¿Quién pone el dinero?

Apenas un día después de las elecciones en Alemania la prensa económica internacional vuelve a poner sobre la mesa la necesidad del segundo rescate a Portugal

Apenas un día después de las elecciones en Alemania, la prensa económica internacional vuelve a poner sobre la mesa la necesidad del segundo rescate a Portugal y el tercero a Grecia ("Portugal Could Be Cooking Up a Storm; Greece, Talks on New Bailout"). Ambos problemas no son nuevos, pero habían quedado orillados hasta la celebración de los comicios teutones.

Una vez despejado el panorama electoral, y tras la clara victoria de Angela Merkel, las autoridades alemanas no tardarán en dar a conocer su posición sobre las condiciones y consecuencias de las nuevas ayudas a ambos países.

El rescate acordado con Portugal en 2011 vence el próximo año. A partir de ese momento, debería ser capaz de financiarse en el mercado mediante la emisión bonos del Estado portugués. Con los tipos de interés a diez años actualmente por encima del 7%, dicha posibilidad es una quimera. Portugal tiene vencimientos de bonos públicos en 2014 por importe superior a 18.000 millones de euros. Las necesidades estimadas para el periodo 2014-2017 ascienden a 54.000 millones de euros. Si Portugal no puede financiarse por sí misma, alguien tendrá que poner el dinero. Las posibilidades son diversas, pudiéndose emplear varias de ellas simultáneamente.

- El BCE podría poner en marcha el primer programa OMT de compra de bonos en el mercado secundario. Esta posibilidad no es realista. Para que dicho programa se ponga en funcionamiento es condición necesaria que el país en cuestión tenga acceso a los mercados de emisión, algo que actualmente no ocurre con Portugal.

- Los acreedores 'oficiales' (BCE, FMI y fondos de rescate europeos), podrían prolongar el vencimiento de los préstamos actuales y reducir la carga de intereses. Pese a la previsible oposición inicial del BCE, hay que recordar el antecedente del canje del promissory note irlandés con vencimiento inferior a diez años y 8% de tipo de interés por un bono de nueva emisión de vida media 32 años y un 3% de tipo de interés.

- Aplicación de una quita a los inversores privados, como ya se hizo con los bonos griegos. Es la última opción, por las consecuencias de inestabilidad y posible miedo de contagio a otros países como Italia o España. Los bancos portugueses tienen invertida en bonos lusos una cantidad superior al 100% de sus recursos propios. Cualquier quita aplicada implicaría una necesaria recapitalización de los bancos y asunción de pérdidas por parte de los acreedores bancarios. Huelga mencionar el efecto que tendría sobre determinados bancos españoles.

- Nuevos préstamos a Portugal a través de líneas de créditos preventivas (precautionary credit line) del fondo de rescate europeo conocido como MEDE. Dichas ayudas deben ser aprobadas por unanimidad por todos los países integrantes del euro. 

Portugal acabará este año con un nivel de deuda sobre el PIB del 124%. Sus previsiones de crecimiento no son nada halagüeñas. Por tanto, no hay que esperar que dicha ratio se reduzca por aumento del denominador. Además, las nuevas ayudas al país luso, si no asociadas a quitas, implicarían un incremento del ratio de deuda. Son entendibles las dudas sobre la sostenibilidad de su nivel de deuda.

En el caso griego no todo son malas noticias. Por un lado, se espera que este año logre por primera vez desde el inicio de la crisis un superávit primario en sus cuentas públicas (sin contar la carga de intereses), lo que podría facilitar las negociaciones con sus acreedores para un tercer rescate. Se estima que Grecia necesitará préstamos por 11.000 millones de euros adicionales a los 240.000 millones ya aprobados en los dos primeros rescates. La cantidad es reducida, en comparación con lo ya acordado, pero una vez más supone añadir más deuda pública a un nivel difícilmente sostenible a largo plazo (160% del PIB al primer trimestre de 2013).

No tardaremos en conocer cuál es la 'nueva' posición de Alemania sobre ambas situaciones. Visto el aval recibido por Merkel a su gestión el pasado domingo, no hay que esperar una suavización de la posición alemana. La gran pregunta ahora es quién pondrá el dinero necesario para ambos países: ¿los acreedores, públicos y/o privados?, ¿los estados directamente o través de los fondos de rescate europeos siendo Alemania el mayor contribuyente?, ¿o será el BCE?

En escasas semanas saldremos de dudas. Sea cual sea la solución, inevitablemente generará momentos de tensión. La volatilidad parece asegurada.

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