Las cicatrices de la crisis entre los jóvenes españoles

La crisis ha alejado al sur de Europa del norte, y los jóvenes han sido los más perjudicados

Foto: Imagen de Daniel Borker en Pixabay.
Imagen de Daniel Borker en Pixabay.

La gestión de la enorme crisis que asoló hace unos años especialmente los países del sur de Europa ha sufrido innumerables críticas, estando estas centradas, sobre todo desde la izquierda, en el virtual abandono a su suerte de buena parte de los sectores más vulnerables de la población. En este artículo, veremos cómo esto se refleja en el empobrecimiento relativo de los jóvenes y también, en general, de los países del sur de Europa, que han perdido buena parte de lo ganado respecto a los países del norte.

Para ello, analizaremos la evolución de la renta mediana disponible en diferentes países desde 1995 en relación con la alemana. Se ha elegido la renta mediana en lugar de la renta media debido a que esta diluye posibles sesgos relacionados con una mayor o menor desigualdad y a su vez es más representativa de lo que es el habitante típico de cada país.

En el primer gráfico, representamos la renta del total de la población de ocho países y de la eurozona en su conjunto. En 1995, vemos cómo existían cinco países claramente rezagados del resto (Irlanda, Italia, España, Grecia y Portugal), con rentas que iban desde el 32% de la alemana en el caso portugués hasta el 59% en el irlandés, pasando por el 46% español. Después de esto se produjo una rápida convergencia de todos estos países con Alemania, de manera que en 2009, punto en que en todos ellos se produjo la máxima aproximación a Alemania, Irlanda llegó a superar a esta con un 121% de la renta alemana, Italia llegó al 84%, España al 80%, Grecia al 62% y Portugal al 45%. Quitando el caso portugués, en que el progreso en la renta fue muy modesto, en el resto se produjo un incremento muy rápido y bastante asombroso.

La interpretación es que se produjeron enormes flujos financieros hacia esos países, en que, debido a los altos tipos de interés a los que estaban acostumbrados, los bienes de inversión eran relativamente muy baratos. Especialmente en el caso irlandés, griego y español, se produjo una salida activa de sus sistemas financieros al exterior para satisfacer las enormes ansias de crédito barato que se habían generado. En los casos español e irlandés, se generaron gigantescas burbujas inmobiliarias que al estallar, como consecuencia de la gran crisis financiera internacional, dejaron los países al borde de la bancarrota.

Esto se repitió en menor medida en Portugal, aunque en este caso lo que había era un brutal déficit por cuenta corriente financiado a crédito, y en Italia, también con un problema más leve pero similar al portugués. El peor caso fue el griego, en que efectivamente se produjo una quiebra bastante desordenada del país y este tuvo que ser rescatado. El caso griego merece que nos detengamos un poco en él, pues es el único, entre los cinco países del sur de Europa, en que el nivel de vida ha caído tanto que es menor, en relación con Alemania, que en 1995. Podemos decir sin temor a equivocarnos que Grecia ha hecho con la entrada en el euro el que posiblemente sea el peor negocio de su historia reciente. Esto ha sido así porque es el único de los cinco países que se ha beneficiado muy poco de la financiación barata instada por el BCE y de la que sí que lo han hecho los otros cuatro países del sur. Posiblemente el 'crash' en estos cuatro casos, y de no mediar la baratísima financiación vista desde 2012, hubiera sido igual de brutal que en Grecia.

Como balance de los 23 años analizados aquí desde el anclaje de las monedas nacionales al marco alemán, en lo que después se llamó euro, podemos decir que ha sido en su conjunto relativamente beneficioso para cuatro de los cinco países del sur de Europa, pero que la convergencia se produjo solo hasta 2009. Desde entonces, hemos vuelto a divergir en todos los casos de Alemania, y no se observa ningún indicio de que vayamos hacia un nuevo periodo de convergencia. Posiblemente nos encontremos ante una versión del llamado mal holandés, que ha provocado una desindustrialización de estos países en la última década.

Hemos vuelto a divergir en todos los casos de Alemania, y no se observa ningún indicio de que vayamos hacia un nuevo periodo de convergencia

Aunque esta convergencia dada desde 1995 es menos de lo que aparenta, puesto que la inflación ha sido mayor en casi todos estos países en relación con Alemania. En los casos español, italiano y portugués, la mejora quedaría en la mitad —aproximadamente— de la nominal, mientras que en el caso griego la divergencia con Alemania sería más del doble de la aparente. O, si lo queremos contemplar desde otro punto de vista, los países del sur en 1995 no estaban tan mal en relación con Alemania, puesto que los precios eran menores en relación con ese país de lo que son ahora, cuando están mucho más igualados.

