¿Por qué ha bajado el precio del petróleo?

En contra de lo que se suele decir, no significa que no haya problemas de fondo en el suministro

Foto: Incendio en una refinería de Pemex. (EFE)
Incendio en una refinería de Pemex. (EFE)

La explicación del impresionante desplome en los precios del petróleo está clara a la vista del siguiente gráfico, en el que se ve cómo la oferta empezó a ser muy superior a la demanda a partir del año 2014. Esta persistente situación provocó el hundimiento de los precios y, como vemos, sigue a día de hoy, aunque hay ciertos indicios de que la producción dejó de aumentar en el mes de julio.

A pesar de que muchos auguraban el hundimiento rápido de la producción en EEUU debido a sus elevados costes, esta de momento solo ha descendido levemente, como se ve en el gráfico. Sin embargo, teniendo en cuenta el desfase temporal entre la inversión y el pico de producción, la situación realmente no es sorprendente, y podemos esperar que este descenso incipiente continúe en los próximos meses, contribuyendo a que la oferta global se estanque o incluso decaiga. Posiblemente tardemos un año, o incluso dos, en que se igualen oferta y demanda, momento en el que nuevamente veremos escalar los precios hasta los tres dígitos.

Esta situación de sobreoferta de petróleo no se debe, ni mucho menos, a que el mítico 'peak oil' que anticipó Hubbert hace casi 60 años no se vaya a producir, sino a un hecho muy diferente. El petróleo convencional lleva con la producción estabilizada en el entorno de los 70-72 millones de barriles/día desde hace más de 10 años, y a todas luces solo un enorme esfuerzo de inversión y recuperación ha permitido que esta producción no decaiga. El hecho es que lo que ha pasado es que hemos pasado a obtener productos de usos similares al petróleo crudo o sus derivados a partir de otras fuentes, como son los esquistos y arenas bituminosas o el gas licuado. Esto ha permitido que el suministro de combustibles líquidos haya seguido aumentando con fuerza a pesar del estancamiento de la producción de crudo. Eso sí, a un coste mucho mayor.

Posiblemente tardemos un año, o incluso dos, en que se igualen oferta y demanda, momento en el que veremos escalar los precios hasta los tres dígitos

Para entender lo que pasó, debemos volver la vista atrás. Después de la segunda crisis del petróleo que comenzó en 1979 se produjo un ciclo de fuerte inversión que finalmente consiguió romper el cártel y hundir los precios del petróleo, que permanecieron muy bajos durante buena parte de los años ochenta y durante loos noventa del pasado siglo. Estos precios tan bajos hicieron que la inversión no fuera suficiente, a la vez que la demanda en los emergentes, y especialmente en China, explotaba. Esto causó el 'shock' de precios de 2007-2008. A pesar de que el precio del crudo, arrastrado por la fuerte crisis mundial, se desplomaba, esta caída duró realmente poco, pues en cuanto la economía mundial se recuperó en 2009, los precios subieron con fuerza, alcanzando más de 120 dólares por barril en abril de 2011. Sin embargo, para entonces ya estaba en marcha una enorme oleada de inversiones en el sector energético que ha hecho que la producción se incremente en más de cuatro millones de barriles/día entre 2013 y 2015.

En esencia, esto que estamos viendo constituye uno más de los ciclos normales en la producción de materias primas. A un incremento de demanda se responde con un aumento de precios que a su vez provoca el de la inversión. Cuando esta inversión consigue que aumente la producción tanto que sobrepasa la demanda, entonces los precios bajan y a su vez lo hace la inversión, iniciando otra vez el ciclo.

Por eso, esta caída de precios no tiene nada que ver con el 'peak oil' (convencional), que es evidente. Lo que ha demostrado este ciclo es que básicamente el efecto sustitución de fuentes de energía primaria basada en combustibles fósiles es todavía posible, aunque, eso sí, no sabemos durante cuánto tiempo.

Tampoco hay indicios de que la demanda se haya visto seriamente dañada a nivel mundial por los altos precios de 2010-2014, ya que esta ha aumentado en ocho millones de barriles/día desde 2010.

Lo que estamos viendo constituye uno más de los ciclos normales en la producción de materias primas

Otro problema mucho más grave es el daño medioambiental que se haya producido en la explotación de estos hidrocarburos no convencionales. En este breve vídeo pueden ver la devastación producida en Canadá en los yacimientos de arenas bituminosas. Por no hablar de las repercusiones sobre el aumento de los gases invernadero.

Precisamente de esto último se va a hablar en la inminente cumbre de París. Puesto que existe una virtual certeza a nivel científico sobre la desestabilización que provocará sobre el clima del planeta el aumento de los gases invernadero, hay bastantes indicios de que por fin se van a tomar medidas al respecto. Sin embargo, y si así sucede, las razones no serán solo estas. Realmente los hidrocarburos no convencionales no son una panacea sino un parche. Además de muy contaminantes, su rendimiento energético es muy bajo, ya que exigen grandes inversiones para producciones en proporción muy exiguas. Si medimos su rendimiento a nivel energético (técnicamente su TRE o tasa de retorno energético), realmente son tan malos o peores que muchas renovables. Por ello, es de esperar un acuerdo para el fomento drástico de estas energías renovables.

Conforme las fuentes más ricas de energía se vayan agotando es inevitable que los países del mundo rico nos veamos abocados a reducir los niveles de vida

Sin embargo, esto no quiere decir, ni mucho menos, que las cosas vayan a seguir tal y como eran ni a nivel económico ni social. Las renovables, por desgracia, exigen inversiones mucho mayores que esos depósitos de energías fósiles que la naturaleza había puesto a nuestra disposición de forma gratuita y que en buena parte ya hemos consumido. Y eso en esencia quiere decir que el remanente que nos quedará para el uso discrecional por parte de la sociedad será mucho menor. Conforme las fuentes más ricas de energía se vayan agotando, es inevitable que los países del mundo rico nos veamos abocados a un estancamiento y luego a una reducción de los niveles de vida, ya que además las dinámicas de la economía global presionan a una nivelación en renta de los diferentes países.

El reto es, pues, el adaptarnos como sociedad a esta nueva etapa histórica de recursos menguantes sin que una parte de la sociedad (es decir, los más poderosos) rompa la baraja y trate de no ver reducido su trozo de pastel aunque sea a costa de que el de los demás se haga mucho más pequeño. Esto se ha visto y, si no cambian mucho las cosas, se verá cada vez más reflejado en la disminución del Estado del bienestar y el estancamiento de las rentas salariales, a la vez que aumentan las rentas del capital. No es casualidad que veamos con frecuencia noticias que nos informan del aumento del número de milmillonarios. Ojalá estas tendencias no continúen, pero por desgracia, de momento pintan bastos, y la dinámica que vivimos indica que no solo no se corregirán sino que incluso empeorarán.

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