Por qué es inevitable que España vaya mal

La ventaja tecnológica en la mayoría de sectores exportadores es decisiva, y España va en ese sentido retrocediendo sin parar

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Muchas personas creen que la situación está mejorando poco a poco y que en unos años volveremos a la 'normalidad', si por normalidad se puede entender lo que fue España entre 1986 y 2007.

El año 1986 fue importante. La gigantesca crisis bancaria iniciada en 1977 había quedado atrás. Una crisis de la que aquí se habla poco, pero que estudiosos extranjeros consideraban hasta la hecatombre iniciada en 2007 una de las cinco grandes crisis financieras acontecidas a nivel mundial desde 1945. España, por otra parte, ese mismo año entró en la Comunidad Económica Europea y riadas de dinero comenzaron a acudir a un país que durante años había sufrido niveles muy elevados de desconfianza por su inestabilidad, una situación que causó una fuerte escasez de capital y altísimos tipos de interés, y que paró en seco el proceso de industrialización acelerada iniciado a raíz del plan de estabilización de 1959, que se caracterizó por una planificación muy notable de la economía y fuertes inversiones públicas.

Pero lejos de iniciar un nuevo ciclo de aparición de nuevas empresas de sectores adaptados a nuestra realidad social (un país de renta media-alta, con amplias capas de población bien formada e infraestructuras a un nivel suficiente como para no penalizar de forma grave el funcionamiento de la economía), lo que se iniciaron fueron sucesivos ciclos en que la mayor parte del capital se dirigió hacia el inmobiliario primero y luego también hacia una inversión inadecuada en infraestructuras. Todo esto fue consecuencia de los males de nuestro sistema político, de los cuales he hablado desde esta columna en multitud de ocasiones: una hiperregulación maliciosa, encaminada a crear mercados cautivos, una corrupción galopante en los altos niveles, que se traduce en inversiones inadecuadas y sobrecostes tremendos, y una clase dirigente despreocupada totalmente de elementos básicos, como una política industrial adecuada, y que ha pensado y piensa solo en sus clientelas políticas. El hecho de que haya países que estén mucho peor, que son legión, no debe servirnos de consuelo, ya que debemos fijarnos en los países de características similares al nuestro, y de esos, los que están peor se cuentan con los dedos de una mano, y sobran dedos.

Como vemos en el siguiente gráfico, la situación, lejos de arreglarse, no ha hecho sino empeorar en los últimos años. Lo que vemos es el gasto por países en I+D. La teoría económica nos dice que la relación entre este parámetro y las perspectivas económicas es sumamente alta. Esta correlación parece estar aumentando cada vez más, conforme se van incorporando más y más países a la economía globalizada y solo los sectores punteros son capaces de generar mucho valor añadido. Puede que a muchos no nos guste el mundo en el que vivimos y nos gustaría que muchas cosas cambiaran, pero el hecho es que hay que adaptarse a lo que hay, si no queremos vernos enfrentados a largo plazo a la decadencia. Y el gráfico nos dice que no lo estamos haciendo.

En 1986, la situación de España en cuanto a I+D era patética (0,56% del PIB). De toda la OCDE, solo, y de forma muy poco sorprendente, Grecia y Portugal invertían menos que nosotros. Ese mismo año, Alemania estaba invirtiendo el 2,6% del PIB, casi cinco veces más en términos relativos. El gráfico nos aporta información sumamente interesante. Se ve cómo países que se han incorporado al grupo de los punteros, como Corea, Israel o Finlandia, han progresado hasta situarse a la cabeza de la lista. En datos de 2014, el orden es Corea (4,3%), Israel (4,1%), Japón (3,6%), Finlandia (3,1%) y Suecia (3,1%). Encontramos por ahí arriba también a Alemania, EEUU, Eslovenia, Taiwán, Austria, Bélgica y Dinamarca. ¿Han oído ustedes hablar de problemas económicos en ese pequeño país llamado Eslovenia? Yo tampoco, pero sorprende poco a la vista de esto.

¿Y quiénes estamos en 2014 a la cola? Dentro de la zona euro, solo Grecia está peor que nosotros, una situación para nosotros todavía más desfavorable que en 1986, y en la UE, además, Polonia, Eslovaquia y Rumanía. Un auténtico desastre. Y lo peor de todo es que desde 2009 no hemos hecho más que ir para atrás como los cangrejos, pasando del 1,35% al 1,23%. Nos han superado desde entonces Chequia, Italia y Hungría.

Aquí nadie se preocupa de la I+D, y la poca que se hace tiene unos rendimientos bastante escasos. En 2014, registramos solo el 2,6% de las patentes de la UE, cuando nuestra población es el 9%. Y eso que Europa no es ni mucho menos la región del mundo que más patenta (solo Corea patenta más que toda la UE). Cierto que en publicaciones científicas estamos mejor, pero si eso no se traduce en una mejora de la estructura económica, es que algo está fallando.

Dentro de unos años vendrán los lamentos, cuando veamos cómo nuestra situación se va deteriorando cada vez más comparados con otros países que lo están haciendo mucho mejor que nosotros.

Está claro por qué los políticos que gobiernan no aplican políticas que preparen nuestra economía para el difícil mundo que nos ha tocado vivir. Por qué la población no valora que se apliquen es más complicado de analizar. Entran muchos factores en juego, desde los propios intereses de la clase dirigente que manipula a conciencia a la población hasta la tradición cultural española de desprecio por la innovación. No sabemos cómo romper este círculo vicioso en el que estamos metidos, pero sabemos que si no sabemos hacerlo, las consecuencias serán nefastas para nosotros y las generaciones futuras.

Gráfico de la Semana
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