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¿Debería Elon Musk acabar con el hambre en el mundo en lugar de comprar Twitter?
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Juan Ramón Rallo

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¿Debería Elon Musk acabar con el hambre en el mundo en lugar de comprar Twitter?

Musk no tiene ni la capacidad ni la responsabilidad de terminar con el hambre en el mundo

Foto: Elon Musk. (Getty)
Elon Musk. (Getty)
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Uno de los argumentos —o pataletas— más ridículos que hemos escuchado durante los últimos días en contra de la adquisición de Twitter por parte de Elon Musk es que con el dinero que ha despilfarrado en el capricho de comprarse esta red social, el magnate estadounidense podría haber terminado con el hambre en el mundo. El argumento no tiene, sin embargo, ningún sentido, y por varias razones.

Primero, aun cuando fuera posible acabar con el hambre en el mundo merced a la inversión de 44.000 millones de dólares, los principales responsables en alcanzar esa gesta serían los gobiernos mundiales (esos que supuestamente velan por el interés general y que, precisamente para perseguir ese interés general, nos cobran ingentes sumas de impuestos todos los años), no Elon Musk. Actualmente, el PIB mundial ronda los 94 billones de dólares: si suponemos que el peso del Estado en el PIB mundial ronda entre el 25-30% (a buen seguro, bastante más, puesto que la UE, EEUU, Japón y China superan ese porcentaje), estaríamos diciendo que el gasto público mundial alcanza en estos momentos los 24-28 billones de dólares. Dicho de otro modo, si de verdad pudiéramos acabar con el hambre planetaria a través de 44.000 millones de dólares, los gobiernos de todo el planeta solo necesitarían destinar entre el 0,15 y el 0,18% de sus presupuestos en hacerlo. ¿Por qué no lo hacen?

Foto: EC.
Elon Musk ha comprado Twitter, pero ¿a qué precio?
The Wall Street Journal. Laura Forman y Aaron Back

Pues, en segundo lugar, porque tampoco es posible, ni siquiera desde una estrecha perspectiva financiera, acabar con el hambre en el mundo mediante 44.000 millones de dólares. En el año 2019, las Naciones Unidas estimaron que había 650 millones de personas que pasaban hambre: una cifra que había venido cayendo sostenidamente hasta entonces, pero que seguía siendo tristemente elevada. Pues bien, si repartiéramos 44.000 millones de dólares entre 650 millones de personas, cada una de ellas recibiría la astronómica suma de 68 dólares per cápita. ¿Con 68 dólares por persona solventamos el hambre en el mundo? Obviamente no: de hecho, si suponemos que el coste de una alimentación suficiente ronda los dos dólares diarios, apenas conseguiríamos paliar el hambre mundial durante un mes.

Claro que acaso cupiera reprocharle a Musk que no destine su inteligencia y sus recursos financieros no a subsidiar a los famélicos, sino a desarrollar una tecnología que ponga punto final al hambre en el mundo. Pero, en tercer lugar, el error de esta crítica es no entender cuál es la naturaleza de las causas actuales del hambre en el mundo. Si 650 millones de personas siguen pasando hambre, no es porque exista algún tipo de limitación tecnológica o de limitación natural para acabar con el hambre. No, los países pobres podrían potencialmente incorporar gran parte de las tecnologías occidentales dentro de sus economías y multiplicar su productividad interna. Si esto no sucede es porque el marco institucional (las normas formales e informales) de esos países es refractario a la atracción de capital y de tecnología que les permita desarrollarse: son marcos institucionales donde no se respetan ni la libertad personal, ni la propiedad privada de todos y cada uno de los individuos (no solamente de las oligarquías al mando), ni el cumplimiento de los contratos, ni la libre competencia; son sociedades plagadas de hipercorrupción a todos los niveles de la esfera pública y privada que están más orientadas hacia el extractivismo parasitario que hacia la cooperación inclusiva. Y mientras esos marcos institucionales no cambien de raíz, la pobreza seguirá preponderando por mucho que avance la tecnología.

Foto: Elon Musk. (Reuters/Michele Tantussi)

Dicho de otro modo, la tecnología que les falta es una tecnología social que se llama capitalismo de libre mercado: e incorporar esa tecnología social en esos países no es algo que esté en manos de Musk, dado que el multimillonario carece de poder político sobre cualquiera de esas sociedades (¿no imaginamos las críticas que le lloverían si aspirara a comprar el Estado de alguno de esos países para aplicar reformas inclusivas que fomentaran su desarrollo?).

En definitiva, Musk no tiene ni la capacidad ni la responsabilidad de terminar con el hambre en el mundo. Tratar de deslegitimar su adquisición de Twitter con argumentos tan pobres como este solo nos muestra que muchos pequeños censores, ideológicamente escorados hacia un lado del espectro político, se están poniendo muy nerviosos con que vayan a relajarse las normas de moderación en esta red social. Comprensible, pero que no se os note tanto.

Uno de los argumentos —o pataletas— más ridículos que hemos escuchado durante los últimos días en contra de la adquisición de Twitter por parte de Elon Musk es que con el dinero que ha despilfarrado en el capricho de comprarse esta red social, el magnate estadounidense podría haber terminado con el hambre en el mundo. El argumento no tiene, sin embargo, ningún sentido, y por varias razones.

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