El corredor estrecho de Afganistán
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Juan Ramón Rallo

Laissez faire

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El corredor estrecho de Afganistán

Una sociedad aliberal o antiliberal tiene complicado evolucionar hacia instituciones políticas y económicas inclusivas (la dependencia de camino es muy poderosa) en el medio plazo

Foto: Marines estadounidenses prestan asistencia en un puesto de control de evacuación en el aeropuerto de Kabul. (EFE)
Marines estadounidenses prestan asistencia en un puesto de control de evacuación en el aeropuerto de Kabul. (EFE)

El mensaje principal de ' Por qué fracasan los países', de Daron Acemoglu y James Robinson, es que la prosperidad a largo plazo de una sociedad depende de la existencia de instituciones económicas inclusivas (propiedad privada, libre competencia, sistema educativo universal y de calidad…), que son las que fomentan el crecimiento, pero esas instituciones económicas inclusivas o bien no llegarán a emerger (por ejemplo, concentración de la propiedad de la tierra o preservación de los gremios) o bien terminarán desapareciendo (por ejemplo, a través del establecimiento de privilegios legales para grupos de presión) salvo que esa sociedad también cuente con instituciones políticas inclusivas —esencialmente, la capacidad estatal y la democracia— que permitan una distribución igualitaria del poder social que tutele la deriva de sus instituciones económicas. Por consiguiente, las instituciones políticas inclusivas engendran (o preservan) las instituciones económicas inclusivas y estas fomentan el progreso material.

Un problema fundamental de la tesis de Acemoglu y Robinson es que la distribución del poder político no garantiza la emergencia de instituciones económicas inclusivas. Por un lado, porque el exceso de capacidad estatal podría terminar devorando la democracia, reconcentrando el poder político en manos de aquella oligarquía que haya logrado capturar al Estado y, a través de este, doblegar a la sociedad; por otro, porque la distribución social del poder político tampoco garantiza que se establezcan instituciones económicas inclusivas, sino que podrían terminar reforzando las instituciones económicas extractivas (por ejemplo, desde el Estado podría reforzarse un sistema de castas sociales, como en la India; o podría protegerse la esclavización de las minorías, como sucedió en EEUU hasta el tercer tercio del siglo XIX).

Foto: Soldados británicos evacúan civiles afganos en Kabul. (Getty)

Acaso por ello, en su siguiente libro, 'El corredor estrecho', ambos autores admiten la necesidad de que haya una realimentación positiva entre el poder del Estado y el poder de la sociedad 'frente al Estado': un Estado demasiado poderoso frente a la sociedad es un Estado que terminará autocratizándose; una sociedad demasiado poderosa frente al Estado sería —a su juicio— una sociedad que se resistiría a ser reformada y despojada de sus costumbres más extractivas o esclerotizantes (de nuevo, el sistema de castas podría servirnos como ejemplo). En un extremo podríamos colocar a China (Estado mucho más poderoso que la sociedad) y en el otro a la India (sociedad relativamente más poderosa que el Estado): en medio de ese corredor estrecho, a los Estados de derecho anglosajones.

Personalmente, creo que 'El corredor estrecho' mejora a 'Por qué fracasan los países', en tanto en cuanto reconoce que no basta con contar con un Estado capaz de imponer una constitución que preserve el 'rule of law', sino que también es crucial incorporar la interacción de esas reglas formales con las normas o instituciones informales que prevalecen dentro de la sociedad: en ocasiones, un Estado fuerte puede ser un contrapeso a los liberticidios internos de una sociedad (por ejemplo, a la hora de preservar la libertad religiosa dentro de una sociedad multirreligiosa pero intolerante, o a la hora de promover la reforma agraria contra élites aristocráticas que se apropiaron militarmente de la tierra), pero, en otras ocasiones, puede ser una amenaza para la libertad dentro de la sociedad. Asimismo, cuanta más resistencia oponga la sociedad a ciertas reformas inclusivas que desee plantear el Estado, tanto más poderoso deberá ser este para imponerse a la sociedad y, en consecuencia, también tanto más potencialmente amenazante para la libertad. De ahí que una sociedad aliberal o antiliberal tenga complicado evolucionar hacia instituciones políticas y económicas inclusivas (la dependencia de camino es muy poderosa) y de ahí que, en contra de lo que sugieren Acemoglu y Robinson, una sociedad mayoritariamente liberal no necesitaría de un elevado poder del Estado para preservar esas instituciones.

