas y saludarían a sus vecinos de toda la vida emigran a las zonas más caras de la capital o de la sierra de Madrid, los líderes (sic) de Podemos vuelven a dar la batalla contra el empresario y fundador de Inditex, Amancio Ortega. Incapaces de otra cosa distinta que le envidia y la ira, miembros de esta formación afirman que la Sanidad pública debería rechazar las donaciones que la Fundación Amancio Ortega efectuó, por importe de más de 300 millones de euros, en equipos de última generación de diagnóstico y tratamiento contra el cáncer.

Cuando no son las prácticas abusivas de Inditex en los países en desarrollo (que desmonté hace tres años aquí), es la evasión de 600 millones de euros en impuestos que la candidata de Podemos a la Comunidad de Madrid denuncia en un hilo de Twitter, que copio debajo pues espero que, a estas alturas, ya lo haya borrado.

Digo que espero haya borrado porque Serra (quizá la más desconocida de todos los candidatos a presidir el Ejecutivo regional madrileño y, por tanto, necesitada de notoriedad a pocos días de las elecciones) supongo que será consciente de que acusar a nadie mediante mentiras manifiestas puede ser motivo de demanda. Aunque también estoy seguro de que, a estas alturas, sus potenciales socios de gobierno, encabezados por la ministra Montero y el director general de la Agencia Tributaria, ya habrán comenzado las pesquisas para comprobar el delito del que el Sr. Ortega es acusado por la Sra. Serra.

En 2018, Inditex ingresó a las arcas públicas, solo en concepto de impuesto de sociedades, alrededor de 1.600 millones de euros, o, lo que es lo mismo, dos de cada 100 euros que se recaudaron con esa figura tributaria. Emplea a unas 175.000 personas en todo el mundo e incorpora, anualmente, alrededor de 11.000 nuevos trabajadores a su plantilla. Una plantilla en la que tres de cada cuatro empleados son mujeres, y en la que la brecha salarial es del 1% a favor de las mujeres. Una plantilla que recibe, como premio a su participación en el incremento de beneficios, un 10% del mismo, esto es, unos siete millones de euros, y que se ven ampliados en otros 25 millones por libre decisión de la empresa, solo en el año 2018. En total, durante la vigencia del actual Plan de Participación, los empleados de más de dos años de antigüedad de la entidad gallega han ingresado más de 150 millones de euros de sueldo extra. Bueno, ellos y el Ministerio de Hacienda, que no habrá dejado de hincar el diente a las rentas del trabajo.

Más allá de la grosería que supone insultar a quien te ayuda sin pedir nada a cambio, lo que refleja la actitud de los muchachos y muchachas de Podemos es la envidia que siempre ha mostrado la izquierda respecto de quien se ha labrado su éxito en la sociedad. “Una democracia digna no acepta limosnas de multimillonarios”, añadió el vecino de Galapagar y líder de Podemos. No pueden soportar que nadie decida, libremente, donar parte de sus ganancias, de su ahorro, sin que ellos dicten dónde, cuándo y por qué. Y la razón es muy sencilla: han pretendido estatalizar algo tan íntimo como la solidaridad, hasta tal punto que escupen sobre quien osa ser generoso con lo que ha ganado en buena lid.

Son constantes las llamadas a la solidaridad de quienes más tienen (Gabilondo aquí, Sánchez hace unos meses, por supuesto Iglesias, todos ellos en la misma línea de esos ideólogos del socialismo fiscal que renunciaron a su programa electoral, Mariano Rajoy Brey y Cristóbal Montoro Romero, el artífice del infausto recargo temporal de solidaridad que esquilmó las rentas de las clases medias cuando más necesitaban el fruto de su trabajo), aunque, cuando la solidaridad se manifiesta como un acto de adhesión circunstancial a la causa de otros, en este caso, de los enfermos de cáncer, monten en cólera y muestren su dedo acusador sin dejar de mentir. Quizá sería más interesante que buscasen la respuesta a la posible desaparición de una buena parte de los equipos donados, pero, entonces, hablaríamos de gente preocupada por la correcta gestión de lo público.

Un país como España necesita más Ortegas creadores de riqueza y trabajo, y menos Iglesias alimentados por la envidia y generadores de ira

“Si en España se cumpliera el artículo 128 de la Constitución [esa estupidez marxista que los padres de la Constitución colaron en nuestra Carta Magna, que supedita la riqueza nacional al bien común], [Amancio Ortega] no donaría 500 millones en 18 años [sino que] pagaría 750 millones cada año". Aplica el líder de la formación morada el famoso 'céteris páribus', la hipótesis que más daño ha hecho al razonamiento económico, y que supone que nada variará salvo la variable estudiada, en este caso la recaudación. Es decir, que pueden ordeñarnos cual vacas y que, entonces, el Sr. Ortega no reaccionaría al expolio. En Francia, se estima que el número de personas que abandonaron el país tras la introducción del impuesto de solidaridad sobre la fortuna fue de 674 en 2012, de 877 en 2013 y de 754 en 2015; se recaudaron, pues, cero euros sobre esas aproximadamente 2.200 personas.

Un país como España necesita más Ortegas creadores de riqueza y trabajo, y menos Iglesias alimentados por la envidia y generadores de ira.

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