Cómo TVE pretende parasitar a Netflix y HBO

Permitiéndonos dejar de sufragar aquello que no deseamos ver, tal vez los incentivos del ente público cambien y comiencen a ofrecer contenido por el que sí merezca la pena pagar

Foto: Foto: Reuters.
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¿Por qué Netflix, HBO o Amazon Prime ofrecen productos audiovisuales de elevada calidad y que una pluralidad de espectadores desea consumir incluso pagando por ellos pero, en cambio, TVE produce (con excepciones) un material de baja calidad que pocas personas desean ver aun sin tener que pagar por él? A un nivel superficial, podríamos elucubrar que se debe a que HBO, Netflix y Amazon Prime son empresas privadas mientras que TVE es una corporación pública; o a que las primeras cuentan con muchos más fondos que la segunda para sufragar grandes inversiones; o a que las primeras disfrutan de una administración profesional mientras que la segunda continúa subordinada al 'diktat' de nuestros gobernantes.

Desde luego, cualquiera de estas explicaciones recoge una parte relevante de la realidad, pero el motivo profundo por el que unas triunfan y la otra fracasa es más sencillo y anterior: mientras que los usuarios pueden cancelar su suscripción en Netflix, HBO y Amazon Prime, no pueden hacer lo propio con TVE. O expresado de otra forma, mientras que la supervivencia financiera de estas plataformas digitales depende de que continuamente sean capaces de satisfacer las demandas más exigentes de sus usuarios, la supervivencia de TVE no depende en absoluto de que ofrezca algún producto de calidad a sus espectadores.

El derecho de salida de cualquier organización fuerza a que tal organización se preocupe por persuadir a sus miembros para que no la abandonen. En especial, cuando los recursos que posibilitan la pervivencia de tal organización le son otorgados por esos miembros. La combinación del derecho de salida con una restricción presupuestaria estricta (sin dinero, no gastas) disciplina de un modo muy potente a los organizadores para que velen por el bienestar de sus socios. Imaginémoslo, de hecho, a la inversa: si una organización no pudiese ser abandonada o, pudiendo serlo, esta retuviera la competencia de seguir extrayéndoles renta a sus exsocios, ¿qué tipo de comportamiento tenderían a desarrollar los dirigentes de esa asociación? Claramente, un parasitismo descarnado contra sus miembros: estos serían expoliados únicamente para satisfacer las necesidades personales de los organizadores, pero no las suyas propias.

La totalidad de los contribuyentes están obligados a financiar TVE, al margen de si hacen uso de ella o no; todo lo contrario de lo que acaece con Netflix

Y eso es, en esencia, lo que sucede con TVE: la totalidad de los contribuyentes están obligados a financiarla al margen de si hacen uso de la misma o no; todo lo contrario de lo que acaece con Netflix, HBO y Amazon Prime, las cuales solo cobran de aquellos que se suscriban para tener acceso a su programación. De ahí que mientras estas compiten entre sí por aumentar la calidad minimizando sus costes, TVE se abstraiga por entero de los intereses o preferencias de sus suscriptores cautivos, subordinando, más bien, todos los recursos materiales del ente a satisfacer, en distinto grado, las necesidades de aquellos que, también en distinto grado, ejercen un control efectivo del mismo: a saber, políticos, directivos, trabajadores y grupos de influencia. Aun cuando la desconexión entre la calidad percibida por los espectadores y el coste soportado por los contribuyentes se acreciente, no existen frenos endógenos que pongan fin a semejante parasitación: políticos, directivos, trabajadores y grupos de interés podrán seguir ordeñando la vaca a costa de un contribuyente sin posibilidad de escapar.

En este sentido, la última ocurrencia extractiva de nuestro sector público consiste en crear una ‘tasa Netflix’ que grave entre el 0,85% y el 1,35% de los ingresos anuales de esta y otras plataformas digitales para contribuir a financiar la cada vez menos vista TVE. Dos pueden ser las consecuencias de este nuevo tributo, pese a que ambas conduzcan a un resultado similar.

La primera es que Netflix, HBO y Amazon Prime carguen en solitario con esta mordida, esto es, que no la repercutan a los usuarios (algo, dicho sea de paso, muy poco probable): en este supuesto, lo que el Gobierno estaría logrando es que estas plataformas, que saben cómo reinvertir sus recursos para generar un contenido valorado por sus espectadores, cuenten con menos fondos para generar nuevo material de calidad y, en cambio, TVE, que sabe cómo gestionar sus recursos para maximizar las ganancias de sus grupos de control pero que no sabe o no le interesa crear contenido de calidad para los espectadores, manejaría todavía más fondos para continuar dilapidándolos. Es decir, terminaríamos teniendo menos series o películas buenas y más series o películas malas (‘buenas’ y ‘malas’ desde el muy subjetivo punto de vista del usuario).

La segunda posibilidad es que Netflix, HBO y Amazon Prime repercutan el rejonazo impositivo a sus clientes: en este caso, lo que el Gobierno estaría logrando es, simple y llanamente, que nos salga más caro aquello que queremos ver para financiar aquello que no queremos ver. Lastrar la competitividad de las demandadas plataformas digitales para subsidiar la incompetencia de la ignorada TVE. Por tanto, menor acceso a series o películas buenas y mayor disponibilidad de series o películas malas.

Lo dije en su momento y lo reitero ahora que empezamos a conocer las aviesas intenciones del Gobierno socialista para con la televisión estatal: al final, solo hay dos salidas razonables para TVE. O cierre o 'crowdfunding'. Quienes quieran financiar un ente de mermante calidad, expansivos costes y permanente politización, que lo hagan con su dinero; a aquellos millones de españoles a los que TVE no nos interesa lo más mínimo, que nos autoricen a dejar de sufragarla. Acaso así, permitiéndonos dejar de sufragar aquello que no deseamos ver, los incentivos del ente público cambien radicalmente y comiencen a ofrecer contenido por el que sí merezca la pena pagar.

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