Vemos también cómo el otro país del norte de Europa y dentro del euro de un tamaño importante —Francia—, que apenas ha variado su posición respecto a Alemania en los últimos 23 años, y dos con moneda propia, Reino Unido, que ha mejorado notablemente aunque en los últimos años ha perdido terreno, y Suecia, que mejoró mucho desde 2009 hasta 2014 pero ahora ha vuelto también a empeorar en términos relativos respecto a Alemania.

En relación con la gestión de la crisis, podemos verificar la hipótesis de trabajo de que existen países donde se ha cargado la mano sobre la población más joven en relación con el grupo de mayores ingresos, que es el que está en la década previa a la edad oficial de jubilación. Como vemos, en 2009 la situación de los jóvenes variaba desde un mínimo de un 62% de la renta del grupo de 55 a 64 años (Suecia) hasta un 86% (Irlanda). España era el tercer país con una situación relativamente mejor para los jóvenes, con un 74% de la renta. Sin embargo, las cosas han cambiado mucho desde entonces.

Los jóvenes irlandeses han pasado a perder 13 puntos porcentuales de renta relativa a los adultos mayores que aún trabajan, mientras que en Alemania y en España esta pérdida ha sido de siete puntos. España es el segundo peor país de los analizados para los jóvenes y está a punto de pasar a ser el peor de todos. En el resto de países, las caídas han sido mínimas y en la mayoría la situación relativa ha mejorado en términos relativos respecto a 2009 (Grecia, Francia, Italia, Suecia y Reino Unido).

Se podría afirmar, sin temor a equivocarnos mucho, que los jóvenes han sido abandonados a su suerte en varios países, entre ellos España

La explicación más razonable es que en estos tres países en que las cosas han empeorado de forma notable para los jóvenes las políticas activas para evitar que la crisis afecte de una forma desproporcionada a la población laboralmente menos estable han brillado por su ausencia. Luego se podría afirmar, sin temor a equivocarnos mucho, que los jóvenes han sido abandonados a su suerte en varios países, entre ellos España. Es claramente una consecuencia de políticos que gobiernan en sociedades muy envejecidas y que anteponen a los principios de equidad los de rentabilidad electoral. El electorado tampoco puede ser ajeno a este fenómeno, pues al fin y al cabo los políticos son colocados en sus puestos con el voto de los ciudadanos, por lo que merecería la pena profundizar en si existen características diferenciales en estas tres sociedades en lo que respecta a la importancia del principio de equidad que rige en el imaginario colectivo.

¿Y cómo les ha ido a los jubilados? Siendo como son, en sociedades tan envejecidas, un potente sector del electorado y también por razón de que las personas que se han jubilado en la última década por lo general han cotizado más que los jubilados en las anteriores, cabría esperar que les haya ido muy bien en términos relativos, y esto es efectivamente lo que vemos en casi todos los países. El porcentaje de renta de los mayores de 64 años relativo al grupo de 55 a 64 años ha aumentado desde 2009 desde los dos puntos porcentuales de Suecia (que tiene las pensiones relativamente más bajas de los países analizados) hasta los 15 puntos de Grecia, pasando por los siete puntos porcentuales de España. La excepción es Alemania, donde debido a una serie de reformas habidas en estos últimos años los pensionistas se han empobrecido en términos relativos cinco puntos respecto a 2009. Por tanto, podemos concluir que los pensionistas no han sido los 'paganos' de la crisis en casi ningún sitio, con la notable excepción de Alemania.

Por último, y atendiendo a la brecha de género en cuanto a ingresos, observamos que la crisis no ha incidido especialmente en ningún país, siendo en cualquier caso bastante reducida si la comparamos con la encontrada entre los diferentes grupos de edad, ya que oscila entre un máximo del 5% (Alemania) y un mínimo del 2% (Grecia). En España, es del 4%.

Se hace patente que son necesarias políticas activas para aumentar la equidad de los ciudadanos españoles en función de su edad

Como conclusión, podemos afirmar que si bien España no ha sido el país de Europa donde se ha desatendido más la desigual incidencia de la crisis en función de la edad, ha estado en lo que respecta a los jóvenes en el grupo de los peores. Se hace patente que son necesarias políticas activas para aumentar la equidad de los ciudadanos españoles en función de su edad, algo que está evidentemente ausente en el caso de los jóvenes. Posiblemente las políticas de vivienda, en forma de alquileres sociales, fueran la mejor manera de acometer este problema, ya que esto beneficiaría fundamentalmente a la población joven, entre la que la vivienda en propiedad es una rareza.

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