Esta vez es diferente: por qué la caída de la confianza de la segunda ola es más grave

La economía doméstica sigue deteriorándose a medida que la pandemia no da tregua y aumentan los confinamientos. El pesimismo de los hogares está ya peor que durante la primera ola

Foto: Imagen: Pablo López Learte.
Imagen: Pablo López Learte.

La segunda ola del coronavirus no da tregua. A medida que pasan los días, aumentan los casos y se multiplican las restricciones. En este contexto, la encuesta de confianza al consumidor de la Comisión Europea muestra la delicada situación en la que se encuentran ya las familias. En España, los resultados de la encuesta dejan una recaída en octubre después de un breve repunte en septiembre. El saldo de respuestas que dicen que su situación económica de los últimos 12 meses fue negativa frente a los que dicen que es positiva cayó hasta el -76,4%. Esto es, casi la gran mayoría de los hogares advierten del deterioro de su economía en los últimos meses.

Este dato es peor que el registrado durante los meses del confinamiento. El motivo es que a medida que pasan los hogares, hay un mayor porcentaje que se ve afectado de alguna forma por la crisis. Pero, además, se trata del peor resultado desde el año 2012, durante los meses en los que España estuvo al borde del colapso. En ese momento, el indicador registró su peor dato histórico, con un saldo de respuestas negativas que alcanzó el 82% en agosto, tras el rescate financiero. En esta ocasión, el saldo negativo está ya por encima del 76%, lo que muestra la situación complicada que están viviendo los hogares.

La caída de los niveles de confianza en esta fase de la crisis está siendo más profunda y, sobre todo, más grave que durante la primera ola. En los meses de marzo y abril, durante las peores semanas del confinamiento, la expectativa generalizada apuntaba a que la economía se recuperaría rápidamente después de doblegar al virus. Ahora, por el contrario, los hogares y las empresas están exhaustas después de tantos meses de crisis y creen que lo peor está por llegar. Un escenario que explica el deterioro de los indicadores de confianza, que son datos adelantados de la 'economía real'.

La encuesta de Eurostat también refleja un aumento del pesimismo respecto al mercado laboral. En las últimas semanas ha resurgido el miedo a perder el empleo. A pesar del buen desempeño del empleo durante los meses de verano, cuando se reincorporaron más de tres millones de trabajadores (despedidos y de ERTE), los rebrotes del virus han vuelto a expandir el miedo entre las familias. En concreto, el saldo de encuestados que consideran que el paro va a aumentar en los próximos 12 meses supera el 58%, el peor dato desde el mes de mayo, todavía en pleno confinamiento.

Este repunte de la incertidumbre supone un riesgo adicional para la recuperación económica. Las familias han vuelto a recortar su gasto para dedicarlo a ahorro preventivo. De esta forma, el consumo, gran motor de la recuperación durante los meses del verano, caerá más rápido que la renta disponible de los hogares durante los próximos meses. Este es el canal tradicional por el cual las crisis se vuelven más virulentas: la incertidumbre frena el consumo, lo que agrava la crisis provocando más destrucción de empleo y más ahorro preventivo.

El sector industrial es el que está tirando de la economía en Europa, pero en España está mostrando claros signos de debilidad. Así se desprende de la encuesta de confianza industrial que elabora cada mes el Ministerio de Industria. El índice de confianza ha mejorado levemente en octubre, aunque sigue en niveles negativos, en -9,2%. Sin embargo, si se profundiza en los datos se observa que la mejora de la producción se ha destinado básicamente a elevar el stock de productos finalizados, que ha crecido un 9,4%. Sin embargo, la cartera de pedidos sigue en negativo y las expectativas de producción siguen recortándose.

Este nuevo escenario económico genera el caldo de cultivo óptimo para que el PIB sufra una recaída en la recta final del año. Las dudas de los hogares siguen creciendo a medida que se expande el virus. Las encuestas son indicadores adelantados que posteriormente son refrendados con datos de actividad ‘reales’. Ahora ya sabemos lo que está por venir.

Consecuencias económicas
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