Foto: Joe Biden (d) y Boris Johnson durante la cumbre del G7 en junio. (Reuters) Opinión

Valgan estas líneas para contextualizar el reciente análisis que ha publicado Acemoglu sobre el fracaso del 'nation-building' en Afganistán. El artículo no deja de ser una aplicación del marco conceptual desarrollado en 'El corredor estrecho' y, por tanto, una enmienda (parcial) a las conclusiones de 'Por qué fracasan los países'. Así, Acemoglu nos explica el fracaso de la política estadounidense en su pretensión de construir instituciones políticas inclusivas con un enfoque 'top-down': construyamos primero un Estado (seguridad, defensa, tribunales, burocracia eficaz…) y con esos mimbres lograremos la estabilidad política y social. Para Acemoglu, este enfoque no funciona cuando no cuenta con la complicidad y el consentimiento de la sociedad: “La mayoría de Estados no se han construido por la fuerza, sino por el acuerdo y la cooperación (…). El Estado no se le impone a la sociedad en contra de sus deseos, sino que más bien las instituciones estatales construyen su legitimidad sobre la base de un apoyo popular mínimo”. Algo especialmente difícil de conseguir en un país como el asiático, dada la heterogeneidad étnica (y, por tanto, de normas y costumbres informales) y la generalizada percepción de falta de legitimidad de la potencia ocupante: en lugar de crear centralizadamente un gobernante de hojalata en Kabul, EEUU debería haber intentado 'construir' la legitimidad desde abajo, trabajando codo con codo con los diversos clanes locales para que poco a poco fuera gestándose confianza y legitimidad.

Foto: 'Check-point' talibán en la provincia de Herat. (EFE)

El análisis de Acemoglu me resulta en cierto modo buenista. No es cierto que la mayoría de Estados hayan surgido por acuerdo y cooperación, sino más bien de lo contrario: de una represión absolutamente brutal contra los grupos sociales desafectos hasta terminar asimilándolos, homogeneizándolos, adoctrinándolos y, en suma, domesticándolos a lo largo de los siglos en forma de lo que hoy conocemos como “naciones”. Probablemente, EEUU habría podido conseguir lo mismo en caso de que hubiese aplicado la suficiente violencia durante el suficiente tiempo sobre la sociedad afgana, pero, por suerte, el Imperio estadounidense no cuenta con manos libres como para desarrollar este tipo de programas devastadoramente constructivistas —aquí entra en parte 'El corredor estrecho' interno de EEUU: la propia población estadounidense no se lo permitiría al Estado— y, por ende, solo les quedaba la alternativa que propone Acemoglu: cooperar en la construcción de la legitimidad estatal con los señores de la guerra locales. Pero permítanme ser también escéptico con esta solución: desde luego, habría dado mejores resultados que los que hemos presenciado, pero es harto dudoso que de Afganistán hubiese podido emerger nada similar a unas instituciones políticas y económicas verdaderamente inclusivas, al menos no en el corto-medio plazo (en el largo plazo, acaso podría operar el efecto de la Reina Roja que destacan Acemoglu y Robinson en 'El corredor estrecho': la coevolución adaptativa de Estado y sociedad).

Foto: Evacuación en el aeropuerto de Kabul (Afganistán). (EFE) Opinión

¿La razón? Pues el punto flaco de 'El corredor estrecho': sin un sustrato social ampliamente liberal (tolerancia generalizada), un Estado que no se imponga brutalmente sobre la sociedad no logrará instituciones inclusivas; y un Estado tan brutal como el que se necesitaría tampoco conseguiría la legitimidad 'bottom-up' necesaria como para volverse funcional sin un fuerte y continuo apoyo externo. En gran medida, el fracaso en Afganistán es inevitable hasta que progresen las ideas predominantes en la mayoría de la población acerca de la libertad individual. Pero esa es una empresa para el muy largo plazo, no para dos décadas de ocupación ciega y disputada por el grueso de la población local.

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