Bancos contra Fintechs

La aparición y evolución del "ecosistema Fintech" coincidiendo con los efectos devastadores que la última crisis causó en el sistema bancario ha contribuido a deteriorar su situación

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Es cierto que la interacción entre bancos y fintechs durante los últimos años admite diversas consideraciones y puede haber dado lugar a diferentes esquemas de relación desde fructíferos acuerdos de colaboración hasta la competencia directa por ganar clientes y cuota de mercado.

Sin embargo, es también evidente que la aparición y evolución del "ecosistema Fintech" coincidiendo con los efectos devastadores que la última crisis financiera global causó en el sistema bancario ha contribuido a deteriorar su situación aún más.

Por lo que respecta al universo Fintech, en realidad nos referimos a un conjunto heterogéneo de compañías con un denominador común: son proveedores de servicios financieros basados en nuevas tecnologías, lo cual engloba verdaderos gigantes como PayPal y unos cuantos "unicornios" (i.e. con valoraciones equivalentes > US$1,000M: Adien, SoFi, Qudian…) con estructura multinacional y un gran número de clientes en todo el mundo, aunque algunas operan a nivel regional, hasta relativamente pequeñas 'start-ups' muchas de las cuales no han llegado ni a su adolescencia como negocios.

Es un tanto inútil hacer una cuantificación del volumen de la industria Fintech (es realmente una industria ya en sí misma) porque, aunque abundan las cifras, muchas de ellas muy sesgadas, sí podemos afirmar que estamos hablando de un crecimiento exponencial en los últimos años, sobre todo desde 2014, así como de miles de millones, ya sea en términos de las cantidades invertidas como en el volumen de transacciones que mueven. En este sentido, encontramos fintechs en prácticamente todas las áreas, productos y servicios tradicionalmente cubiertos por la banca comercial: desde negocio transaccional, cobros, medios de pago y operaciones en divisas hasta esquemas de financiación, especialmente en soluciones de 'working' capital e instrumentos de liquidez.

Tampoco vale la pena citar nombres específicos en cuanto a los bancos, ya que podemos constatar que no hay ni una sola entidad relevante en el mundo, por supuesto, incluyendo a los principales bancos españoles, que no haya incluido en su estrategia tecnológica ya sea adquisiciones o acuerdos de colaboración con algunas de estas compañías, respondiendo al dicho: "si no puedes vencerlas… únete a ellas… ¡o cómpralas!".

Por tanto, este es el concepto y aunque, según apreciamos, estamos hablando de una amplia casuística, si podemos concluir que, en general, las compañías fintech han contribuido, es cierto que junto a otros factores determinantes (i.e. tipos de interés negativos, regulación bancaria restrictiva…), al deterioro de la situación en que los bancos se encuentran en la actualidad particularmente en Europa. En este sentido, la combinación de las consecuencias derivadas de la última crisis financiera global (aunque quizás deberíamos decir ahora la penúltima) y los cambios tecnológicos han provocado en los últimos años una modificación sustancial del modelo de negocio de las entidades bancarias impactando en su rentabilidad y por ende en sus valoraciones (como es sabido la mayoría de los bancos europeos cotizan por debajo de su valor en libros).

La situación de los clientes con los créditos ICO ha supuesto un cierto cambio de circunstancias

A pesar de todo, como digo, bancos y fintechs han colaborado en distintas estructuras en los últimos tiempos típicamente proveyendo los primeros el fondeo y los segundos, la solución tecnológica, mientras que en otras ocasiones compiten frente a frente, podría decirse con distintas armas. En este sentido, es notorio el ingente importe de las inversiones en la industria Fintech por parte de las compañías de capital riesgo (US$110B circa solo entre 2018 y 2019 de acuerdo con Statista). Mientras que, por otra parte, el sector bancario se viene quejando amargamente de que compiten con distintas reglas de juego sobre todo en relación con la regulación que aplica a unos, pero no a otros.

Llegados a este punto y a raíz del nuevo escenario causado por la crisis del covid-19, estamos observando que, por un lado, muchas fintechs se están viendo afectadas en su capacidad de fondeo (de hecho, según Payment Cards and Mobile se han producido desembolsos netos de US$71B del sector Fintech en los últimos meses) y, por otro, la especial situación de los clientes frente a sus bancos junto con el acceso a financiación subvencionada proporcionada por los gobiernos (como en España con las líneas ICO) ha supuesto un cierto cambio de circunstancias.

Nuevas soluciones tecnológicas, como por ejemplo Blockchain, están emprendiendo nuevos caminos en operaciones financieras más sofisticadas

Es difícil prever qué sucederá en el futuro, puesto que una vez más estamos actualmente operando en un contexto extraordinario de consecuencias inciertas, aunque sí podemos afirmar sin miedo a equivocarnos que, como desgraciadamente va a suceder con otras muchas compañías en los sectores más afectados por la crisis, algunas de estas fintechs más vulnerables no sobrevivirán por problemas de liquidez.

Dicho esto, otras compañías fintech con negocios consolidados continuarán creciendo y aportando valor. De hecho, nuevas soluciones tecnológicas, como por ejemplo Blockchain, están emprendiendo nuevos caminos en operaciones financieras más sofisticadas en mercados de capitales (i.e. emisiones de bonos, operaciones de M&A…) tradicionalmente reservadas a la banca de inversión, por lo que no es descartable que en un futuro próximo algunas de estas transacciones puedan instrumentarse de forma muy diferente a como las conocemos hoy, por ejemplo, en procesos de 'due diligence', 'road-shows' o incluso en la propia documentación contractual.

Como clientes entendemos que la competencia (en buena lid) es beneficiosa, así como la eficiencia y ventajas que aportan las nuevas tecnologías, pero también requerimos que todos los proveedores de servicios financieros tengan la suficiente solidez que asegure una relación comercial sostenible en el tiempo. No creo que sea mucho pedir.

*Luis Montesinos, Senior Advisor PwC / Profesor Asociado de Finanzas en IE Business School.

Tribuna
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