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¿Podemos confiar en los números de los bancos? (II)
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Ignacio de la Torre

El Observatorio del IE

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¿Podemos confiar en los números de los bancos? (II)

Acabábamos nuestro primer artículo sobre la fiabilidad de los números de los bancos con la broma planteada por los contables ingleses respecto de los balances bancarios:

Acabábamos nuestro primer artículo sobre la fiabilidad de los números de los bancos con la broma planteada por los contables ingleses respecto de los balances bancarios: “On the left side there is nothing right, on the right side there is nothing left”.

Planteábamos en este primer artículo que el volumen de pérdidas reconocidas por los bancos estaba muy relacionado con la naturaleza cotizada o no de los activos bancarios, ya que si el activo cotiza (como sucede entre muchos bancos norteamericanos) el reconocimiento de la pérdida debería ser inmediato, y si no cotiza, se puede intentar diferir este reconocimiento.  El sistema financiero español está en este segundo caso.  Nuestro talón de Aquiles son los préstamos a promotores (con un volumen cercano a los 320.000 millones de euros).  Cuando el promotor va a entrar en morosidad, el banco puede preferir quedarse con los activos de forma que se genera un efecto calendario al diferir el reconocimiento contable de la posible minusvalía (en especial si se substituye crédito por participación en sociedades inmobiliarias).  De ahí que haya que tratar con cautela las cifras públicas de morosidad, y por eso, de continuar estas prácticas nos acercamos al escenario de bancos zombies japoneses (con activos dudosos en los balances, lo que provocó en este país una continua letanía interbancaria que impedía la recuperación económica).

Con esto no quiero decir que el modelo bancario norteamericano sea el correcto.  España y Europa han demostrado poseer mejores prácticas bancarias: en el caso español las provisiones anticíclicas del Banco de España (muy alabadas, aunque insuficientes), en el caso de Alemania, Francia o España, los mercados de Covered Bonds (como nuestras cédulas hipotecarias) han demostrado ser mucho más eficientes que los mortage backed securities a la hora de originar activos de mayor calidad que los subprime.  Por otro lado en España se practicó menos agresivamente la desviación de deudas y activos fuera de balance en entidades esponsorizadas por los bancos (SIV y conduits).  Sin embargo, ante una crisis de la gravedad de la actual no cabe la complacencia, y anuncios de que lo peor ha pasado ya en la morosidad sin tener en cuenta los factores cualitativos resaltados en este artículo no hacen más que retrasar y prolongar el daño al sistema financiero, y por lo tanto al conjunto de la economía.  Cuanto antes se recapitalice el sistema financiero antes se recuperará la economía.

Otro motivo de preocupación reside en la valoración a mercado de los pasivos cotizados.  El argumento del banco es: “si me obligan a contabilizar a mercado mi activo, el pasivo también”.  Así, cuanto más riesgo tenga un banco de quebrar, menos valdrán sus pasivos, y de igual forma que una caída de valor de un activo provoca una pérdida, una caída de valor de un pasivo generará un beneficio.  Por ejemplo Barclays se ha apuntado el año pasado un beneficio de 1.300 millones de libras debido a la caída del precio de sus bonos.  Como apunta Tony Jackson, del Financial Times, el último apunte contable que haría un banco antes de quebrar sería reconocer un beneficio enorme, ya que el valor de sus bonos se habría ido a cero.  La verdad es que esta práctica atenta contra el principio de prudencia contable, y de hecho, aunque esté permitida, no es común su utilización por compañías que no sean bancos.

Especialmente grave han sido los cambios en la contabilidad de los activos cotizados de los bancos de los EEUU, tras un ejercicio intenso de lobby por parte del sector.  La contabilidad norteamericana permitió el pasado Octubre que los bancos reclasificaran activos cotizados (que hay que valorar a precios de mercado) como activos a vencimiento (que se valoran por modelos) si estimaban que la liquidez de los activos cotizados era poco representativa para formar un precio justo de mercado, apréciese la subjetividad (la Unión Europea está en este momento presionando al IASB (instituto que emite la normativa de contabilidad internacional, que siguen los bancos europeos) para que se haga lo propio).  Sin embargo, tras estos cambios de la contabilidad norteamericana, no se cambió la norma sobre los pasivos cotizados (valor de mercado puro y duro).  Así, se cae en el espectáculo buñuelesco de que bancos como Citi traspasan agresivamente activos cotizados a la cartera de activos no cotizados (64.000 millones de dólares) para evitar reconocer la pérdida, pero sí que reconocen el beneficio generado porque sus pasivos cotizados hayan caído de valor (2.700 millones de dólares de beneficios en el último trimestre debido a este apunte contable).  Lo trágico de todo esto es que cuando los activos cotizados subían, los bancos no hicieron ningún lobby para cambiar el sistema contable que entonces les favorecía generando enormes beneficios, sólo lo han hecho cuando los activos bajan…

Paradójicamente, si sigue la mejoría y los activos bancarios cotizados suben, podemos encontrarnos con una desagradable sorpresa en la contabilidad de los bancos: los activos cotizados que estén subiendo pero que hayan sido reclasificados a vencimiento no podrán generar un beneficio; sin embargo la subida de los precios de los bonos cotizados de los bancos les hará reconocer enormes pérdidas debido a la subida del valor de este pasivo. 

Hagan sus apuestas, si ocurre este escenario ¿conseguirá el lobby bancario dar marcha atrás y volver a cambiar las reglas contables y llevar los activos de nuevo a valor de mercado y los pasivos a vencimiento?

Acabábamos nuestro primer artículo sobre la fiabilidad de los números de los bancos con la broma planteada por los contables ingleses respecto de los balances bancarios: “On the left side there is nothing right, on the right side there is nothing left”.