Aprender en tolerancia, la ciudad 'plataforma'

Las ciudades no son Amazon pero las que funcionan bien son aquellas en las que la infraestructura y entorno construido favorece las interacciones. Es el paradigma de la ciudad 'tercer espacio'

Foto: Foto: EFE
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Una ciudad, según la RAE, es un conjunto de edificios y calles, regidos por un ayuntamiento, cuya población densa y numerosa se dedica, por lo común, a actividades no agrícolas. Además, las ciudades son una de las principales innovaciones en la historia de la humanidad ya que contienen algo único, el potencial de conectar a la gente entre sí. Toda innovación procede de esa interacción, de los intercambios entre unos y otros.

Hasta hace escasos años, hablar de ciudades y de su gobernanza era similar a hablar de una organización empresarial gestionada de forma lineal, en la que se generaba valor ofreciendo productos o servicios a un cliente que los recibía. Las ciudades, por su parte, lo hacían en base a un inventario de variopinto de stock: autobuses, metro, parques, plazas públicas… al frente de las cuales estaba el alcalde y el ayuntamiento. Sin embargo, la digitalización ha revolucionado el 'modus operandi' de muchas empresas y eso es algo extrapolable a lo que debería pasar también en las ciudades.

Muchos negocios auspiciados por la tecnología digital en la actualidad no tienen inventario y basan su modelo en el valor de la interacción entre los miembros de la comunidad. Es la forma de operar de las llamadas plataformas Harvard Business Review, de las que hay ejemplos archiconocidos como Uber, Airbnb o Amazon.

"Más interacción significa más intercambio de ideas, más conocimiento, menos aislamiento y algo muy necesario en estos momentos: más tolerancia"

Las ciudades, por su parte, no son Amazon, pero las que funcionan particularmente bien son aquellas en las que la infraestructura y entorno construido favorece las interacciones. Es el paradigma de la ciudad tercer espacio.

Más interacción significa más intercambio de ideas, más conocimiento, menos aislamiento y algo muy necesario en estos momentos: más tolerancia y menos tribalismo, características de lo genuinamente urbano y, potencialmente también, de la economía de plataforma. Una economía que aunque tiene detractores y fans está aquí para quedarse. De hecho, organismos como la Comisión Europea han constituido un observatorio de plataformas electrónicas para, mediante la observación del mercado, hacer seguimiento de prácticas potencialmente perjudiciales y recomendar políticas y estrategias regulatorias que asistan a la implantación de dicha economía.

(Reuters)
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Veamos en qué medida las ciudades podrían tomar prestadas ideas de las plataformas para mejorar su funcionamiento:

Conectividad. El valor de las plataformas se crea facilitando una mayor conectividad entre los llamados productores y consumidores, que pueden alternar sus roles. Los casos más notorios son las de los conductores de Uber (productores) que a su vez pueden ser pasajeros (consumidores), y viceversa. Desde la perspectiva urbana, la ciudad plataforma es una ciudad que favorece las sinergias y asegura la interoperabilidad con servicios y sistemas (transporte, energía, salud...) e impulsa la innovación desde el momento en que concibe al ciudadano como un agente de innovación, copartícipe en la identificación de problemas y soluciones.

De esto hay exitosos ejemplos probados, como la 'app' Waze, que permite compartir datos por parte de los usuarios sobre el estado de tráfico y que fue adquirida posteriormente por Google; The CityMapper 'app', usada por los ciudadanos de Londres en colaboración con el Ayuntamiento, o la iniciativa de 'crowdsourcing' The City of Ideas en Buenos Aires, lanzada en 2013 para permitir que la gente diese ideas sobre cambios en su ciudad.

"Las plataformas con éxito escuchan a sus miembros, generando un efecto contagio, que en lenguaje de plataformas se llama 'efecto red'"

Desde esta perspectiva, la ciudad de cocreación es también un espacio de aprendizaje, una especie de 'bot' inteligente que se nutre del conocimiento del 'crowd' y que, en base a objetivos claros y compartidos entre las partes, permite que ciudadanos espacialmente distantes puedan participar en encuentros, ya sea en espacios de colaboración virtuales o físicos.

En esta línea, la UNESCO ha creado la GNLC que persigue un doble objetivo: garantizar una educación inclusiva, equitativa y de calidad, con posibilidades de aprendizaje a lo largo de toda la vida para todos, y conseguir que las ciudades sean espacios abiertos para todos, seguros, resilientes y sostenibles.

Adaptabilidad. Las ciudades que funcionan escuchan a sus ciudadanos y se adaptan a sus necesidades. Las plataformas con éxito escuchan a sus miembros, generando a su vez un efecto contagio, que en lenguaje de plataformas se llama 'efecto red'. Es lo que sucedió con el colectivo artístico Rebar, en San Francisco, que organizó un Día de Parking para generar atención sobre la necesidad de mayor número de parkings y generó efecto contagio en otras ciudades. Son iniciativas que aprovechan el poder del 'crowd' de la multitud y del 'collective intelligence' a partir del input de un colectivo que permite tomar decisiones para resolver problemas concretos, como en este caso la falta de aparcamiento.

"Una gobernanza de plataforma se basa en un modo de interacción en red y en una coproducción de servicios, con menos mecanismos de control"

Un nuevo tipo de gobernanza y liderazgo. El liderazgo en la ciudad plataforma no es jerárquico, es orquestado. El rol de la administración pública es el de facilitador y, por ejemplo, no concibe el transporte como la gestión del parque de autobuses urbanos, sino como gestión de la información; propicia la participación e interacción de la gente que a su vez, pasa de receptor a coparticipante. En definitiva, una gobernanza de plataforma se basa en un modo de interacción en red y en una coproducción de servicios con menos mecanismos de control, que son caros e ineficientes.

Nuestras ciudades ya están operando como plataformas con aglomeraciones similares a las espaciales, aunando y conectando comunidades de interés. Instémoslas a que a través de la tecnología y la confluencia de la inteligencia colectiva, de poderes privados, públicos y ciudadanos, se llegue a un ecosistema en el que convivan y participan los distintos actores, y esto permita mayor tolerancia y mejor calidad de vida.

*Cristina Mateo es Vicedecana, IE School of Architecture and Design, IE University

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