El BIS enmienda la plana a los bancos centrales

Seguramente han escuchado ustedes hablar de las máquinas de movimiento perpetuo, dispositivos mecánicos ideados y construidos de forma que, tras un impulso inicial, son capaces de

Seguramente han escuchado ustedes hablar de las máquinas de movimiento perpetuo, dispositivos mecánicos ideados y construidos de forma que, tras un impulso inicial, son capaces de mantenerse en movimiento indefinidamente sin requerir ningún aporte de energía. Desde la Alta Edad Media, ha habido numerosos intentos de fabricar tal artefacto, pero no fue hasta mediados del siglo XIX cuando la imposibilidad de la existencia de tales ingenios fue definitivamente demostrada por el físico alemán Hermann von Helmholtz. Pues bien, lo que la física ha resuelto hace siglos sigue sin ser descubierto por los economistas de los bancos centrales, que piensan que la economía puede crecer indefinidamente a base de deuda creada de la nada.

Y, precisamente, sobre la necesidad de abandonar la deuda como principal motor de crecimiento es sobre lo que ha alertado esta semana en su informe anual el Banco de Pagos Internacionales –BIS por sus siglas en inglés–, dirigido por el exgobernador del Banco de España, Jaime Caruana. Comúnmente conocido como el banco central de los bancos centrales y, por lo tanto, poco sospechoso de defender posiciones económicas poco ortodoxas, en su 84ª memoria el BIS le da un auténtico rapapolvo a las autoridades monetarias de las economías avanzadas por la laxitud de sus políticas y la gigantesca burbuja de activos financieros que están contribuyendo a crear con su irresponsable gestión.

Si tienen interés pero carecen del tiempo para leer las 256 páginas del informe (PDF), les recomiendo al menos la lectura de las casi tres páginas del resumen (pp. 3-5) y un recorrido visual por la colección de gráficos que ilustran cada una de las secciones. En cualquier caso, permítanme ofrecerles aquí un repaso de las principales ideas y una selección de los charts más relevantes expuestos en sus capítulos económicos, algunos de cuyos títulos –en traducción libre de la versión inglesa– son ya bastante ilustrativos: (I) "En busca de una nueva brújula", (II) "Los mercados financieros mundiales bajo el hechizo de la política monetaria", (III) "Crecimiento e inflación: catalizadores y perspectivas", (IV) "La deuda y el ciclo financiero" y (V) "A la política monetaria le cuesta normalizarse".

Básicamente, el banco central de los bancos centrales viene a constatar que las causas que condujeron a la actual crisis, así como sus consecuencias, permanecen en gran medida sin resolver pese a los signos de leve mejoría económica. Y es precisamente esa circunstancia de recuperación, siquiera débil, la que debe ser aprovechada para tomar las medidas adecuadas y apuntalar los buenos datos que se van produciendo, adoptando una visión de largo plazo –esa que a los políticos les produce urticaria– y basada en incrementar la productividad. Y evitar atajos, porque tal y como señala el BIS,

(…) el consenso sobre las ventajas de la estabilidad de precios está dando muestras de desgaste. A medida que se desvanece el recuerdo de los costes y la persistencia de la inflación, podría arreciar la tentación de reducir las enormes cargas de deuda con una combinación de inflación, represión financiera y autarquía.

Queda mucho trabajo por hacer. (…) La tentación de utilizar atajos es sencillamente demasiado fuerte, aun cuando al final no conduzcan a ninguna parte. El camino por recorrer podría ser largo. Razón de más, pues, para emprender cuanto antes el viaje.

Son necesarias, pues, medidas que tienen más que ver con retirar obstáculos al crecimiento que con estimular la demanda, como desregular sectores protegidos, aumentar la flexibilidad del mercado laboral, elevar los porcentajes de población activa y recortar los excesos del sector público.

Señala también el BIS que los mercados financieros han reaccionado ostensiblemente a los estímulos monetarios, gracias a unos tipos de interés ultrabajos que han fomentado la búsqueda de rentabilidad hasta debajo de las piedras por parte de los inversores, que han experimentado un repentino incremento de su apetito por el riesgo. Aunque más bien podría decirse que las políticas acomodaticias han anulado los sentidos del gusto y el olfato a los inversores, que ahora se tragan cualquier cosa a cualquier precio. De algún modo, la institución dirigida por Caruana viene a advertirnos de los riesgos de la burbuja de activos que se está gestando, antes incluso de que la economía global se haya recuperado por completo de los anteriores excesos.

Riesgos que, sin duda, no le son desconocidos a los lectores de este blog (ver, por ejemplo, "QE-n: la madre de todas las burbujas", 25/09/2013) y sobre los que ayer mismo alertaba Marc Garrigasait en El Confidencial ("Bonos basura inundando el mercado y los burrito bonds", 02/07/2014). Lo que es novedoso es que sea una institución nuclear del sistema monetario y financiero mundial quien nos advierta de los riesgos que estamos tomando las economías modernas con las políticas ultraacomodaticias de tipos de interés cercanos a cero, que necesariamente conllevan una malinversión masiva de los recursos disponibles y la desconexión entre el mundo financiero y el real, como ilustra el contraste entre la euforia bursátil y bonista y la debilidad de la inversión.

Con respecto a las bajas tasas de crecimiento que caracterizan en esta época a las economías más avanzadas, aclara el BIS que están asociadas a la crisis de balance que típicamente coincide con el pinchazo tras un periodo de boom. Es precisamente ese periodo de auge artificial el que lleva en su seno la semilla de su destrucción. Las malas inversiones a las que da lugar, las distorsiones en la estructura productiva, una asignación de recursos disfuncional y la acumulación de deuda van corrompiendo el balance de las entidades financieras y, eventualmente, dan lugar a una crisis como la que estamos experimentando desde hace ya demasiados años. ¿Y con qué están los bancos centrales tratando de curar la enfermedad? Con el mismo veneno que la generó: deuda.

De algún modo, la corriente mayoritaria de economistas piensa que con el sistema monetario actual hemos inventado la máquina del movimiento perpetuo y, lo que es más grave, ha convencido a los inversores de que dicho ingenio puede existir fuera de los modelos matemáticos. Pero tal cosa sabemos que no existe y que tarde o temprano se parará con graves consecuencias para la economía. Dándose cuenta de este riesgo, el BIS nos advierte del riesgo de que su actuación a la hora de retirar los estímulos sea demasiado lenta y llegue demasiado tarde, algo que puede tener desastrosas consecuencias para la incipiente recuperación que estamos experimentando.

Gráficos: BIS.

Monetae Mutatione

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